Las mujeres de las Farc diseñan las formas de participar en la reincorporación

Las excombatientes son conscientes de que tendrán una doble estigmatización: ser mujeres y exguerrilleras.

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Las mujeres de las Farc diseñan las formas de participar en la reincorporación y se reunieron para ese fin en Bogotá. /AFP

La guerra afectó de maneras diferentes a las mujeres. Y así sea que durante la campaña del plebiscito se haya tergiversado, con toda la mala intención, el concepto de enfoque de género que cruza de manera transversal todo el Acuerdo de Paz, no deberían quedar dudas sobre la necesidad de este para que las políticas de reincorporación tengan en cuenta las condiciones sexuales de quienes estuvieron inmersos en el conflicto.

Si se quieren pruebas, las cifras son contundentes. De acuerdo con el Registro Único de Víctimas (RUV), de las 8’160.987 víctimas registradas, 4’051.692 son mujeres que ha sido afectadas por las diversas maneras en las que la violencia se materializó, desde amenazas o desplazamientos, hasta los feminicidios u homicidios cometidos con la excusa de una condición u orientación sexual.

El censo socioeconómico divulgado recientemente por la Universidad Nacional también da más luces, señalando que el 23 % de los miembros de las Farc que fueron incluidos en el estudio son mujeres. Una población en la que, por ejemplo, se presentan embarazos en casi todas las edades (mayormente entre los 23 y 27 años). (Lea: Los resultados del primer censo socioeconómico de las Farc)

En pocas palabras, sobran las razones para pensar la implementación del Acuerdo desde el punto de vista del género y en diseñar la reincorporación a la vida civil teniendo en cuenta las potencialidades y diferencias entre los hombres y las mujeres. Esa idea está clara desde el interior de las excombatientes de las Farc y fue lo que motivó que desde todas las zonas veredales del país llegaran unas 70 de ellas a Bogotá para —en un trabajo programado para tres días, pero que se hizo intensamente en dos— debatir y construir las tesis de género y definir el rol que tendrán, tanto en el nuevo partido político como en la vida social, económica y cultural de la sociedad a la que se integrarán.

La líder guerrillera Victoria Sandino encabezó la iniciativa desde una casa en la localidad de Teusaquillo. Desde ahí tiró las primeras líneas que perfilan lo que quedará en manos de las mujeres de cara al panorama político que se avecina, y que no se veía desde la década del 90: la insurgencia, sin armas, se medirá en las urnas y en el debate público ante las fuerzas políticas consolidadas.

Lo que salió de este cónclave femenino será un insumo y un complemento para las ideas que fueron discutidas en abril por la guerrilla. “Esto supera el enfoque de género y muestra las que han sido nuestras prácticas en el interior de la organización durante muchos años y sobre lo que queremos teorizar”, explicó Sandino. Las tesis se trataron desde tres perspectivas: la primera, desde el rol histórico que jugaron las mujeres dentro de las Farc. La segunda, desde lineamientos políticos, la identificación con el concepto y las luchas del feminismo y la definición de esa corriente dentro de la organización. Por último, determinar la acción política de las mujeres guerrilleras en la implementación del Acuerdo de Paz.

El trabajo se desarrolló desde el convencimiento de que su participación será garantizada porque son capaces, porque tienen los méritos. “No defendemos mucho ese tema de cuotas dentro de la organización. Queremos estar por nuestro trabajo, nuestra capacidad y nuestro compromiso en la reincorporación, así como estuvimos en la guerra”, señaló Jaidy Pinzón, quien llegó de la zona veredal de Mesetas (Meta) y espera que desde la reincorporación se empiece a recortar la brecha que hay entre hombres y mujeres y que ser madres o amas de casa no sea la única alternativa que tengan en la vida legal. “Queremos llegar, pero siendo sujetos políticos”, dijo.

Para Luisa Nariño, de la zona veredal de Icononzo (Tolima), una de las prioridades es la profesionalización y el trabajo dentro de las Economías Sociales del Común (Ecomún), el modelo cooperativo a través del que se desarrollarán los proyectos productivos de la reincorporación. Ella tiene presente que en la sociedad colombiana tendrán una doble estigmatización: ser mujer y exguerrillera.

Sin embargo, lejos de considerar este asunto como un obstáculo, se vislumbra una oportunidad para mejorar la imagen de la guerrilla. Diana Lozada, quien fue miembro del Bloque Oriental, uno de los más grandes y poderosos militarmente, considera que la prioridad es trabajar de cerca con las comunidades y que estas puedan palpar la reparación, “así no crean en las Farc, pero sí en la necesidad de transformación de la sociedad”.

Las mujeres de las Farc no pierden el tiempo y unidas adelantan un trabajo necesario que no solo busca tener un impacto positivo en las víctimas del conflicto, sino que es la base para la supervivencia en el futuro. Por eso se piensan desde su propio género.