Grupos exguerrilleros en el Congreso: del M19 a la Farc

Veintiocho años después de que el M-19 participara en sus primeras elecciones al Congreso, el partido político de la exguerrilla de las Farc midió su fuerza en votos. Momentos y resultados diferentes.

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Carlos Pizarro, comandante de la guerrilla del M-19 y candidato presidencial asesinado el 26 de abril de 1990, luego de dejar las armas para que su movimiento guerrillero participara en política. Hoy, su hija llegó a la Cámara de Representantes por Bogotá. /Archivo.

No es la primera vez que los colombianos tenemos la opción de votar por exguerrilleros recién desmovilizados. Un 11 de marzo, pero de 1.990, los capitalinos eligieron a Vera Grabe, una mujer de ascendencia alemana como representante a la Cámara por Bogotá, tras haber dejado las armas con otros 900 combatientes del M-19 apenas dos días antes de las elecciones...

Mucha agua ha corrido bajo el puente de nuestra democracia en estos 28 años. En aquel entonces, la principal guerrilla urbana que ha existido en Colombia no tuvo tiempo de hacer campaña. Dejaron las armas en el campamento de Santo Domingo, Cauca, el 9 de marzo y el 11 fueron las elecciones.

Es decir, los más de 19 mil votos que obtuvo Vera Grabe, fueron de simpatizantes de la guerrilla, porque no hubo campaña proselitista ni espacios en medios de comunicación para exponer sus propuestas.

Hoy, mientras se debate sobre el caudal electoral del partido Farc, que apenas sobrepasa los 50.000 votos en Senado, y que alcanzó los 10.000 votos la Cámara de Bogotá (la más votada de las cinco circunscripciones en las que participaron), es interesante recordar cómo ha sido la experiencia de votar por exguerrilleros desmovilizados.

Ese 11 de marzo de 1.990, el M-19 presentó también a Carlos Pizarro a la alcaldía de Bogotá y a Antonio Navarro Wolf a la de Cali. El primero obtuvo algo más de 70 mil votos, mientras que el segundo llegó a 12.000 sufragios. Tampoco tuvieron tiempo de hacer campaña.

Como tampoco tuvieron que pasar por un sistema de justicia transicional, pues recibieron amnistía total e inmediata.

No es comparable ese momento político con el que ha tenido que vivir el partido de la Farc. Esta exguerrilla cuenta con una muy baja popularidad y sus candidatos han sido atacados por turbas, al punto que tuvieron que suspender sus actividades proselitistas por unas semanas. Una pobre aceptación que se tradujo en la baja votación de este domingo. Pese esto, ya tiene aseguradas cinco curules en la Cámara de Representantes y cinco más en el Senado, hecho que ha sido muy criticado por considerarse un “regalo inmerecido” por parte del Estado.

En contraste, el fervor que despertaba el M-19 en 1.990 se traduciría un mes después en una campaña sin precedentes de Carlos Pizarro a la Presidencia de la República que fue detenida por las balas de los paramilitares y narcotraficantes aliados con sectores de la fuerza pública. El 9 de diciembre, sin la participación de las Farc, que en aquel momento no aceptó una propuesta del gobierno para participar, la Alianza Democrática M-19 obtuvo una tercera votación en la Asamblea Nacional Constituyente. Antonio Navarro Wolf, quien sustituyó a Pizarro, sería el copresidente de este nuevo órgano encargado de redactar una nueva carta política.

La campaña de las Farc ha sido más accidentada. Desde el mismo momento de la creación del partido, muy criticado por conservar el acrónimo que el público asocia con cinco décadas de dolor, esta organización ha recibido fuertes ataques de un sector político de derecha que en la década de los 90 no se dibujaba con la fuerza que hoy tiene.

Este nuevo partido también ha tenido varios problemas para financiar su campaña política

Navarro ocuparía después destacados lugares en la administración del Estado y fue elegido como alcalde de Pasto y luego como Senador. En cambio, la Farc se quedó sin su candidato a la presidencia, mientras Gustavo Petro, ex alcalde de Bogotá, elegido en varias oportunidades como el mejor congresista del país, es ahora el que disputa la presidencia de la República como una fuerte opción de la izquierda.