El viraje electoral de Córdoba

En la primera vuelta de las elecciones presidenciales, Gustavo Petro ganó en este departamento con una votación del 42,28%. Esto en medio del descredito de la clase política tradicional y del resurgimiento de varios movimientos que fueron muy perseguidos durante el control paramilitar, que hoy ha disminuido.

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Gustavo Petro en Montería (Córdoba) /Captura de video tomado de Twitter.

La historia de los 65 años de Córdoba está atravesada por violencia, explotación minera, pobreza y una clase política que no ha respondido a juzgar por los altos índices de necesidades insatisfechas. “Todo se juntó”, dice Víctor Negrete Barrera, director del Centro de Estudios Sociales y Políticos de la Universidad del Sinú e investigador social, explicando por qué ahora una fuerza alternativa y de izquierda logra ganarles a las casas políticas de este departamento sabanero.

En 17 de los 30 municipios que componen el departamento de Córdoba, la mayoría de la votación se concentró en el candidato Gustavo Petro, con un total de 249.303 votos (42,28%). Así, se impuso sobre Iván Duque (38,70%) y sobre Germán Vargas Lleras (11,31%). Esto es significativo teniendo en cuenta que en este territorio el poder lo ostentan partidos tradicionales y de derecha: Conservador, Cambio Radical, Liberal y Partido de la U. Estos se reafirmaron en las elecciones de congresistas, donde el único cambio fue la elección de una senadora por el Centro Democrático.

¿Entonces por qué no fue elegido Duque?, que tenía el apoyo de los conservadores con su fórmula vicepresidencial Martha Lucía Ramírez y a quien César Gaviria, presidente del Partido Liberal ya le había hecho guiños y que finalmente se unió a él para la segunda vuelta; ¿O Vargas?, apoyado por el partido de la U y Cambio Radical, que definieron las últimas elecciones presidenciales a favor de Juan Manuel Santos. En 2014, Santos sacó el 50,15% de los votos en primera vuelta y, para la segunda, ganó en todos los municipios de Córdoba, menos en Montería (bastión uribista), completando un 46,03% de los votos, por debajo del 51,78% de Óscar Iván Zuluaga. De hecho, en 2010, cuando Santos era el candidato uribista por el Partido de la U, también tuvo una victoria aplastante en Córdoba. De mano de casas políticas como los Besaile, los López, los Jattin, los Bechara, los Burgos o los Barguil

El conflicto ininterrumpido

Córdoba se fundó en 1952, y desde 1949 ya había guerrillas liberales, explica Caín Contreras, historiador loriquero. Julio Guerra es el nombre más recordado de este suceso, desmovilizado en 1959 tras acuerdos con el gobierno de Alberto Lleras Camargo. “Luego vinieron las guerrillas de izquierdas, las Farc, el EPL, el Partido Revolucionario de los Trabajadores, la Corriente de Renovación Socialista, las Autodefensas, los paramilitares de la posdesmovilización. Este departamento no ha tenido una semana de tranquilidad”, dice Negrete Barrera. Todos estos actores, concentrados fundamentalmente en el sur del departamento, han marcado la historia de violencia que hasta hoy ha dejado 334.386 víctimas en el territorio.

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La historia más reciente es la del paramilitarismo, que comenzó su historia violenta en 1988, después de la primera elección popular de alcaldes, marcada por el inicio de las masacres y el posterior control total de la ‘casa Castaño’ en el departamento. Tanto así que en 1990 simularon desmovilizarse, controlando miles de hectáreas de tierra, para luego rearmarse, conformar las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, y luego las Autodefensas Unidas de Colombia, en 1997. En ese momento, y hasta su desmovilización en 2005, controlaron todo el departamento.

Se vio en el 2002, cuando apoyaron y sacaron elegidos alcaldes, gobernadores, representantes a la Cámara y senadores, como documentó la justicia cuando se conoció el Pacto de Ralito, que se firmó en Santa Fe de Ralito, en Tierralta (Córdoba) para esas elecciones. 

Gustavo Petro se pronunció sobre la parapolítica cuando fue senador. Sus denuncias lo acercaron a los sectores de la población cordobesa que cada día vivían este fenómeno y que fueron perseguidos en épocas de control paramilitar. Fue el caso de los sindicatos de trabajadores y de maestros como Ademacor, la Asociación de Maestros de Córdoba, que hoy cuando la violencia y el control paramilitar ha bajado, lo apoya.

Gobernador suspendido, élite política presa

Y está el fenómeno de la corrupción develada en los últimos cuatro años. Alejandro Lyons, gobernador entre 2011 y 2015, fue condenado este año por concierto para delinquir, a cinco años y tres meses, por el desfalco en el sector salud del departamento: el cartel de la hemofilia y otras irregularidades que sumaron más de 8.000 millones. Por esto mismo está siendo investigado y fue suspendido el gobernador Edwin Besaile.

Este último es hermano de Musa Besaile, otro político cordobés que, con Bernardo ‘Ñoño’ Elías controlaban la política del departamento. Ambos, Besaile y Elías, están presos y son investigados por el escándalo de Odebrecht.  En Sahagún, tierra de estos caciques políticos, también ganó Gustavo Petro con un 44,80%.

Razones para entender la fuerza que ha perdido la política tradicional en Córdoba, ante un panorama de necesidades insatisfechas. En Córdoba el 45,8% de la población es pobre, según cifras del DANE en 2017. Esto lo ha sabido capitalizar Petro con un discurso sobre el acceso al agua, la educación pública gratuita y acabar con la corrupción. Sobre la primera propuesta, ha calado el mensaje porque los servicios públicos en la costa no son constantes y el problema del agua se acrecienta en los municipios más alejados y sectores rurales: el agua no llega todos los días, por eso la gente recurre a tanques elevados y albercas.

El acceso a la educación pública también mueve. Córdoba tiene alrededor de 35 mil estudiantes y sola la Universidad de Córdoba tiene unos 12 mil. “Los estudiantes universitarios son de los estratos 1, 2 y 3, incluso en universidades privadas como la del Sinú, muchos pagando matrículas costosas. Y acá está el tema de que los estudiantes se gradúan y, si no tienen el respaldo político, el muchacho sin experiencia queda prácticamente frustrado”, explica Negrete Barrera. 

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La explotación minera y la ganadería extensiva

En el alto San Jorge opera la empresa Cerro Matoso, una minera de ferroníquel, desde 1981. Su sede en Montelíbano, corazón de esta región, produce millonarias regalías que no se han visto invertidas en los municipios de influencia: San José de Uré, La Apartada y Puerto Liberador. Lugares en donde ganó Petro. 

De hecho, la Corte Constitucional condenó, en diciembre de 2017, a la minera por dañar irreparablemente al medio ambiente y a la salud de las personas, en su mayoría población indígena y afrocolombiana, que habitan esta zona del Alto San Jorge.  “La exposición al níquel causa daños importantes en la salud humana, los animales y las plantas”, dijo la Corte.

Esto se suma a la ganadería extensiva que se practica en Córdoba. Según el Instituto Geográfico Agustín Codazzi, en 2016, el 66% del total de la tierra cordobesa es utilizada para esta actividad. Sin embargo, solo el 46% del territorio es apto para esta economía, que además no es practicada por campesinos, sino por grandes ganaderos con grandes extensiones de tierra. “Hay 1,2 cabezas de ganado por hectárea. Este modelo tiene fallas, se ve afectado por las lluvias y la sequía, y Córdoba ya no es el primer productor en ganadería, es el segundo”, explica Negrete Barrera.

En ese escenario también ha tenido empatía una de las propuestas más polémicas de Gustavo Petro: cobrar altos impuestos a los latifundios improductivos. “Uno de los principales instrumentos para aumentar la oferta de tierras productivas y democratizar el acceso a la tierra será el impuesto predial rural, con tarifas crecientes en función del área de los terrenos, de las condiciones de producción y de la relación entre la aptitud y el uso del suelo”, dice la propuesta.

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Una idea que cala en sectores populares, pues la tierra ha sido una de las luchas más grandes en la sabana cordobesa, al menos desde la conformación de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos de Colombia, en 1967, explica el historiador Contreras. 

Petro ha logrado llenar plazas en Córdoba, como sucedió en Montería o en Lorica, con discursos y propuestas que en este momento, ante los cuestionamientos y condenas a la clase política tradicional, tienen mucha recepción. Eso se mezcla con los sentimientos que genera la idea de tener un presidente costeño, cosa que no pasa hace más de 120 años, y uno cordobés, cosa que no ha pasado nunca.

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