"La participación política de las mujeres está intimidada con violencia de género"

La embajadora de México en Colombia, Blanca Alcalá, dice con preocupación que esta violencia es normalizada. Resalta, también, que Colombia está avanzando en paridad política, pero falta que la voz de ellas sea escuchada en escenarios de poder. Una reflexión para este 20 de julio, a propósito de la posesión del nuevo Congreso.  

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Blanca Alcalá es embajadora de México en Colombia desde 2017. / Cortesía ONU Mujeres.

Colombia tendrá el primer gabinete presidencial paritario en su historia, según lo aseguró el pasado 9 de julio el presidente electo, Iván Duque. Es decir, tendrá la misma cantidad de mujeres y hombres en los ministerios que él encabezará desde el Ejecutivo. Además, Marta Lucía Ramírez es la primera mujer en llegar a la Vicepresidencia y deberá demostrar que esto puede significar un avance en temas de derechos de las mujeres en el país.

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Sin embargo, la inclusión de las mujeres en la política debe ir más allá de su nombramiento y debe existir el reconocimiento de sus propuestas en temas como la economía, la salud y la seguridad del país. 

Esta es una las afirmaciones que dio la embajadora de México en Colombia, Blanca Alcalá Ruíz, en la Cumbre Nacional para la Igualdad en Bogotá, donde se reunieron las congresistas electas para el próximo periodo legislativo, que entra en vigor este 20 de julio. 

Alcalá fue legisladora, diputada local, ministra de Finanzas en México, la primera mujer alcaldesa de la ciudad de Puebla y también, la presidenta de la Comisión de Cultura del Senado mexicano. Cuenta que han sido 30 años de servicio público de los que ha sacado el corajo y la motivación para pedir equidad de género en la política de su país. Y tras su larga experiencia, ahora es un trabajo que está haciendo por casi toda América Latina. 

¿Cómo está la situación de paridad política en Latinoamérica?

En América Latina tenemos claros oscuros. Primero, porque es la región que más ha avanzado en participación política de las mujeres en relación con el resto del mundo, pero digo que es de claros oscuros porque si bien es cierto que en el caso de Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Cuba o México hay una amplísima participación, esto también contrasta con la muy poca participación que existe en algunos otros países de la región en donde incluso los números son mayores al 20% de representación en las distintas Cámaras. Eso es lo que ha llevado a hacer toda una estrategia que lo busca es acelerar esta mayor participación hasta lograr la paridad, tomando este concepto como un principio de construcción de sociedades eminentemente democráticas y sobre todo de sociedad inclusivas. 

¿Cómo lograr que la sociedad, y no solo los hombres, sino muchas veces las mismas mujeres se apropien de que es realmente importante la participación política equitativa?

Hay que acelerarlo, por lo que es importante que podamos hacer de las normas un primer mapa de navegación, haciendo que no solamente estén construidas y reflejadas en un 50% de la participación de las mujeres, sino que también sean exigibles. Es decir, que podamos sancionar cuando en un momento dado no se está cumpliendo con esta mayor participación. Creo que aquellos mitos que dicen que no hay mujeres preparadas, o no hay quienes se interesan, tienen que venirse abajo. Tenemos que entender lo que implica la política en su más amplia acepción y la política la hacemos todas y todos, todos los días. Lo que necesitamos es visibilizar a las mujeres, empoderarlas y por supuesto hacer de estos derechos un asunto exigible. 

¿Cuál es el panorama en México?

Definitivamente aquellos países que lograron introducir la paridad como un elemento en sus constituciones o en sus leyes reglamentarias hoy han alcanzado niveles de participación definitivamente significativos. Quizá el caso más reciente es de mi país, en donde en el 2015 decidimos incluirla desde la Constitución y el resto de las normas secundarias. El resultado se vio en las elecciones del domingo 1 de julio: finalmente las Cámaras quedarán constituidas en un 50% por mujeres tanto senadoras como representantes.

Sin embargo, cuando digo que es de claros y oscuros es porque hay dos retos adicionales que tendríamos que ir venciendo. Por un lado, que la participación no es solamente cuantitativa sino cualitativa. Esto implica el involucramiento de las mujeres en las posiciones más importantes de ambas cámaras, no solamente en los temas en los que tradicionalmente se etiquetan a las mujeres, como los asuntos relacionados a la salud, educación, desarrollo de la familia, etc. También nos interesa tomar parte en los temas sensibles, que tienen que ver con Hacienda, energía, medio ambiente, de seguridad nacional. Ahí también están las mujeres y tienen mucho que opinar. 

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Segundo, que entre más participación hay de las mujeres también viene incrementando la violencia política de género. Eso es algo que tenemos que visibilizar y detener. Hoy pareciera que está pasando lo mismo que cuando empezó a visibilizarse el tema de la violencia de género, en donde al principio las resistencias fueron enormes desde la sociedad, cuando decían que el Estado no tenía por qué injerir en la vida privada, pero cuando empezaron a darse cuenta de los daños que tenía para la sociedad, los problemas en la salud pública y hasta los efectos en la economía, entonces empezó a superarse aquel mito y empezó a ser un tema protagónico. Lo mismo tenemos que hacer en el tema de la violencia política de género. 

¿Cómo se está viviendo esta violencia en su país?

De manera muy dolorosa. En muchos de los casos las mujeres son perseguidas. Hemos tenido casos en donde incluso son secuestradas, algunas les queman sus bienes, a otras han querido obligarlas a renunciar. La violencia mediática también se convertido en una pauta que tenemos que dejar de ver como si fuera normal. 

No puede ser producto de la normalidad la violencia política, ni para hombres ni para mujeres. Y en el caso de las mujeres, no podemos permitir que esa sea la justificación para que simplemente sean intimidadas en sus derechos y libertades. 

Otro asunto es que, si una mujer lo hace bien, entonces el éxito es personal, si una mujer se equivoca entonces el fracaso es colectivo. Si un hombre se equivoca, entonces decimos que es normal, que es humano, si una mujer se equivoca decimos que es normal porque es mujer. Estos son los estereotipos que también tenemos que erradicar. Y los medios de comunicación juegan un papel fundamental en la construcción del imaginario colectivo en que hay tantas mujeres capaces como hombres. 

La participación política de las mujeres no solo involucra un cargo político sino el mismo derecho a votar. ¿Cómo invitarlas a ser más activas en la política en este sentido también?

La democracia no se agota el día de la elección. Esa es una de las múltiples acciones en donde hacemos política: el día que vamos a votar, cuando una mujer decide lanzarse a un cargo de elección popular, pero también el día a día, cuando vamos a la escuela y participamos de las decisiones que allí se toman, con las comunidades, cuando estamos buscando mejoras en su calidad de vida. La hacemos cuando estamos opinando en relación con el ejercicio de un político. Hoy lo que necesitamos es reconocer, revalorar la política como un ejercicio colectivo que transforma y a partir de ahí ser mucho más responsables y asertivas en cuál es la sociedad que queremos construir. 

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¿Y cómo ve el empoderamiento político de las mujeres acá en Colombia?

Han avanzado de manera muy importante. Me complace llegar Colombia y encontrarme con un gobierno nacional que reconoce la capacidad de las mujeres, tiene muchas ministras el presidente Juan Manuel Santos y me complace mucho más aún que el presidente electo, Iván Duque, también ya haya expresado su interés de incorporar un gabinete paritario.