La sociedad civil desarmó a ETA: Paul Ríos, activista vasco

Explica cómo lograron, en nueve años, que el grupo terrorista renunciara a la violencia, se desarmara y anunciara el desmantelamiento de sus estructuras. Lecciones para Colombia sobre cómo poner fin a la guerra.

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Paul Ríos Ríos es director de Lokarri, la Red Ciudadana por el Acuerdo, la Consulta y la Reconciliación en el País Vasco. / Gustavo Montoya - Fundación Avanza Colombia

La noticia suena lejana para Colombia: desaparece ETA, el grupo que nació hace 60 años buscando la independencia del País Vasco (unas provincias en España y el sur de Francia), apelando a actos terroristas que dejaron 853 muertos, según cifras oficiales. El anuncio lo hicieron dos de sus voceros a través de un video en el que revelaron que la organización “ha desmantelado totalmente el conjunto de sus estructuras y da por concluida su actividad política”. El fin de Euskadi Ta Askatasuna (que en vasco traduce Patria Vasca y Libertad), se dio tras un proceso de dejación de armas que se cumplió hace un año y en medio de mensajes del gobierno español que le restan importancia al anuncio.

“No desaparecen ni sus crímenes ni la acción de la justicia para perseguirlos y castigarlos”, dijo el presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, al insistir en que “la banda terrorista ha sido derrotada por la acción del Estado de Derecho y la fortaleza de la democracia española”.

Pero entre la sociedad civil y los activistas que han servido de mediadores para que se llegara a este final, la lectura es otra. Paul Ríos es un activista que ha dedicado los últimos nueve años a promover la resolución pacífica de este conflicto y ha movilizado la participación ciudadana en el proceso de paz. Para él, el anuncio se logró gracias a que la sociedad civil le quitó su apoyo a este grupo independentista. Ríos es el director de Lokarri, la Red Ciudadana por el Acuerdo, la Consulta y la Reconciliación en el País Vasco, y estuvo en Medellín participando de un Congreso Internacional llamado “Para no Volver a la Guerra”. No duda en comparar ese proceso con el colombiano: “La sociedad civil tiene que apropiarse del proceso de paz para defenderlo”, dijo. Lecciones no tan lejanas para nosotros.

¿Cómo llegaron al fin de ETA?

No ha habido conversaciones con el gobierno de España. Hemos hecho un proceso de paz atípico con ETA, el partido que lo apoya, los otros partidos políticos vascos, con gobiernos locales autónomos, con mediadores internacionales y con la sociedad civil. Ha sido un proceso muy extraño.

¿Cómo hacer un proceso de paz sin la contraparte (el gobierno español)?

Este es un proceso de paz multilateral, donde hay muchas partes, donde la sociedad civil ha jugado un papel mucho más protagónico del que usualmente suele tener. Eso hace que los propietarios del proceso seamos todos. Esta declaración del final de su actividad armada se dio tres días después de la Conferencia Internacional de Paz de San Sebastián, que se celebró el 17 de octubre de 2011, organizada por Lokarri, en la que reunimos a personajes como Kofi Annan, Jonathan Powell, Gerry Adams, entre otros. Logramos reunir a casi todos los partidos políticos –faltó el Partido Popular–, organizaciones sociales, sindicatos, empresarios, Iglesia y otros. De allí salió una declaración pidiendo que ETA dejara la violencia y ellos aceptaron el llamamiento.

¿Y qué pasó con el gobierno español?

Teníamos la esperanza de que se animara a tener un diálogo con ETA sobre presos y víctimas y luego con partidos políticos vascos para otros temas, como reconciliación, memoria y demás. Tuvimos que seguir el proceso sin el gobierno de España.

Ver más: Así anunció ETA su disolución

¿Por qué hacer un proceso de paz así?

En 2006 tuvimos un proceso de paz clásico con el gobierno de España y con los partidos políticos. ETA puso una bomba, tal vez con la intención de presionar al gobierno; murieron dos inmigrantes ecuatorianos y ahí se fue al traste la negociación. Hicimos un análisis estratégico y con ayuda de mediadores internacionales llegamos a la conclusión de que era necesario que el partido político que apoyaba a ETA, que estaba ilegalizado, volviera a ser legal y condenara la violencia de ETA. El objetivo era que el partido asumiera el liderazgo del movimiento independentista vasco y hacer una apuesta política. Trabajamos en ello y cuando el partido condenó la violencia de ETA, se allanó el camino hacia el diálogo.

¿Qué otras cosas pasaron?

Pasaron tres años. Pero la decisión estaba muy madura. Este tipo de organizaciones dicen que utilizan la violencia para defender al pueblo, entonces hay tres argumentos para dejar la violencia. El primero es el ético, pero ellos piensan que éticamente está bien usarla. Así que está el segundo, la legitimidad; nos preguntamos: ¿una organización puede ejercer la violencia en defensa de un pueblo, en contra de la voluntad de ese pueblo? Les dijimos: si dices que nos defiendes, entonces escúchanos. Y el tercer argumento es el estratégico: ¿usando la violencia estás más lejos o más cerca de lograr tus objetivos políticos?

¿Fue la sociedad civil la que logró que ETA dejara la violencia?

Sí, fue determinante. Una organización como ETA puede seguir usando la violencia, pero sin apoyo popular es inviable.

¿Cómo convencieron a ETA de no seguir?

Lo hizo su propia gente, la parte política les dijo queremos resolver nuestros problemas sin violencia. Era cuestión de tiempo que se produjera, había que trabajarlo, armar consensos sociales y generar diálogo para que se diera de manera constructiva. Como no conseguimos el diálogo con el gobierno español, tuvimos que buscar otra manera.

¿Qué hicieron?

El año pasado se produjo el desarme, pero los arsenales no se entregaron al gobierno español, sino a representantes de la sociedad vasca y observadores internacionales. Esa información se trasladó a las autoridades. El argumento fue que ellos tomaron las armas supuestamente en defensa del pueblo vasco y por eso las devolvieron al pueblo vasco.

El pedido de perdón de ETA fue muy criticado porque no fue total.

Yo creo que esa petición de perdón es insuficiente, pero si me dices hace tres años que ETA iba a hacer esto, nunca lo hubiera creído. Además, el comunicado lo escribieron quienes tomaron las armas, es más de lo que suelen decir organizaciones de este tipo. Lo que debe quedar para el futuro es que esto debe ir acompañado de gestos de empatía por parte del partido político que los apoyó, que demuestren que la petición es sincera.

¿Cómo lo recibió España?

En España el titular ha sido ETA pide perdón. Y la verdad es que ETA pide perdón a algunas víctimas y a otras les pide disculpas. Dijeron: “pido disculpas a las víctimas, el dolor que han sufrido es irreparable, y a aquellas que no estaban implicadas en el conflicto, les pido perdón”. Lo importante es que, más allá de las razones con las que justifican el uso de la violencia, quede claro que fue un error, un horror, que pase lo que pase, esto no se debe repetir.

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¿Y el tema de los presos de ETA?

Hay 350 presos. De estos, unos 200 saldrán en un plazo de cinco años al cumplir sus condenas. En su momento se hizo una reforma a la ley penal y hay unos 150 que tienen que cumplir 40 años de prisión y sus casos solo se pueden revisar cuando cumplan 25. Mi pregunta es si se puede construir convivencia cuando habrá presos que salgan en el 2050.

¿Cómo contribuyeron los partidos políticos?

Los partidos políticos tienen una responsabilidad determinante. Debe decir que la política vasca se ha vuelto aburrida, porque después de tantos años de enfrentamiento político tan duro, ahora buscamos más los elementos en común, que los que nos distancian. Eso hace que, afortunadamente sea aburrida. Todos actúan con mucha responsabilidad. Creo que a veces nos cuesta ver los pasos que hemos dado y los cambios de actitud.

¿Qué esperan del gobierno español?

Mi esperanza es que los presos puedan empezar procesos de reconocimiento del daño causado, de petición de perdón. Algunos ya lo han hecho, pero es importante que lo hagan más. Luego, que se alivien sus condiciones de prisión y obtengan algún beneficio penitenciario como la libertad condicional, o permisos de fin de semana, pero nada de eso ocurrirá antes de dos años. La mayoría cumple condenas a 300 kilómetros del País Vasco, deberán acercarlos, pero la opinión pública española es muy contraria a esto. Habrá que trabajarlo.

¿Qué le diría a Colombia como lección para no volver a la guerra?

La sociedad tiene que apropiarse del proceso. La tendencia, por desgracia, de gobiernos y grupos armados, es acaparar todos los momentos, todos los debates, todas las fotografías. Tienen que abrir el proceso porque, como llegarán dificultades, van a necesitar una sociedad que esté dispuesta a defender lo conseguido. Si hay un convencimiento social de que la violencia tiene que parar, si la sociedad está dispuesta a movilizarse y a trabajar para conseguirlo, es imparable.

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