Mujeres, un acierto de participación en el posconflicto

Entre 1990 y 2017, a nivel mundial, solo el 8% de los negociadores de paz fueron mujeres, el 2% fueron mediadoras y el 5% fueron signatarias, según cifras del Banco Interamericano de Desarrollo. Un tema para cambiar si se busca implementar el acuerdo de paz de Colombia efectivamente. 

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Nigeria Rentería, exnegociadora del Gobierno en los Acuerdos de Paz de La Habana; Belkis Izquierdo, Magistrada de la JEP; Claudia Palacios, periodista y Margarita Muñoz, representante de ONU mujeres y Daniel de Torres, Director de la División de Género y Seguridad, Centro para el Control Democrático de la Fuerzas Armadas (DCAF). / Cortesía BID.

Cuando las mujeres participan en los acuerdos de paz hay mayor probabilidad de que estos pactos se sostengan al menos 15 años, y hay un 64 por ciento menos de posibilidades de que los tratados fallen. Pese a esto, las mujeres han estado mayoritariamente ausentes de estos espacios de decisión.   Entre 1990 y 2017, a nivel mundial, solo el 8% de los negociadores de paz fueron mujeres, el 2% fueron mediadoras y el 5% fueron signatarias.

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Las cifras del Council on Foreign Relations las dio esta semana en Bogotá un hombre que sabe de datos y sabe de inclusión de género. Andrew Morrison, jefe de División de Género, Inclusión y Diversidad del Banco Interamericano y Desarrollo abrió el panel Liderazgo y participación de la mujer en el posconflicto, que se realizó esta semana en Hotel Ópera, al centro de la ciudad. Uno de los conversatorios de la Semana de la Seguridad Ciudadana, que en su novena versión se realiza en Colombia, entre Bogotá y Medellín, y es quizás el evento regional más grande dedicado a temas de seguridad y justicia en América Latina y el Caribe.

Morrison estaba ahí, junto al vicepresidente Óscar Naranjo, para escuchar la conversación de tres mujeres colombianas que representan nuestra diversidad y tenían mucho que aportar sobre la importancia de la participación de la mujer en el posconflicto. Una de ellas era la indígena arhuaca Belkis Izquierdo, la primera indígena en llegar a ser magistrada auxiliar del Consejo Superior de la Judicatura, y hoy una de las cuatro representantes de los pueblos originarios que ostentan el cargo de magistrado titular en la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP).

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“Somos semilla, llevamos la palabra también para hacer grandes diálogos, la mujer étnica tiene grandes aportes en este posacuerdo. La institucionalidad como la JEP debe llegar donde los derechos sociales no están concebidos y materializados y eso es también a los territorios indígenas, que son el 30% de este país”, dijo Izquierdo y explicó que el gran reto que tiene como mujer indígena es hilar el enfoque étnico y de género con la justicia especial. Y que empieza por poner a conversar la justicia indígena y su modelo restaurativo, sin prejuicios y desinformación.

“Ninguna cultura es una panacea pero hay mucho desconocimiento sobre la justicia indígena. Se ridiculiza.  De los 102 pueblos hay unos muy fortalecidos y también hay sistemas muy débiles donde se pueden presentar violaciones o fallas. El gran reto es cómo coordinamos y cooperamos y que no exista impunidad entre un sistema y otro”.

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Para Margarita Muñoz, representante de Onu Mujeres, el reto de la participación de la mujer en el posconflicto es la representación. Reconoce, en ese sentido, que el proceso de paz de La Habana entre el Gobierno y las Farc tuvo mayores avances con relación a otros procesos en el tema de equidad de género. En Colombia, luego del reclamo de varias organizaciones feministas, el 33% de los negociadores de paz en La Habana (Cuba) fueron mujeres, el 3%, mediadoras y el 2% signatarias. “Queremos ser pactantes y no pactadas. Queremos estar en la implementación del posacuerdo”, señaló Margarita como el reclamo de los movimientos de mujeres. Una petición que hoy, según ONU mujeres, se identifica en al menos 100 medidas afirmativas de género incluidas en el acuerdo. El gran desafío es su implementación que sigue muy cruda.

 “La mesa fue el reflejo de lo que es la sociedad colombiana, en las empresas, en las organizaciones, etc. Casi siempre el trabajo de las mujeres está invisibilizado, el varón hablando y las técnicas detrás dando los insumos. Ocurre en los altos niveles y en las juntas de acción comunal. Los comités, compuestos principalmente por mujeres, están haciendo el trabajo de hormigas. Nuestra apuesta es por la paridad, deberíamos estar participando en ese mismo nivel.”, afirmó Muñoz y recordó que las mujeres son un poco más de la mitad de personas en Colombia.

En eso concordó Nigeria Rentería, exalta consejera para la Mujer y exnegociadora del Gobierno en los Acuerdos de Paz de La Habana. Esta negra nacida en Chocó, como se reconoce con orgullo, esbozó su vida y las dificultades que ha tenido para abrirse un camino profesional y político. Su primer trabajo fue como técnica judicial en la Fiscalía. Recuerda que cuando había vacantes, siempre la encargaban mientras nombraban a quienes tenían palancas políticas. “Por eso renuncié. Todos me dijeron que estaba medio loca. Pero yo sabía que podía llegar lejos si me lo proponía”, comentó. Sus apuestas y riesgos la llevaron a administrar justicia en Chocó, en circunstancias adversas. Llegó a ser jueza de Bojayá poco antes de que se perpetrara la masacre de las Farc y desde entonces demostró su talante y capacidad. Renunció a ser plenipotenciaria en la mesa de La Habana porque tenía el sueño de ser la gobernadora del Chocó, pero de nuevo se encontró con obstáculos.

“No tuve un aval de un partido porque era la primera vez que una mujer se atrevía a ser la gobernadora. Me decían ‘vaya a cuidar a su marido’, ‘usted está buena es para tener hijos’. Así que seguí mi camino sola. Saqué más de 40.000 firmas y me inscribí el último día, pero no llegué. Incluso muchas organizaciones de mujeres no creyeron en mí. Me dijeron que este no era mi momento. A esas realidades también me tuve que enfrentar”, contó Rentería y confesó que no se va a dar por vencida, aunque aún no tiene un partido político que la apoye.

Esta conversación, moderada por la periodista Claudia Palacios, no fue un diálogo sordo entre mujeres. De hecho, Daniel de Torres, director de la División de Género y Seguridad, Centro para el Control Democrático de las Fuerzas Armadas (DCAF) estuvo presente para decir con acierto que la igualdad de género es un tema que deben llevar también los hombres a todos los escenarios de desición. Dijo que él ha encontrado una enorme resistencia en las instituciones al cambio y  “que son territorio enemigo para las mujeres”. “Cuando más capaz es la mujer, más se suben los obstáculos”, aseguró.

Se estima que una de cada tres mujeres ha sufrido algún tipo de violencia en Colombia de su pareja o expareja, sin contar las más de 15.000 que han sido víctimas de violencia sexual por el conflicto armado. Este panel, que se inscribe dentro de los 16 días de activismo a favor de la eliminación de la violencia contra las mujeres, representa la importancia que tiene tomarse en serio la participación y representación femenina a la hora de aterrizar el posconflicto. Una transformación cultural que ha empezado, pero necesita tener mayor impulso.