La incertidumbre que genera la transición a movimiento político

Las Farc tienen el reto de mantener la unidad

Afianzar la cohesión, aprender a hacer política sin armas, cambiar las relaciones con la población civil y lograr un movimiento amplio sin sectarismos, son los desafíos para la comandancia de las Farc. Guerrilleros tienen dudas sobre su futuro económico.

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La guerrillerada ha expresado en la Décima Conferencia preocupación sobre si el Gobierno les cumplirá o no.
AFP

Más allá de las discusiones propias para concretar el nombre, la plataforma y los cuadros del nuevo movimiento político que nacerá tras la dejación de armas de las Farc, la dirigencia de esta organización tiene que superar varios retos si quiere trascender en el panorama político de Colombia. Y el primero de ellos es lograr la cohesión de sus integrantes.

Desde hace algunos meses se viene hablando de las disidencias que se pueden presentar en los frentes, como el primero —con presencia en el departamento de Guaviare—, que es el único que ha expresado públicamente su decisión de separarse del proceso. Pablo Catatumbo, miembro del Secretariado, reconoció ayer que durante el segundo día de sesiones de la Décima Conferencia guerrillera, muchos manifestaron inquietudes alrededor de lo que sucederá con estos y otros combatientes que decidan no entrar a la negociación.

En efecto, la incertidumbre que genera la transición alimenta los temores de los guerrilleros que no ven muy claro su futuro económico. Hay interrogantes en torno a si tendrán las garantías para gozar de empleo, vivienda, salud, educación y, en general, los servicios que hasta ahora les ha proveído la organización. Esto sin contar los temores acerca de las medidas de seguridad. Claramente, el fantasma del genocidio de la Unión Patriótica está cada vez más latente. “El reto es mantenernos vivos”, dijo un miembro del Estado Mayor Central.

Pero a este panorama se suma un factor realmente perturbador: el dinero que mueve el narcotráfico resulta muy atractivo para muchos mandos medios, que podrían quedarse en el negocio antes que irse a un plan de reintegración que ellos no ven muy claro. Así las cosas, mantener la tropa unida ya no en torno a un ejército sino a un partido, sobre el que se tejen dudas acerca de si ofrece seguridad física y económica, resulta entonces una prioridad. En este sentido, la comandancia debe convencer a la guerrillerada de que los acuerdos les traen beneficios y debe transmitirle la confianza de que el Gobierno cumplirá sus promesas.

El segundo gran reto es concientizar a los combatientes sobre la necesidad de capacitarse y adquirir conocimientos técnicos para hacer más efectiva su reintegración. Hay que tener en cuenta que la mayoría de la base guerrillera proviene del campo, ingresó siendo menor de edad y tiene muy baja escolaridad. En ese tema, los líderes de las Farc están empeñados en hacerles ver a sus hombres que los planes del Gobierno, que tanto criticaron durante años, pueden ser una alternativa real para garantizar un futuro estable con sus familias en la vida civil.

En este campo hay otra tarea que resulta imprescindible y es la formación de cuadros para las nuevas tareas de proselitismo y movilización de masas. Aunque en las Farc hay escuelas de formación política, estas han estado enfocadas en la combinación de armas y discurso y su trasegar ha sido clandestino. Ahora se hace necesario aprender a relacionarse de otra manera con la población civil.

No es gratuito que en su mensaje de instalación de la Conferencia, el máximo jefe de las Farc, Timoleón Jiménez, haya hecho especial mención al respeto por la población civil. Por eso, lo que se busca es que la labor de sus cuadros vaya enfocada a ganarse el respeto de las organizaciones de base, de las Juntas de Acción Comunal, es decir, aprender a hacer política sin fusil. Una muestra clara de esa aspiración es que hace apenas un mes terminó en la zona del Yarí un curso de mandos, que reunió a casi 200 comandantes de diferentes estructuras y frentes de todo el país. Fue el primero al que le suprimieron la formación militar para enfocarse solo en la política.

Pablo Catatumbo lo dijo ayer: “Se han escuchado muchas propuestas para mejorar nuestra imagen y nuestro desempeño en el trabajo político legal. Vamos a hacer énfasis en combatir la corrupción y mantener los principios del respeto a las ideas ajenas y a las libertades democráticas”. Ahora, lo claro es que no será tarea fácil calar con ese discurso, que resulta contradictorio con la forma como las Farc han ejercido el poder en sus áreas de control.

Y de allí se desprende otro desafío: mantener la disciplina de partido. Sin la estructura militar, se deben reconstruir unas relaciones entre los que eran los mandos y ahora son jefes políticos y una tropa que pierde ese carácter y se convierte en militantes, con libertad para hacer su vida sin la obligación de mantener obediencia.

Una de las grandes expectativas de la Conferencia es conocer la decisión de la asamblea en torno a si el nuevo movimiento puede o no puede hacer coaliciones con otros partidos políticos. La aspiración de la dirigencia es convertirse en una opción abierta, incluyente, sin sectarismos, en la que otros partidos se sumen. “Lo importante es que tengamos coincidencias en torno al proceso de paz, que sumemos voluntades para lograr la reconciliación y la reconstrucción nacional”, dijo un miembro del Secretariado consultado por El Espectador.

Se espera que de la Conferencia no salgan detalles, como nombres de los cuadros o plataforma de acción. Se creará otro escenario como un congreso, conformado por delegados de diferentes estructuras, algo más pequeño, para tomar decisiones sobre la táctica y la estrategia del nuevo movimiento, incluyendo la posibilidad de hacer coaliciones. Y también decidirán cuál será el papel de los cuadros del Movimiento Bolivariano que trabajarán en el nuevo partido.