Miriam Coronel, la negociadora de la paz en Filipinas

Hablamos con la primera mujer en el mundo que encabezó un equipo negociador para la firma de un acuerdo de paz. Lo hizo como representante del gobierno filipino en los diálogos con la guerrilla del Frente Moro Islámico. 

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Miriam Coronel fue la jefa negociadora del gobierno filipino en el proceso de paz con el Frente Moro Islámico.
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Miriam Coronel ha pasado a la historia por ser la única mujer que ha encabezado un equipo negociador en un proceso de paz. Fue la jefa del panel del gobierno del presidente Benigno Aquino que negoció y firmó la paz con la guerrilla del Frente Moro de Liberación Islámica, en 2014, tras un conflicto de casi 40 años. Junto con ella, otras dos mujeres hicieron parte de ese grupo de seis funcionarios que firmó los acuerdos que permitieron la creación de una región autónoma musulmana en el sur del país, conocida como Bangsamoro.

La presencia de tres mujeres en un equipo de seis ha convertido este proceso en único y ha llevado a que las cifras de participación de mujeres en las negociaciones de paz en el mundo hayan subido al 4 %, según estudios realizados por la Escuela de Paz de Barcelona.

El año pasado, Coronel ganó el Premio Hillary Clinton para el Avance de la Mujer en Paz y Seguridad. Hasta hace poco hizo parte de un equipo de gobierno que supervisaba la implementación de los acuerdos. Ahora sueña con seguir trabajando en la construcción de la paz en su país, porque lo considera un compromiso de vida. Coronel estuvo recientemente en Colombia, en la cumbre de expertos internacionales sobre Reintegración, Reconciliación y Construcción de Paz, realizada por la Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR). En esta conversación, la académica e investigadora de temas de solución pacífica de los conflictos cuenta sus experiencias en la negociación frente a un equipo compuesto por hombres islamistas.

-¿Cómo fue la experiencia de negociar con un grupo de sólo hombres islamistas?

Definitivamente hubo resistencia del lado de nuestros socios negociadores. Tuvieron que ajustarse a nuestro proceso, nunca habían tenido la experiencia de negociar con mujeres, tenían temores, inicialmente hubo críticos de la idea, pero el presidente creyó en mí y me nombró líder de la negociación. Hay que recordar que nuestro presidente es el hijo de quien fuera la primera presidenta de nuestro país, la señora Corazón Aquino. Ella fue una líder principal en contra de la dictadura del régimen de Ferdinand Marcos.

-¿Qué llevó al presidente Benigno Aquino a tener tres mujeres en la negociación y a usted como jefa del equipo?

Creyeron en mis capacidades, en mis competencias para hacerlo. He estado involucrada en procesos de paz en el pasado, he hecho investigación como académica y tengo una posición política e intelectual a favor de la resolución de conflictos armados. El presidente creyó que yo estaba en la mejor posición. Claro que estaba preocupado por cómo sería recibida por nuestros socios negociadores y tuve que superar varias pruebas difíciles. Después se desarrolló una relación de respeto y confianza entre los dos grupos negociadores.

-¿Qué fue lo más difícil de esa relación?

Primero que todo, no me miraban directamente, miraban a los hombres a mi alrededor. Yo tenía otra mujer a mi derecha y tampoco la miraban. En su cultura, el respeto es no mirar a las mujeres directamente. Tuve que forzarlos a que me miraran; eso tomó un tiempo. Incluso estrechar las manos es algo que no se hace con las mujeres; al final estábamos estrechándolas.

-Y en el campo político, ¿qué fue lo más complejo de esta negociación?

Estoy más o menos acostumbrada a trabajar con hombres y queríamos presentar cambios en la política de género dentro del acuerdo. Lo tuvimos que hacer de buena forma; no queríamos antagonizar con ellos. Al principio tuvimos discusiones serias sobre la participación de las mujeres en vida política, tuvimos que trabajar para generar confianza en ellos y que aceptaran estas disposiciones. Contamos con la participación de organizaciones de la sociedad civil que estaban promoviendo la agenda de las mujeres en la negociación, y la comunidad internacional, que apoya la participación de mujeres en la mesa de negociación, en diferentes niveles.

-¿Eso significa que las agendas de las mujeres quedaron en el acuerdo final?

Nos aseguramos de que nuestro acuerdo tuviera unas disposiciones importantes de género y garantizara los derechos de las mujeres, la participación política, algunos programas de desarrollo especial enfocados en necesidades de las mujeres, en su protección contra cualquier tipo de violencia.

-¿Cuánto tiempo duró la negociación?

Toda la negociación duró 17 años, pero durante la presidencia de Aquino, quien llegó al poder en 2010, se retomaron los diálogos y logramos el acuerdo integral en 2014. Ahora estamos en la fase de implementación. Se han presentado varios problemas. Primero empezamos el diálogo, luego hubo un rompimiento, luego continuamos. Oficialmente, ingresé al equipo en 2010. Esa fue la etapa en la cual se logró el acuerdo integral.

-En Colombia hay una gran incógnita frente a la implementación. ¿Cómo les va a ustedes?

Es difícil. Necesitamos nuevas leyes y tuvimos que enfrentar al Congreso, porque hay legisladores que tienen ideas o sentimientos distintos frente al acuerdo. Tuvimos que hacer muchos compromisos con ellos y con la sociedad. Tuvimos problemas de violencia con otros grupos que también estaban en esas áreas. Ha sido difícil que la gente confíe. Hemos progresado, hay dividendos que se sienten en el terreno, el alto el fuego ha sido protegido, los programas socioeconómicos se han venido entregando y las organizaciones de la sociedad civil participan con una paz relativa.

-¿Cómo han hecho para garantizar que los gobiernos sucesivos cumplan con los acuerdos?

En 1998, llegó un presidente que empezó una guerra contra los acuerdos y tuvimos que reiniciar las negociaciones. Acabamos de elegir un nuevo presidente hace dos semanas, él se comprometió a seguir con el proceso, tal vez traiga innovaciones, lo importante es que entienda el problema y quiera resolverlo.

 

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Un vistazo al conflicto filipino

Desde la época colonial, la población musulmana de Filipinas se ha sentido estigmatizada y ha denunciado que existen mayores privilegios para los cristianos, particularmente en cuanto a la tenencia de la tierra. Hechos de violencia contra los musulmanes generaron el surgimiento del Frente Moro de Liberación Nacional, en 1968, que en su lucha por la independencia logró en 1996 un acuerdo de paz que daba autonomía a algunas provincias musulmanas. Una facción disidente del Frente Moro de Liberación Nacional fue el Frente Moro Islámico, que continuó con la lucha armada después de los acuerdos de paz.

No obstante, desde 1997, la firma de un alto el fuego bilateral abriría el camino hacia una solución negociada entre el Frente Moro Islámico y el Gobierno, que se sellaría en 2014 con el acuerdo final de Bangsamoro, que es el nombre de una nueva entidad territorial autónoma para los musulmanes en el sur del país. El acuerdo contempla, entre otras cosas, el desarme total de los excombatientes del Frente Moro Islámico, en cuatro fases que deberían culminar este año. El acuerdo también implicó la creación de un sistema de justicia transicional que permite otorgar amnistías e indultos, en un conflicto donde no hay acusaciones de crímenes de lesa humanidad contra ningún actor armado. Como mecanismo de refrendación de este acuerdo, un estatuto de autonomía fue aprobado en el Congreso en 2014 y posteriormente fue sometido a refrendación popular por la población de Bangsamoro.