Mujeres políticas que se cansaron de la guerra: entrevista a Ndye Sow

Los procesos de paz son una oportunidad fundamental para incluir las mujeres en la política y blindar sus derechos; por eso es tan importante su participación en los diálogos de paz.

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Ndye Sow/ Cortesía.

Ndeye Sow forma parte de la organización para la construcción de la paz ‘International Alert’ desde 1995. En los últimos 20 años ha trabajado en distintos procesos de paz y siempre se ha especializado en el desarrollo e implementación del enfoque de género. Su experiencia se focaliza en zonas de posconflicto de África Occidental, Central y Oriental, así como en los campos de desarrollo, implementación y administración de programas con enfoque de género.

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¿Cuál es el rol de la mujer en la construcción de la paz?

Creo que la importancia de las mujeres es central, al igual que el del hombre, los jóvenes… del conjunto de la ciudadanía. Pero por lo que se refiere a las mujeres es importante por su rol de paz tanto a nivel comunitario como a nivel nacional. El problema es el reconocimiento del rol de la mujer. Además, si no se incluye a las mujeres en los acuerdos de paz -y estos acuerdos de paz van a formar parte de la Constitución- las mujeres no van a estar representadas en la ley fundamental del país.

¿Cómo debe hacerse esa inclusión?

Yo creo que se hace a partir de involucrarlas en el proceso de paz. Por mi experiencia sé que las mujeres hacen mucho trabajo en el posconflicto, sobre todo para mantener las comunidades juntas. Lo que falta es como poner dentro del acuerdo estas experiencias de base. Este es un trabajo titánico porque hay una desconexión entre el trabajo que se hace en las comunidades y a la política de alto nivel. Hay mucho que aprender de las comunidades porque en tiempos de conflicto o de crisis, las bases son muy resilientes porque están jugando directamente con su vida. En la política institucional solo encuentras hombres y combatientes; ¿esto quiere decir que el acuerdo es solo de ellos? Para mí este es el gran problema; que las experiencias de la gente que ha estado trabajando en la tierra y en las bases, que ha mantenido la sociedad cohesionada y donde las mujeres han tenido un papel muy destacable, no están representadas en los acuerdos. Por encima de todo, es una cuestión de derechos humanos; participar en los procesos de paz es su derecho.

Entonces, ¿qué hace falta cambiar en la sociedad para blindar las mujeres, sus voces y sus derechos?

Creo que hay que cambiar las mentalidades y esto empieza por la educación. La educación para la paz es muy importante, así como la educación de los derechos humanos y la de género. Es vital hacerlo en los países más patriarcales en los que un niño de cinco años dice con total naturalidad tener poder sobre las niñas. También se tiene que hacer un trabajo en la familia porque es en este ambiente donde empiezan las discriminaciones; la manera como se educan las niñas y los niños es diferente.

El azul para los niños y el rosa para las niñas…

Exacto, incluso los juguetes. Además, en contextos donde no hay suficiente dinero, se va a mandar al niño a la escuela. Y a ellas las van a casar a los 15 años con un chico que las mantenga, así que no necesita educación porque existe la dinámica de que los hombres van a cuidar de sus esposas. Y esto es un problema también para ellos porque, en base a esta manera de educarlos, se pone mucha presión sobre los chicos. Es muy importante educar la masculinidad.

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Las nuevas masculinidades…

Las maneras de ser hombre, exacto.

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¿Qué tan difícil es para una mujer asumir el liderazgo en un contexto de construcción de paz?

Es una cuestión importante. Por ejemplo, lo que está pasando en África -y en otras partes del mundo que están en conflicto-, donde tienes muchas mujeres en posiciones de poder político que han tenido un conflicto y ahora están en proceso de posconflicto. En Ruanda hay un 68% de mujeres en el parlamento, muchas más mujeres que hombres; también en Uganda, donde acabó la guerra en 1986 y un gran número de mujeres accedieron al parlamento. También en Eritrea. Los países africanos con más mujeres en el Parlamento han pasado por guerras. Algunos analistas de género y construcción de paz están viendo que los procesos de paz pueden abrir oportunidades para las mujeres. Pero es muy importante que las mujeres sean parte del proceso oficial de paz, de las negociaciones.

Cierto, como por ejemplo Victoria Sandino, excombatiente de las Farc, está ahora asumiendo el liderazgo en el contexto político y en el partido. ¿Qué pasa cuando es una mujer la que es excombatiente y quiere asumir un rol en la política?

Creo que es un reto; justo ahora estaba en una mesa de diálogo en la que se debatía sobre esto. Había dos hombres excombatientes de las Farc y explicaban que incluso para ellos era difícil participar en la política. Sabemos que las mujeres no tenemos el poder, y la participación política es una posición de poder.

¿Qué rol juegan los movimientos sociales en el empoderamiento de las mujeres?

Pienso que los movimientos sociales son importantes pero también tienen problemas, hay algunos en los que las mujeres no están incluidas. Algunos movimientos sociales están muy dominados por hombres. En África pasa esto, que las mujeres, incluso en movimientos sociales, tienen que luchar para que su voz sea escuchada.

¿Deben existir movimientos sociales no mixtos?

Creo que necesitamos ambos. Los movimientos sociales de mujeres tienen que ser fuertes porque mucha gente va a decir que las mujeres se marginan solas, y esto es mentira, porque cuando las mujeres están en una posición fuerte tienen que negociar. Y si no estás en una posición fuerte como mujer, los hombres no te van a escuchar. Por esto tienen que haber movimientos sociales poderosos de mujeres. Pienso que los grupos de solo mujeres son importantes porque nosotras tenemos características diferenciales que solo se pueden trabajar en movimientos no mixtos. A parte, es importante que las mujeres participemos de movimientos sociales globales y mixtos, pero esto tiene que pasar después que las mujeres crean un fuerte movimiento antes. Al final, es una cuestión de balance de poder.