A un año de la fallida refrendación del Acuerdo de Paz con las Farc en las urnas

La polarización que atizó el plebiscito

El escenario electoral de 2018 se plantea hoy entre los que apoyaron el Sí y los que estuvieron con el No. Y la implementación sigue llena de dudas

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Caras de decepción en una de las concentraciones de promotores del Sí en Bogotá, el 2 de octubre de 2016. / Archivo - El Espectador

Un año después del plebiscito con que el gobierno del presidente Juan Manuel Santos pretendió que los colombianos avalaran el Acuerdo de Paz con las Farc de La Habana —objetivo que no se consiguió—, el panorama político en el país no ha cambiado en nada. La enconada polarización de ese entonces persiste y hasta se podría decir que se ha ahondado, mientras que la implementación de lo pactado en La Habana sigue llena de incertidumbre. De hecho, ahora la disyuntiva que se plantea de cara a la elección presidencial de 2018 es entre esos bloques que se enfrentaron hace doce meses: los que respaldaron el Sí y los que impulsaron el No.

¿Qué ha pasado en uno y otro sector después de esa convulsionada cita en las urnas? Sin duda, los del No han sabido capitalizar políticamente su triunfo. Afianzados en él y sumando la negativa de aceptar que se introdujeron cambios en el diálogo posterior al que convocó el Gobierno para salvar el proceso, hoy hablan de recoger firmas que respalden un referendo para revocar tres de los ejes centrales del Acuerdo con las Farc: la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), la participación política de los exguerrilleros y la inclusión de los textos en el bloque de constitucionalidad.

“La victoria del No demostró que el régimen puede ser derrotado. Unos sectores muy importantes del país se enfrentaron a él sin financiación, de manera espontánea, y esa fue la primera derrota de ese establecimiento cooptado por las élites criminales y corruptas de Santos. Y lo vamos a derrotar en 2018. Quienes convergimos en ese entonces vamos a converger el año entrante, a tener candidato único, a articularnos para no permitir que en Colombia se implante el socialismo del siglo XXI. Vamos a descarrilar la agenda ilegítima del Farc-santismo electoralmente”, señala el exprocurador y precandidato presidencial Alejandro Ordóñez, uno de los que lideraron el No.

Como se sabe, pocos días después del plebiscito, Juan Carlos Vélez, jefe de la campaña del No, confesó que la estrategia para ganar había consistido en que la gente saliera a votar “berraca”. Por eso, dicen los analistas, si algo dejó claro el plebiscito fue que las emociones y los sentimientos son los que finalmente definen el voto de la gente. Y pensando en 2018, esa desazón que muchos todavía sienten debe mantenerse. En ciudades como Bogotá, Medellín, Cartagena y Barranquilla se tienen preparados hoy varios actos bajo un mismo nombre: “2 de octubre, aniversario del robo del plebiscito”, con su correspondiente campaña en Twitter. “El haber desconocido el resultado traerá un voto de castigo el próximo año”, advierte Josías Fiesco, vocero del No de las juventudes en Bogotá.

Para este sector, los argumentos de ese entonces siguen vigentes: que los miembros de las Farc no van a pagar un solo día de cárcel, que van a ser premiados con curules en el Congreso, que los acuerdos sustituyen la Constitución, que habrá impunidad, que se legalizó el narcotráfico, que no se les cumplirá a las víctimas y uno reciente: que la JEP será instrumento de persecución al uribismo. “La implementación de los acuerdos se ha convertido en un monumento a la impunidad y las Farc han terminado envalentonándose frente a todo un país que lo único que ha reclamado es que haya una justicia. Esa es la consecuencia de este abuso que el Gobierno tuvo con los resultados de las urnas en octubre de 2016”, agrega Iván Duque, senador y precandidato uribista.

Pero en la orilla de los del Sí tampoco están quietos. Después de la derrota se gestaron y consolidaron varios movimientos ciudadanos en defensa del Acuerdo de Paz que ahora, un año después, están convocando a la movilización en pro de la implementación. Incluso, un movimiento llamado Ojo a la Paz les hace seguimiento a los debates y las votaciones en el Congreso respecto a las leyes relacionadas con ella. Y este miércoles se hará un conversatorio con los precandidatos presidenciales abiertos a una gran coalición en contra de los que quieren hacer trizas lo pactado. “Lo que más se siente es que la gente no quiere cambiar; sin embargo, es algo que puede pasar en cualquier sociedad y también se entienden las complejidades. Hoy vemos una situación de asesinatos de líderes sociales y los jóvenes seguimos activos, aunque no en las calles, para seguir trabajando por los acuerdos”, enfatiza Juliana Bohórquez, del Campamento por la Paz.

Humberto de la Calle, exjefe negociador del Gobierno en La Habana y otro precandidato para 2018, cree que hoy como hace un año sigue el juego de las informaciones falsas y la apelación al odio, a la venganza y al pasado. “Es más elocuente la intransigencia de algunos que siempre encuentran argumentos para trabar un proceso que es la mejor salida para el país. Pero más que confrontación, los hechos van a ir ganando espacio en los colombianos de buena fe. El mejor Acuerdo de Paz es el que logró terminar el conflicto y la guerra con las Farc terminó”, asegura. De paso, expresa también su preocupación por los que califica como “prejuicios” frente a la elección de los magistrados de la JEP: “Es esa vieja táctica de poner en duda al juez que no se ha posesionado, como buscando sacarle pelos a una calavera”.

Julián Carrero, uno de los jóvenes de Paz Siempre, cree que el proceso de paz está lleno de incertidumbre, que todavía hay cosas que pueden salir mal pues falta mucho por implementar y que ha sido imposible afianzar la confianza en los colombianos. “Sabíamos que el primer año después de la firma iba a ser crítico y el ambiente frente a las elecciones pinta complicado. Pero tenemos que seguir pendientes”, dice. Y aquí estamos un año después. Sin reconciliación, con más polarización y a las puertas de un proceso electoral en el que, por cierto, muchos de aquellos que estuvieron en el debate del plebiscito, en uno y otro lado, aspiran a ser presidente. Y como tantas veces en el reciente pasado, el tema de la paz, que debería ser de Estado, será crucial en esa definición electoral.