Marco Calarcá, un diplomático guerrillero que llega al Congreso

Antiguo excombatiente de las Farc y casi que su representante diplomático en el exterior, Calarcá llega al Congreso de la República este 20 de julio como representante a la Cámara por el Valle del Cauca. Antes era conocido como Luis Alberto Albán y fue la cabeza del Mecanismo de Monitoreo y Verificación (MM&V) en representación de la antigua guerrilla.

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Marco Calarcá ingresó a las filas de la antigua guerrilla en 1977 y ahora será uno de los integrantes de la FARC en el Congreso. / Mauricio Alvarado - El Espectador.

Marco León Calarcá tuvo la tarea de coordinar con la ONU un camino que le permitiera a la guerrilla seguir con el proceso de paz después de los resultados del plebiscito, que dejó a sus integrantes con la zozobra. Como jefe del Mecanismo de Monitoreo y Verificación (MM&V) por parte de las Farc, en octubre de 2017, trabajó junto con las Naciones Unidas para establecer un preacuerdo que le diera confianza tanto al gobierno y a la guerrilla en ese momento de que la implementación seguiría adelante. Ese trabajo finalmente se materializó en la firma del Acuerdo Final en el Teatro Colón, el 24 de noviembre de 2016. 

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Fue una experiencia grata, asegura, pues por primera vez tuvo que aprender a trabajar en equipo con el Gobierno y la Fuerza Pública, sus antiguos enemigos. Encontró que al otro lado había sectores que a pesar del triunfo del ‘No’ querían seguir apostándole al proceso de paz y a la reincorporación de las Farc. 

En 2016 llegó al país desde Cuba para liderar el MM&V como vocero de la guerrilla. En La Habana estuvo desde 2012, en los encuentros exploratorios con el gobierno de Juan Manuel Santos y tiempo después hizo parte de la delegación de paz cuando comenzaron los diálogos formalmente. 

Después de dos años, tras la dejación de armas, Marco Calarcá llevará su nombre real, Luis Alberto Albán, en la placa que lo identificará como congresista. Es uno de los diez exguerrilleros que desde este 20 de julio de 2018 llega por el partido Farc al Congreso de la República. Es el representante a la Cámara por el Valle del Cauca, su lugar de nacimiento y donde vivió sus años de juventud.

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Nació en Cali en 1957. En agosto cumplirá 61 años, de los cuales 41 los vivió dentro de la guerrilla. Culminó su etapa escolar en el colegio Inem Jorge Isaacs de Cali. Por ese entonces vivió todo el furor estudiantil que llegó a Colombia tras las protestas de Mayo del 68 que paralizaron a Francia, la revolución de millones de estudiantes, sindicalistas y obreros que mostraban su insatisfacción con el poder y exigían su derecho a la educación, reformas laborales y la reivindicación de la liberación sexual, el feminismo y la ecología. 

Esa imagen de una sociedad que no se guardó el descontento hacia su gobierno en las calles caló en Calarcá. Desde los 12 años ingresó en la Juventud Comunista y se involucró en la lucha estudiantil. Llevó esa consigna hasta su ingreso a la Universidad Santiago de Cali, de la cual se graduó como licenciado en Ciencias Sociales. 

Pero fue poco lo que alcanzó a ejercer de su profesión. En 1977 empezó a militar en las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) y ayudó en la creación de una célula urbana en esta ciudad en la que permaneció hasta 1992. 

Pie de foto: Clarcá, durante su paso por los diálogos en La Habana (Cuba) en 2016. / EFE

Inicio de una carrera diplomática en la guerrilla 

Marco León Calarcá tuvo durante diez años la importante labor dentro de la guerrilla de establecer “relaciones diplomáticas” con México. Entre 1992 y 2002 tuvo una oficina en la Universidad Autónoma de México, desde donde gestionaba reuniones con partidos independientes de izquierda y derecha, y movimientos sociales de este país para contarles del plan revolucionario con el que nacieron las Farc y buscar recursos.

El objetivo, recuerda, también era “acabar con la propaganda sucia” que había contra la guerrilla, que mientras tanto en Colombia mantenía fuertes enfrentamientos con el Ejército y los paramilitares; cometía masacres, atentados y secuestros que dejaron una estela de muertos, dolores y lágrimas en todo el territorio.  

Aunque la trayectoria de Calarcá en la guerrilla a nivel internacional lo mantuvo alejado del desarrollo de la guerra en el país, tiene órdenes de captura por los delitos de homicidio, terrorismo, rebelión, secuestro, toma de rehenes, apoderamiento de aeronaves, violación e inmunidad diplomática y concierto para delinquir. También pertenece a la Lista Clinton, emitida por Estados Unidos por los vínculos de la guerrilla con el narcotráfico. 

El fin de su carrera como uno de los cancilleres de las Farc en México llegó en el 2002 cuando Álvaro Uribe le pidió al entonces presidente mexicano, Vicente Fox, cerrar la oficina autorizada de las Farc en este país. También vivió en Canadá, Bolivia y Costa Rica.

Actualmente comparte su vida con Olga Marín, quien también perteneció a la comisión internacional, y junto con Raúl Reyes, su antiguo compañero, cumplieron esa misión en Europa y varios países de Latinoamérica. Incluso, Marín y Reyes estuvieron en el único encuentro de las Farc con un delegado de Estados Unidos, Phil Chicola, en 1998 en Costa Rica, durante la guerra. 

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“Algo que ha sido paradójico y que ha llamado mucho mi atención es que la comunidad internacional tiene mucho más interés en la paz de Colombia, que el propio país”, reflexiona Calarcá al narrar su paso por México. 

De esos años en el extranjero, y después de su cercanía con funcionarios de distintos países de las Naciones Unidas, Calarcá sacó esa conclusión. En sus conversaciones notaba la preocupación de ojos internacionales que ven cómo en Colombia va cojeando la implementación del acuerdo de paz, mientras que el país se mantiene en la polarización desde el histórico plebiscito de 2017. 

“En el 2002, regreso a Colombia y entré al Bloque Caribe, que también se llamó Martín Caballero, con presencia en la Serranía del Perijá, que pasa por La Guajira, Santander y Cesar”, agrega. 

Allí fue el encargado de la escuela Efraín Guzmán, construida en medio de la selva con salones improvisados para la formación guerrillera en los aspectos ideológicos, políticos y militares de las Farc. Esa fue su forma de continuar con la educación, desde su perspectiva. 

A pesar de su aporte al crecimiento de las filas de las Farc, Calarcá también ha sido vocero de comités y mesas de diálogo con César Gaviria, durante los acercamientos entre gobierno y guerrilla en Tlaxcala (México), en los diálogos de paz con Andrés Pastrana y en la mesa de negociación con Juan Manuel Santos. 

Ahora expresa que sí es sincera la voluntad de las Farc de deponer sus armas y hacer la paz. Y que, a pesar de la tropezada implementación del acuerdo de paz, como cuando le tocó seguir de cerca las malas condiciones físicas de las zonas veredales, se mantiene en la disposición constante de motivar a sus compañeros de seguir adelante con la paz. 

Dice que su propósito en el Congreso, a pesar de la lluvia de críticas y los opositores, es ser un representante “proactivo, efectivo para avanzar en los proyectos que van a beneficiar a la mayoría de los colombianos”. 

Por lo pronto, algunos de sus proyectos serán conformar la Bancada por la Paz y la Vida, junto con otros partidos de izquierda con curules en el Capitolio, no solo para presionar la implementación de los acuerdos de paz, sino para también ser los veedores de la lucha contra la corrupción y la no explotación de los recursos naturales. Para su región, explica, planteará soluciones a temas como el fin del conflicto en el Chocó, Valle, Cauca y Nariño y trabajará en una reforma integral educativa. 

Por último, asegura que los debates con quienes no lo quieren ver ni a él ni a los nueve excombatientes que lo acompañarán en el Capitolio estarán basados en los argumentos, no en las groserías ni enfrentamientos. "Nuestras armas ahora serán las palabras”, sentencia.