María Ofelia Navarrete y las lecciones de una combatiente salvadoreña

Combatió durante los 12 años de guerra en El Salvador, se desmovilizó y ayudó a crear el partido político que hoy ostenta el poder en su país. A sus 66 años es maestra en su pueblo natal. No quiere dar recetas ni consejos pero su testimonio está lleno de lecciones para Colombia.

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María Ofelia Navarrete desmovilizada de la guerrilla del FMLN del Salvador.
/Cristian Garavito

María Ofelia Navarrete habla con la sabiduría y tranquilidad de una maestra. Su lenguaje es sencillo, cercano al pueblo y lleva siempre un mensaje de reconciliación. Se niega a dar fórmulas o emitir juicios para solucionar los problemas de Colombia en la fase próxima de posacuerdo, a pesar de que ha venido cuatro veces al país. Dice que se siente afortunada de que la sigan invitando, como en esta oportunidad lo hizo la Agencia Colombiana para la Reintegración a la “Cumbre de expertos internacionales: Reintegración, reconciliación y construcción de paz”.

Tiene 66 años. Se incorporó a la guerrilla del FMLN cuando tenía 29 años y tres hijas. Se fue a la guerra con toda su familia y sobrevivió al conflicto tras 12 años de lucha. Se fue al monte porque sabía que la iban a matar por su militancia en un partido de oposición y 26 años después volvió a Arcatao, un municipio de Chalatenango, en el límite con Honduras.

Después de su desmovilización terminó el bachillerato y estudió para ser profesora de ciencias sociales y matemáticas, mientras ayudaba a construir el partido del FMLN y ocupaba cargos de dirección. Hoy enseña lengua y literatura y está próxima a cumplir 50 años al lado de su esposo, un hombre que la acompañó en la guerra y en la construcción de la paz.

¿Cómo fue el paso de combatiente a mujer que participa en política?

Tuve la suerte de ir a la escuela después de que me desmovilicé y pude participar en otras instancias. La clave es que nosotras vayamos a la escuela, que nos proyectemos. Las mujeres tienen limitaciones, a veces se casan, y como no está superado el machismo en nuestras sociedades, tienen que dedicarse a la casa, a los hijos. Las mujeres debemos avanzar en la escolaridad para empoderarnos. La ignorancia es debilidad.

¿Cómo fue esa transición, hubo apertura en su país?

Solo después de la firma de los acuerdos de paz se abrió espacio para trabajar en función de las mujeres. Fue a partir del gobierno del presidente Mauricio Funes, primero del FMLN que llega al poder, que se han ido creando políticas para las mujeres, no solo de las excombatientes. En su mandato se inició un programa integral que se llama Ciudad Mujer y que continúa con el actual gobierno. En la misma sede hay diferentes instituciones para atender sus necesidades. Hay banco, les ofrecen capacitaciones, está la fiscalía, un centro médico para atención a sus enfermedades. Hay seis sedes en todo el país y se van a construir otras dos.

¿Cómo fue su vinculación a la guerrilla?

Yo me fui a la montaña arrastrando a mis tres hijas; la menor tenía cuatro años, y también con mi esposo.

¿Por qué irse toda una familia a la guerra?

El concepto nuestro era que nosotros éramos pueblo y luchábamos por el pueblo. Teníamos la convicción de que todo lo bueno que consiguiéramos era bueno para todos. Era muy difícil eso de tener a mis hijas en el monte, pero había muchas mujeres en la misma condición. Yo tenía una hermana en Estados Unidos y me pedía que le mandara una de mis hijas, pero yo no podía hacer eso. En el monte estaban los hijos del pueblo y así debía ser. Yo dejaba mis niñas en el campamento y me iba a combatir. Mientras volvía tenía que venir el papá, aunque él estaba en el combate también.

¿Y cómo salió su familia de esa experiencia?

No llegamos completos. En el camino quedó mi hija mayor; cayó en una emboscada el 10 de marzo de 1987. Tenía 19 años y estaba incorporada, en filas. Fue un dolor muy grande. El único aliciente que tenía era unir mi dolor al de todas las madres que vivían lo mismo. El dolor individual era más pequeño que el colectivo.

¿Cómo fue su paso por un conflicto de 12 años?

Los primeros años fui combatiente, luego me sacaron y me metieron en las estructuras políticas. Después de la ofensiva de 1981, una gran cantidad de población civil se fue al frente con nosotros, se levantó y no pudo regresar a casa, así que tuvimos la responsabilidad de organizar la vida de esa población, que no necesariamente era combatiente, pero sí era objetivo militar del ejército. Con ellos tuve mi escuela más grande, aprendí mucho. En ese tiempo era la presidenta del Poder Popular, era como una alcaldesa mayor, pero en el monte. La autoridad civil en la guerra. Coordinaba los diferentes poderes populares de las zonas. Tenía que estar pendiente de las tropas, de que tuvieran comida, debía cuidar y movilizar heridos.

¿Cómo fue su regreso a la vida civil?

Después de los acuerdos de paz seguimos en trabajando en la construcción del partido político. Entre 1992 y 1997 coordiné el Partido en el departamento de Chalatenango, del 97 al 2000 fui diputada de la Asamblea Legislativa, del 2000 al 2003 estudié profesorado en ciencias sociales. Del 2003 al 2005 estuve en el ejército de desocupados. Ese año me fui a trabajar en la escuela de mi pueblo, hasta marzo del 2010. Estuve un año como vicegobernadora de Chalatenango y luego, durante tres años, fui viceministra de la gobernación.

¿Y a qué hora estudió?

Yo tenía noveno grado cuando ingresé a la guerra. Entre 1992 y 1994 nosotros gestionamos la nivelación de los excombatientes, entonces hice bachillerato mientras organizaba el partido. Como traía trayectoria del monte fue más fácil participar y estudiar.

¿Por qué el FMLN se demoró tanto en llegar al poder?

Nosotros llegamos al poder en 2009, 17 años después de firmar los acuerdos de paz, aunque ya teníamos alcaldías y algunos diputados. Hay un montón de factores en esa demora: En primer lugar, tuvimos un candidato (Mauricio Funes) que jalaba, era conocido nacionalmente, tenía un programa llamado La entrevista al día, un programa de crítica. Así que tener un buen candidato fue un punto a favor. También hacer una buena campaña, tener plata para pagarla. Nosotros éramos un partido de patirajaos, no teníamos dinero, lo fuimos consiguiendo y así es como ganamos tanto tiempo después.

Tuvieron problemas de liderazgo los primeros años…

Claro, es que en 1994 estábamos saliendo del monte y pusimos un señor de otro partido, de la Social Democracia, y con la radicalidad de nosotros en ese tiempo, pues un montón de gente no estuvo de acuerdo y los mismos compañeros de nosotros no votaron. El siguiente candidato produjo contradicciones internas, algunos de los nuestros le hicieron campaña en contra. El tercer candidato era un líder reconocido pero del Partido Comunista, y resulta que la sociedad salvadoreña tiene una tradición anticomunista muy arraigada, porque en 1932 hubo una matanza contra miles de comunistas y eso quedó en la mente de la gente. Pero en la cuarta oportunidad lanzamos a Funes y ganamos. Y esta vez ganamos también, el actual presidente (Salvador Sánchez Cerén) también es de nosotros.

¿Todas las excombatientes tuvieron las mismas oportunidades de hacer política?

Tenemos muchas compañeras que se han superado. Nos  falta mucho más, por supuesto… Pero vea, en Arena (el partido de derecha) las mujeres eran diputadas porque eran pudientes y habían estudiado. Aun así, desde el primer momento, en 1994, de los 14 diputados que sacamos, 9 fueron mujeres. En el 97 sacamos 21 diputados y 11 eran mujeres.

¿Qué problemas de su país quedaron pendientes después de la firma de los acuerdos de paz?

Varias cosas quedaron pendientes. Hubo unos acuerdos de reinserción para los excombatientes, pero debió ser más más amplio e incluir a los miles de pobres de la sociedad. La reconciliación está basada en la verdad, y ese tipo de acciones profundizan las diferencias. Faltó que se impusieran más obligaciones para los partidos políticos para que sean educadores políticos de la sociedad. Los partidos hacen campaña tres meses, polarizan a la gente, pero no educan.

¿Qué pasó con sus hijas?

Me quedaron dos, una es maestra de escuela y la otra es licenciada en salud, trabaja en la primera sede de Ciudad Mujer.

¿Y su esposo?

Él está vivo y en enero cumplimos 50 años de estar juntos.