Líderes sociales deben tener máximo nivel de protección: Eamon Gilmore

El enviado de la Unión Europea para el proceso de paz anunció el desembolso de 2,3 millones de euros para la protección de defensores de derechos humanos. Entrevista sobre los puntos claves de la implementación. 

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Eamon Gilmore, enviado especial de la Unión Europea para el proceso de paz, inauguró el evento “La inclusión y la educación, pilares de la paz”, de Colombia 2020. / Fotos: Cristian Garavito

En los cinco primeros meses de este año han sido asesinados 32 defensores de derechos humanos y líderes sociales. Estos crímenes han prendido las alarmas en la comunidad internacional y han puesto sobre la mesa un enorme desafío para el Estado: proteger no solo a estas personas, sino a los guerrilleros en tránsito hacia la dejación de las armas y a sus familias.

El Estado no ha encontrado la fórmula para detener ni para investigar estos asesinatos. Sus urgencias están, en medio de un polarizado panorama electoral, en terminar el cronograma de dejación de armas de las Farc y en implementar otros aspectos del Acuerdo Final. Mientras algunos sectores políticos aseguran que quieren “hacer trizas el Acuerdo de Paz”, otros reclaman una implementación completa y rápida. Señalan la tardanza en la construcción de las zonas veredales como una muestra de la incapacidad del Gobierno para cumplir con lo acordado.

Eamon Gilmore conoce a fondo los tropiezos que puede tener un proceso de paz. La Unión Europea lo nombró enviado especial para el proceso de paz en Colombia luego de 30 años de vida política en Irlanda. Estuvo involucrado directamente en el proceso de paz con el Ejército Republicano Irlandés( IRA, por sus siglas en inglés).

Esta vez llegó a Colombia para desembolsar más de 2,3 millones de euros para financiar dos proyectos de protección a defensores de derechos humanos. Estas iniciativas se suman a la creación de una nueva unidad de la Fiscalía especializada en esclarecer crímenes contra líderes sociales.

Colombia 2020 habló con el diplomático durante el encuentro “La inclusión y la educación, pilares para la paz”. El evento fue el cierre del primer año de la campaña pedagógica y periodística de El Espectador para el posconflicto.

¿Cuál es el balance del proceso de paz con las Farc, teniendo en cuenta todos los retrasos que han tenido las zonas y la dejación de las armas?

No deberíamos enfocarnos en los retrasos del cronograma. Todos los procesos de paz son difíciles de implementar, entonces pienso que es importante no volverse prisioneros de las fechas y límites. Lo importante es que el proceso de desarme se complete y que tanto las Farc como el Gobierno estén comprometidos.

¿Pasó algo similar en Irlanda?

Todo el tiempo. ¡Y eso que es considerado un proceso exitoso! En muchas ocasiones no logramos lo que queríamos en el plazo estipulado. Pero la meta a largo plazo, la paz, se logró. Eso es lo importante.

¿Cómo resolvieron esos inconvenientes?

Manteniendo el momentum de la negociación, la voluntad de las partes. Mientras ambos entiendan la necesidad de implementar el acuerdo, como es claramente el caso en Colombia, se cumplirá.

Hace poco usted estuvo en Nigeria, un país africano que también sufre la violencia interna de Boko Haram. ¿Cómo ven ellos el proceso colombiano?

Los parlamentarios nigerianos mostraron un gran interés en las negociaciones colombianas y quieren aplicar algunas de las lecciones aprendidas aquí.

¿Cómo cuáles?

La más importante es la persistencia y nunca perder la visión del objetivo principal, que es alcanzar la paz. Algunas veces, cuando estás lidiando con la cotidianidad de un acuerdo de paz, solo ves el momento presente y no el cuadro general.

En este momento el Gobierno está ocupado precisamente en los detalles inmediatos de la implementación. ¿Cuáles pueden ser las salidas para que se cumpla con lo acordado en La Habana?

La única solución es seguir el paso a paso ya pactado. Seguramente serán necesarios ajustes y eso tendrá que negociarse, pero lo importante es no perder el momentum.

Usted también vino a iniciar unos proyectos de protección a los derechos humanos. ¿Cuáles son los objetivos específicos de estos proyectos?

Queremos ayudar a hacer realidad la dimensión de derechos humanos que tiene el Acuerdo de Paz. Estamos, por ejemplo, trabajando para fortalecer la presencia de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de Naciones Unidas en Arauca, Chocó, Córdoba, Guaviare, Huila, Putumayo y Urabá, regiones claves para la desmovilización de las Farc.

¿Cuánto dinero designaron para esta iniciativa?

1,5 millones de euros y debe ser implementado en 18 meses.

¿Y por qué consideran que este es un tema tan importante en este momento?

Una de las preocupaciones que tenemos es la vulnerabilidad de los líderes sociales, las intimidaciones y amenazas de las que han sido víctimas. Lo que queremos es monitorear la seguridad de estos líderes.

Pero ese ha sido un problema histórico en Colombia. ¿Qué soluciones ha encontrado la Unión Europea que harán que esta vez sí se protegerá la vida de estos líderes?

Estamos apoyando la creación de una unidad especializada dentro de la Fiscalía para atender casos de violencia contra líderes sociales. Somos muy conscientes de la historicidad del problema y queremos asegurar que estas personas tengan el máximo nivel de protección.

¿Y eso en cuánto tiempo se implementaría?

Es un proyecto a largo plazo y de carácter permanente. Queremos respaldar la creación de la unidad con capacidad financiera, pero también con ayuda técnica.

¿Por qué la UE cree que el éxito de la reinserción está ligado a programas de desarrollo rural?

Hay un reto importante que es la reincorporación económica. Este conflicto se llevó a cabo mayormente en el campo y si miramos los diferentes puntos del Acuerdo en sustitución, desarrollo rural y reincorporación, nos damos cuenta de que todo está integrado. La Unión Europea está acompañando ese importante paso y espero que los proyectos que estaremos financiando en el tema de desarrollo rural puedan también usarse para miembros de las Farc.

Pero esto es solo una parte de la reintegración...

No hay que olvidar la reincorporación personal y humana. En ese punto hemos priorizado la reincorporación de los niños excombatientes. Queremos apoyar su educación y demás necesidades junto con Unicef.

¿Cuánto designaron para ese proyecto?

En total son 2,5 millones de euros.

¿Ya saben cuántos niños se beneficiarían de ese programa?

Todavía no tenemos una cifra.

Algunos sectores políticos afirman que, de ganar la presidencia, volverán trizas el Acuerdo de Paz, ¿qué piensa de eso?

Entiendo que en un contexto electoral hay un cierto lenguaje asociado con las campañas políticas. No es mi papel meterme en el debate político que sucederá en Colombia de aquí a las elecciones presidenciales, pero espero que cualquiera sea el resultado las ganancias que se han logrado, no se reversen.

En Colombia hay una enorme discusión en torno a la Comisión de la Verdad. ¿Cuál es la importancia de ese mecanismo?

Las personas más importantes al final de cualquier conflicto son las víctimas. Son los que pagaron el precio: la pérdida de miembros de sus cuerpos, la muerte de seres queridos, la desaparición de familiares, las pérdidas económicas y materiales. Por eso las víctimas tienen el derecho de saber qué sucedió y por qué. Por eso debe existir un medio que permita que la verdad se cuente. Las víctimas deben tener herramientas para encontrar verdad y tranquilidad.

¿Qué le diría al Congreso en estos momentos en que cerca del 70 % del Acuerdo de Paz podría ser modificado y su aprobación se podría hacer más lenta?

Entiendo la decisión de la Corte Constitucional, entiendo que reafirmen la independencia del parlamento, fui parlamentario por 30 años y sé cómo es el trabajo. Pero creo que los parlamentos deben actuar responsablemente. El Congreso colombiano sabe lo que está en el Acuerdo y la agenda que debe ser alcanzada y estoy seguro de que ejercerá esa responsabilidad.