“En Antioquia ya hay muchos ‘guachos’”: gobernador Luis Pérez

Alias en mano, el mandatario dice que de las cinco zonas de normalización que había se pasó a 16 asentamientos de excombatientes, muchos de ellos involucrados en actividades criminales y nexos con el Eln. Pide la descentralización de la paz.

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Para Luis Pérez, no ha habido un posconflicto serio en darles oportunidades a los desmovilizados. / Archivo

En materia del posconflicto, la atención del país está puesta en la frontera sur con Ecuador, donde la disidencia de las Farc, al mando de alias Guacho, hace estragos; en el Catatumbo, convulsionado por los enfrentamientos entre el Eln y el Epl, y en la captura con fines de extradición de Jesús Santrich, uno de los jefes de las Farc. Sin embargo, en otras regiones de Colombia pareciera que la guerra se sigue reciclando, como en Antioquia, donde según su gobernador, Luis Pérez Gutiérrez, de cinco zonas veredales de normalización, se pasó a 16 asentamientos de excombatientes, sin controles efectivos y donde se conoce del accionar de disidencias con vínculos con el Eln. La petición del mandatario es clara: es necesario descentralizar el manejo de la implementación de la paz.

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¿Usted cree que le quedó grande al Gobierno el posconflicto?

He sido muy colaborador con el proceso de paz, pero crítico en el sentido de que se necesitan orden y disciplina. En Antioquia no veo que haya posconflicto y un acuerdo sin ello es seguro que fracase. Aquí hay como una diáspora de los miembros de las Farc que se desmovilizaron y tenemos en esas cinco zonas de normalización que se crearon al 10 o 15 % de los excombatientes —unas 340 personas— que además se han ido llenando de amigos o familiares, para convertirse en zonas de invasión. Hay que tener en cuenta que estas no son propiedad de las Farc sino de particulares y el Gobierno les paga arriendo. Pero también varios integrantes de las Farc se han ido dispersando y ya tenemos 11 asentamientos adicionales. O sea, de cinco pasamos a 16 y, fuera de eso, hay varios miembros que tomaron la decisión de crear bandas criminales.

O sea, sí le quedó, o al menos le está quedando grande...

Pues hoy podemos tener en Antioquia unas 10 bacrim que están perturbando el territorio y que han ido creciendo, conformándose en pequeños ejércitos. Todo esto se está dando porque no ha habido un posconflicto serio —para no descartar la palabra propiamente dicha— y a lo que estamos abocados es a una serie de problemas muy complicados que hay que atender cuanto antes.

¿Cree que la captura de “Jesús Santrich” puede incrementar ese fenómeno de la desbandada de muchos desmovilizados?

A veces Bogotá está muy lejos de Colombia, porque no conocen las dificultades de las regiones. Por ejemplo, soy amigo de que en un proceso de posconflicto les demos educación y empleo a los que se desmovilizan, de lo contrario no vamos a tener nunca una paz cierta. Son personas que se formaron dentro de la ilegalidad y toda la vida estuvieron con un arma; si no las educamos para la legalidad y la democracia, va a ser muy posible que en algún momento busquen hacer lo que hacían antes. La gente usualmente hace lo que sabe hacer. Entonces, si no los llevamos a una actividad que las reforme espiritualmente, que les cambie esa actitud de vida, va a ser muy posible que regresen a la ilegalidad, que es lo que ha pasado en mucho sectores de Antioquia.

¿En dónde exactamente?

Por ejemplo, hoy en Ituango tenemos al Cabuyo, que tiene un pequeño ejército muy poderoso y codicioso, y que está extendiéndose al territorio de Briceño. Están también alias Carnitas o Diomedes en Yarumal, o Luisito, o Barbas. Todos disidentes de las Farc.

O sea, otros “guachos”…

En Antioquia ya hay muchos guachos, que son los cabuyos, carnitas, barbas y otros. Podemos tener fácilmente unos 10 desmovilizados que han ido regresando a sus territorios para rearmarse, precisamente porque el Gobierno debió haber previsto un posconflicto con más orden y disciplina, y haber apuntado, entre otras cosas, a darles oportunidades laborales. Nosotros solo logramos meter a unos 90 excombatientes a estudiar en cuestiones de salud para darles trabajo en los municipios, pero es 90 de 1.200 es muy poco.

Es muy grave lo que denuncia. ¿El Gobierno lo sabe? ¿Qué se está haciendo?

Lo que pasa es que el Gobierno Nacional es el encargado de manejar el posconflicto. Nosotros le hemos insistido en que lo descentralice, pero no ha sido posible. Hoy estamos en un momento muy difícil, porque los exguerrilleros se fueron de la zona de normalización, no dejaron ni número de celular ni dirección para dónde iban, y uno cómo los vuelve a recuperar. Además, el tiempo para haberlos metido a un proceso de resocialización y haberlos capacitado para el empleo ya pasó. Llevamos casi un año de haber terminado con las zonas de normalización y no se aprovecharon.

¿De cuánto es el porcentaje de deserción de esas zonas?

No lo sabría decir, pero no sabemos bien si esa gente que salió y que hoy está en los otros asentamientos está o no delinquiendo, eso lo tienen que determinar las autoridades policiales. Pero mire: tenemos 80 excombatientes de las Farc que estaban en El Gallo, en Córdoba, y se fueron para una finca de Urabá. En Dabeiba hay otros asentamientos de miembros que estuvieron recogidos en Vigía del Fuerte. En Mandé, Urrao, hay otro, donde dicen que están extorsionando a nombre del Eln.

¿A nombre del Eln o vinculados a esta organización guerrillera?

Ese es otro problema: el Eln necesita mostrar fuerza. En Antioquia es hoy relativamente pequeño, pero necesitan hacer eso, entonces esas disidencias de las Farc piden casi que la licencia para empezar a extorsionar a su nombre. Es lo que está ocurriendo y es muy preocupante. Soy amigo de la paz y desde que empezó esto le he pedido al presidente Juan Manuel Santos que descentralice la implementación para que no nos vaya a pasar lo que pasó en El Salvador, donde no se atendió a nivel regional el fin de la guerra y empezaron a crearse una cantidad de bandas criminales que hoy tienen al país sembrado de inseguridad. Eso no nos puede pasar aquí.