Entrevista con Rodrigo Londoño

“No siento nostalgia por dejar las armas”: “Timochenko”

El máximo jefe de las Farc señaló que la dejación de armas demostró que su bandera es la del cumplimiento. También reveló que en los próximos días se deberán definir los lugares exactos y la forma artística que tomarán los fusiles.

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En la zona veredal de Mesetas, Meta, el máximo comandante de las Farc, Timoleón Jiménez, hizo un balance del acto de dejación de armas.
Gustavo Torrijos

Al siguiente día del acto de dejación final de armas, el máximo jefe de las Farc, Rodrigo Londoño, más conocido como Timochenko, lideraba un balance del evento con los integrantes del Secretariado. La vereda Bellavista, donde está la zona veredal de Mesetas, apenas reaccionaba a lo que el día anterior había ocurrido. Caravanas de carros, helicópteros, un incontable número de militares y guardaespaldas, o la visita de no menos de 50 periodistas, agravaron el barrial en la que habitan casi 100 habitantes y los más de 500 guerrilleros. Desde que Timochenko puso un pie en tierra para bajarse de la aeronave lo siguieron las cámaras y personas que querían entrevistarlo, tomarse una foto o contarle un asunto personal. En la calurosa carpa en la que nos concedió la entrevista -que le habíamos solicitado hace meses- había una cama, un mesa que servía de escritorio y el cuadro que le regaló un guerrillero. Con la serenidad que lo caracteriza respondió las preguntas, haciendo énfasis en un mensaje de reconciliación. (Le puede interesar: "Buenavista, la vereda donde las Farc dejaron las armas")

¿Cómo se siente hoy que ya no es el comandante de un ejército sino el director de un partido?

Sinceramente siento un descanso muy grande, por un lado. Luego de la ceremonia hicimos un balance en el Secretariado de lo intensa que fue su preparación. Fue muy duro. De muchos debates, porque aquí no es que se hace lo que manda el jefe, sino que se toman decisiones colectivas. Y había mucha preocupación porque era, realmente, poner punto final a nuestro compromiso de dejación de armas, en momentos en que hay una serie de compromisos por parte del Estado que no se han cumplido. Pero al final todos entendimos que era necesario porque nuestra bandera es la del cumplimiento. Es la autoridad moral que nos permite exigirle a la contraparte lo mismo.

En ese sentido, siento un descanso de haber culminado esta etapa y empezamos a prepararnos para lo que viene. Eso trae nuevas preocupaciones. El cambio es brusco, pero a la vez es un descanso. Siempre hemos sido un movimiento político, sólo que antes era alzado en armas. Las dejamos para incrustarnos en la legalidad. Y esa sí es la preocupación. Tenemos que entender esta nueva condición, conocerla, manejarla, actuar dentro de ella e identificar sus trampas, porque sabemos que los enemigos de la paz van a buscar que caigamos en ellas. De modo que empieza un proceso de formación de nuestra militancia para que su actuar se enmarque en esa legalidad. Vamos a jugar con las reglas que tiene la sociedad colombiana, el Estado. Vamos a jugárnosla con una premisa: tenemos unas banderas de lucha que son justas y legítimas. Creo que en la medida en que la gente las vaya conociendo nos va a acompañar para sacar adelante este proceso. (Vea: Dejación de las armas: el tiempo de la palabra)

¿Ya tiene su certificado de dejación?

En este enredo de los viajes no lo he podido sacar, pero ya estoy en eso.

¿Y ha tenido tiempo de reflexionar sobre el significado profundo que encierra la dejación de armas para un guerrillero?

No. Para mí, como revolucionario, el arma es simplemente un instrumento que me acompañó durante muchos años. En las Farc no somos unos enamorados de las armas. Amamos nuestras ideas y nuestra causa, y si podemos seguir nuestras ideas sin ellas, mucho mejor. No siento nostalgia por dejar las armas. Eso sí, hemos recogido las experiencias de más de medio siglo para verterla en función de echar para adelante nuestro proyecto. En la guerrilla uno aprende a querer las cosas, que son limitadas, pero también a enfrentar con serenidad cuando las pierde. Cada rato, en asaltos y bombardeos, perdíamos armas, compañeros… en la guerra muchas veces uno perdía el arma para salvar la vida, y sabía que luego conseguiría otra. Ahora ya no pensamos en conseguir otra. Pero no nos arrepentimos de nuestra historia, nos ha dejado experiencias que tendremos que tener en cuenta para lo que nos espera.

¿Por qué la negativa a aceptar llamar a esto entrega de armas o a permitir un registro fotográfico del momento en que los guerrilleros dejaban su fusil?

Es un tema de dignidad. Este acuerdo es producto de una negociación entre dos partes, que llegamos a la mesa reconociendo al otro como igual. Pactamos abandonar el uso de las armas en la política. Ambos. Eso no se debe olvidar. Y en ese momento dijimos que este proceso no se trataba de la entrega de armas. No es una fuerza armada entregándose, sino un movimiento que toma la decisión política de dejar las armas a un lado. Y pactamos un mecanismo serio para desarrollar este proceso. La práctica demostró que acertamos al escoger a Naciones Unidas como ente para depositar nuestra armas. Armas que además se van a convertir en monumentos de la paz que nos recordará el legado que recibimos de nuestros fundadores. (Lea: "Los discursos de la paz")

¿Cómo va su estado de salud?

(Risas). Con la maquinaria un poco desgastada se reciente a veces en estos agites, pero vamos bien.

Pero dicen que usted no podría vivir en Bogotá, ¿Dónde piensa radicarse?

Voy a donde tengo que ir. Si por mi fuera me iría a mi tierrita (Caldas), buscaría un rinconcito tranquilo a ver crecer el café. Bogotá no es de mi agrado, pero si las tareas obligan allá voy a estar.

Durante mucho tiempo usted estuvo alejado de las cámaras y ahora tiene una agitada vida pública, ¿cómo ha vivido el cambio?

Como he vivido mi vida guerrillera, cuando hacía tareas que no me gustaban. Tengo que reconocer que ser el centro de atención a mí me da es pena. Más sabiendo que represento un esfuerzo colectivo, que todo lo que hemos logrado es el fruto del sacrificio, el esfuerzo, el sudor y la sangre de mucha gente. Pero también reconozco que siento satisfacción al recibir el cariño de la gente cuando le piden a uno una foto o un autógrafo. Y obvio, hay veces es tanto que me ha tocado aprender a manejar eso.

¿Qué sintió en el momento en que estaba sobre la tarima?

Sólo trato de interpretar el sentimiento de la guerrillerada. Esa es mi satisfacción. Como persona no deja uno de pensar lo que está viviendo. Por ejemplo, cuando los músicos llaneros cantaban la canción sobre Guadalupe Salcedo. Hay una carga histórica muy pesada sobre nosotros. Mataron a Rafael Uribe Uribe, a Guadalupe Salcedo, a Carlos Pizarro, etc. Eso pesa, y queremos aprender las elecciones para que no vuelva a ocurrir. Eso no nos puede volver a suceder en Colombia.

¿En qué le gustaría que se convirtieran esas armas?

Tengo poco espíritu artístico. Eso lo dejó en manos de otros. Pero eso aún está por definirse. Estamos buscando cuál puede ser la mejor manera de darle el significado que tiene la dejación de las armas. Ya sabemos que serán tres monumentos: uno en Naciones Unidas, otro en Cuba y otro en Colombia. El lugar exacto se definirá en los próximos días.

Usted dijo que tiene algunas preocupaciones luego de la dejación, ¿como cuáles?

Mis miedos, mis temores y mis preocupaciones son los de toda la guerrillerada, y el más grande es que no se cumpla. En mi discurso señalé las líneas gruesas de lo que no se ha cumplido, y que es necesario cumplir para garantizar el éxito de este proceso. De nuestra parte hemos cumplido y lo seguiremos haciendo. Porque estamos convencidos de sacar esto adelante. Es cierto que hay retrasos, trabas, pero también hay mucha gente ayudándonos para superar los retrasos. Esto no quiere decir que no tengamos en cuentas las realidades ineludibles. No desconocemos que empezamos una campaña electoral. Pero espero que los políticos en Colombia estén a la altura del compromiso de la paz. Que no conviertan la paz en una bandera para hacer politiquería, en busca de frustrar el éxito del proceso. Espero que los políticos, tengan la ideología que tengan, partan de que para todos es importante que este proceso salga adelante. Aquí está en juego el futuro de Colombia.

¿Cree que el Estado estaba preparado para hacer la paz?

No, a veces pienso que nunca creyeron en que nos la íbamos a jugar por la paz. Las condiciones se han dado, las hemos ayudado a crear, y hasta las hemos generado. Pero no si se siente que no había una estrategia clara. En muchos campos se ha improvisado. Cosas sencillas, como construir unas zonas para que la gente tenga una estadía digna. Desde que se firmó el acuerdo se debió empezar con eso, y no, se dejó para último momento. Entonces, claro, aparecen las trabas, la corrupción. Mire lo que pasa aquí en Mesetas. No hay una casa. Una locación donde la gente se pueda reunir. Nada ha avanzado desde enero cuando se firmó la que llaman el Acta del Yarí.

Precisamente esas críticas que le oímos en el discurso de la ceremonia de dejación de armas sorprendieron hasta al presidente Santos, que llevó un discurso más positivo…

Tenía que ser honesto con nosotros mismos. Si usted revisa lo que dijimos el 7 de junio, cuando entregamos el primer porcentaje de armas, se dará cuenta de que en ese momento saludé el gesto del presidente por el cumplimiento de lo acordado en materia de decretos. En este momento no podía ser igual, porque nosotros hemos cumplido esta etapa, nuestro compromiso, y de la otra parte las cosas no avanzan de la misma manera. Y ojo, que no digo que no se hayan cumplido. Se han cumplido cosas, pero claro que tenemos miedo de que todo lo que hemos venido construyendo con tanto se derrumbe porque no se cumplan ciertos temas. Es que, como siempre he dicho, este proceso no puede dejar sembradas las semillas de un nuevo conflicto en Colombia. Como le expliqué a la canciller: el contenido de mis palabras fueron el sentimiento de la guerrillerada. Y me parece que el discurso del presidente estuvo a la altura del momento, porque reiteró su compromiso de cumplir hasta la última coma. Eso nos llena de optimismo. Uno sabe que él es la cabeza del Estado, pero aquí la dificultad que ha tenido es poner andar a todo el Estado en función del objetivo de la paz.

¿A qué se refiere?

Fíjese en los esfuerzos que hemos hecho los guerrilleros para mantenernos firmes en nuestro compromiso. Imagínese lo que ha significado que nuestra militancia entienda que tenemos que cumplir a pesar de que no se nos cumple con cosas tan elementales como la construcción de unos espacios. Les hemos dicho que hay cosas más importantes que tienen que ser cumplidas. El Gobierno debería entender que la gente vive en el día día, que se moja cuando llueve, que no tiene un lugar apropiado para dormir, que faltan abastecimientos, que las vías de comunicación no se arreglan por desidia. Los guerrilleros sienten todo eso y nos preguntan a los mandos.

Usted dijo en el discurso que ahora serían militantes de la “Esperanza del Pueblo”, ¿ese es el nombre del partido en que se convertirán?

(Risas). No, esa decisión se tomará en el congreso del partido, que se realizará en la segunda mitad de agosto. Allá llevaré mis ideas. Pero lo que le dije a la guerrillerada es: ese día dejamos de ser un ejército, y nos convertimos en un partido. Y mire que lo que he sentido con la gente que he tenido posibilidad de relacionarme, en Meta, en Norte de Santander, trabajadores, estudiantes, intelectuales. Todos nos dicen que somos la esperanza de un cambio. Y por eso me surgió ese juego de palabras.

¿Como partido político le van a apostar a conseguir poderes locales, departamentales, Congreso o Presidencia?

Entramos a la vida política del país con una propuesta amplia. Esa es la que vamos a llevar a nuestro congreso, que lanzará las banderas, la plataforma que vamos a llevar de ahí para adelante. Allí se pactará la estrategia electoral. Y obvio que aspiramos a llegar a todas las instancias que son elegibles popularmente. Frente a la campaña presidencial de 2018, hace rato dijimos que se debe buscar un gobierno de transición. Una propuesta amplia que hemos ido trabajando con mucha gente, hay unos que han entendido y otros que se resisten. A esos les decimos aquí se trata de lo que le sirve a Colombia, los intereses de todo un país están en juego, y nosotros no podemos lanzar a un candidato presidencial en aras de disputar el poder en momentos en que aún tenemos que trabajar contra muchísimas resistencias que tenemos. Un conflicto de tantos años no nos ha permitido reconocer puntos en común. Hay gente que cree que todavía estamos negociando en Cuba. Por eso creemos que necesitamos un presidente que garantice el cumplimiento de lo que acordamos.

Simón Trinidad era el designado por ustedes como el coordinador del desarme… han pedido su retorno a Colombia desde el primer día del proceso, pero no ha pasado nada con él. ¿Tiene esperanza de que algún día lo vuelva a ver?

Siempre lo hemos pedido, y trabajamos duro para buscar su regreso. Él lo sabe, y desde allá nos está acompañando y apoyando. No lo hemos olvidado y seguiremos haciendo todo lo que podamos para que Simón regrese.