El Catatumbo giró a la derecha política

En esta región de Norte de Santander, Iván Duque fue el gran ganador. Esto en medio de una jornada electoral atípica, atravesada por el miedo, el desplazamiento previo, la propaganda sucia y algunos hostigamientos armados de la disidencia.

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Grafiti de la disidencia del frente 33 de las Farc en la fachada de la Alcaldía de El Tarra. / Fotos: Cortesía

En 36 de los 40 corregimientos ganó la campaña de Iván Duque y el Centro Democrático, representados por siete municipios de los 11 que tiene. El candidato Gustavo Petro, de la Colombia Humana, sólo ganó en cuatro: Teorama, El Tarra, Hacarí y San Calixto. Esto en medio de una abstención alta, donde más de la mitad de la población no salió a votar. 

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Si se comparan estos resultados con los que arrojó el plebiscito por la paz, el cambio es notorio. Para la refrendación del 2 de octubre de 2016 los catatumberos votaron que sí respaldaban el Acuerdo de Paz entre el Gobierno y las Farc en siete de los 11 municipios. Fue el caso de Teorama, Hacarí, Convención, El Tarra, San Calixto, Tibú y El Carmen.

Es decir, tres municipios importantes, que antes respaldaron la salida política a la confrontación armada, en las presidenciales votaron por Duque: Convención, El Carmen y Tibú.

Dos semanas antes de las elecciones presidenciales, y a diferencia de Petro, que no hizo campaña en el Catatumbo, Duque estuvo en Tibú. Su discurso se enfocó, precisamente, en ratificar su “mano dura” frente al proceso de paz con el Eln. “Cómo es eso de un Gobierno que dice que está dizque mediando... No señor, aquí los vamos a someter a la ley”, sostuvo.

E incluso aseguró: “Mi primer consejo de seguridad lo haré en Tibú… Necesitamos un Estado que se pare con firmeza... Que no se doblegue ante el acecho de ninguna fuerza criminal… Vendremos a devolverle a la región la seguridad”.

Y a juzgar por los resultados, la fórmula tuvo éxito. Claro, esto en medio de una jornada electoral atípica, atravesada por el miedo, el desplazamiento previo, la propaganda sucia y algunos hostigamientos armados. Esto aunque el Eln decretó un cese unilateral de hostilidades para esas fechas, el cual alivió el orden público con relación a comicios anteriores.

Grafiti de la disidencia del Frente 33 de las Farc en la camioneta del alcalde de El Tarra.

Días antes de las presidenciales se conocieron dos comunicados públicos que alertaban sobre un supuesto paro armado que el Epl haría para sabotear las elecciones. La información alcanzó a desmentirse, pero en algunos lugares creen que pudo afectar la intención de voto. Por ejemplo, dicen en la región, en los corregimientos de San Pablo y Aserrío, del municipio de Teorama, donde solo 3.310 de 9.758 personas habilitadas votaron. Es decir, el 66% de la población que podía sufragar no lo hizo. 

También es cierto que debido a la confrontación armada que estalló en el Catatumbo desde enero de este año, entre la guerrilla del Eln y el Epl, mucha gente ha salido de sus hogares y mucha otra se ha desencantado porque no ven una relación positiva entre el proceso de paz y su territorio. El consolidado todavía es impreciso. Pero sólo a la sede de Ocaña de la Defensoría del Pueblo llegaron 750 familias (alrededor de 3.000 personas) hasta la semana pasada a declarar su desplazamiento. Se estima entonces que debido al desplazamiento forzado producto de esta guerra muchos votantes no pudieron ejercer su derecho el pasado domingo. Las cifras lo confirman. En los municipios donde se está librando esta guerra, principalmente en Teorama, San Calixto, Hacarí, El Tarra y Convención, la abstención fue altísima. Solo el 35% de la población habilitada para votar lo hizo. 

La disidencia del 33

Un comunicado público, atribuido a la disidencia del frente 33 de las Farc, con presencia en el Catatumbo, también circuló este domingo en horas de la mañana. El documento, que firmaba un tal “Jhon”, hacía referencia a los incumplimientos del Gobierno en la implementación del Acuerdo de Paz y ratificaba su alzamiento en armas. No es el primero. En marzo se conoció otro que hablaba de la existencia de esta disidencia de la que se viene rumorando desde el año pasado, pero de la que muy poco se habla en el Gobierno. Sin embargo, esta es la primera vez que aparecen en un municipio como El Tarra, hostigando y dejando en las paredes de las casas, buses y hasta en la fachada de la Alcaldía y el carro de su alcalde grafitis con el mensaje: “54 años de lucha Farc-Ep”.

Panfleto atribuido a la disidencia del Frente 33 de las Farc. 

De hecho, la personera de Convención, Karen Cristina Duarte, informó que delegados de la Registraduría que se movilizaban hacia Convención, con los votos de las veredas Honduras, La Libertad, La Trinidad y San José de Pitas, fueron interceptados por disidentes que los obligaron a sacar los que tenían del candidato Iván Duque y los quemaron. La Registraduría informó que los datos no se perdieron porque habían sido reportados antes de manera electrónica.

En el año 2013 se calculaba que el frente 33 tenía alrededor de 650 personas. Pero en marzo de 2017, en la zona veredal de dejación de armas de Caño Indio, en Norte de Santander, sólo estaban 348 guerrilleros de este frente.

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Hoy, según la investigación de la Fundación Ideas para la Paz (FIP), algunos de ellos tenían campamentos al otro lado de la frontera con Venezuela, al nororiente, en un sitio conocido como La Cooperativa o Río de Oro. Se estima que esta disidencia estaría comandada por mandos medios de las Farc e integrada por cerca de 100 guerrilleros colombianos y venezolanos, que de tiempo atrás han estado vinculados a este frente que durante el conflicto armado tuvo una gran influencia en la región y cuyo jefe fue Rubén Zamora.

Por lo pronto, “el escepticismo sobre la posibilidad de un cambio en el Catatumbo, producto de una salida política, es grande por estos días”. Así concluye el tema Juan Quintero, de la Asociación Campesina del Catatumbo (Ascamcat), quien insiste, no obstante, en que las organizaciones campesinas e indígenas le apuestan a ese camino porque en años anteriores la violencia era mucho peor y tampoco pudieron vivir tranquilos.