HABLA EL ALCALDE DE GINEBRA (SUIZA)

Alcalde de Ginebra (Suiza): “El Estado debe reconocer la existencia del paramilitarismo”

Rémy Pagani visitó Colombia por diez días. Viajó a la zona veredal de Icononzo y a Cajamarca, Tolima; al Magdalena y al Cauca. Este es el balance de su visita.

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Rémy Pagani, alcalde de Ginebra (Suiza), visitó Colombia. / Damien Fellous

Rémy Pagani es el alcalde de Ginebra (Suiza), la ciudad donde está consignado el documento original del Acuerdo de Paz entre el Gobierno y las Farc. Por diez días estuvo en Colombia. Visitó zonas veredales, regiones golpeadas por la violencia como Santa Rita (Magdalena) o los municipios de Suárez y Lerma, en el Cauca. También viajó a Cajamarca (Tolima) para conocer de cerca el movimiento social contra la minería a cielo abierto. Estas son sus conclusiones.

¿Qué balance hace de su visita?

Conocía gente extraordinaria. Pensé que iba a encontrar a los miembros de las Farc, después de 53 años de conflicto, desmoralizados, pero al contrario, vi gente capaz de inventar estrategias de vida y futuro. Constaté que las Farc son una organización extraordinaria, que será fundamental en el futuro de Colombia. Claro, si no los asesinan.

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¿Qué preocupaciones recibió de los guerrilleros con los que habló?

No sólo visité las zonas veredales, sino distintas regiones donde se viven conflictos sociales muy agudos. Por ejemplo, en Lerma (Cauca), la gente me expresó su preocupación por la falta de oportunidades laborales. Lo mismo me dijeron los desmovilizados de las Farc. La mayoría de estos habían dejado las armas desde que entraron a las zonas veredales. Así que sentí el deseo de la gente de trabajar, de trabajar la tierra y de capacitarse para entrar en la vida civil. Ellos fueron muy críticos con la Oficina del Alto Comisionado para la Paz, porque consideran que no se les están ofreciendo oportunidades para capacitarse ni apoyos a los proyectos productivos. También escuché a algunas mujeres de las Farc que decían sentirse preocupadas porque existe el riesgo de que en el tránsito a la vida civil pierdan las conquistas de igualdad de género alcanzadas en las filas guerrilleras. Tienen miedo de que con el paso del tiempo las guerrilleras vuelvan a la cocina.

¿Cómo evalúa la actitud del Estado?

Me reuní con muchos funcionarios, por ejemplo, con el alcalde de Icononzo, una persona muy dispuesta a ayudar con el proceso de quienes dejaron las armas. Dijo, por ejemplo, que estaba buscando la manera de ofrecer tierras para que las puedan cultivar. Es una persona muy entusiasta y dispuesta a recibir a los exguerrilleros como ciudadanos. En general sentí una voluntad real de llevar al éxito esta transición.

¿Pero cómo ve la capacidad del Estado para dar respuesta a las necesidades de los más de 10 mil excombatientes?

Con los políticos con que pude conversar encontré mucha voluntad de llevar a cabo este proceso y en muchos vi valentía, pues esto implica peligros para ellos. Pero la valentía no es suficiente para lograr resultados. También se necesita que todos los funcionarios públicos apliquen con disciplina los acuerdos. En una negociación, cualquiera que sea, ninguna de las partes está completamente satisfecha. Es el equilibrio entre las dos voluntades. Pero una vez firmado un acuerdo, es para cumplirlo completamente, incluso las partes que a uno no le gusten. En Santa Rita (Magdalena), un pueblo desaparecidos por la violencia, hubo fallos para construir casas y financiar proyectos como el arreglo de vía, pero los fallos no se han aplicado. Y lo peor es que cuando los aplican, lo hacen estúpidamente. Por ejemplo, construyeron unas casas de menos de 50 metros cuadrados para una familia de cinco personas. Construcciones que son muy caras. En vez de reconstruir las que los paramilitares habían destruido. Estoy seguro, con la experiencia que tengo, que era más económico reconstruirlas que hacer unas nuevas. Tendrían casas de mejor calidad y mucho más cómodas. Estuvimos en una reunión con la Gobernación, el alcalde y delegados de diferentes entidades públicas en Santa Rita (Magdalena) y me sorprendió que durante tres horas se tiraban la pelota el uno al otro y nadie asumía la responsabilidad. Ahí hay falta de voluntad política.

El apoyo de la comunidad internacional ha sido muy importante para el Acuerdo de Paz, ¿cuál sería el mensaje para sus compañeros respecto a la implementación?

Es un gran honor para la comunidad internacional y para mi país ser llamados a apoyar el proceso de paz. Y al mismo tiempo es una gran responsabilidad. Si se logra una paz completa en Colombia, el modelo de negociación será un gran ejemplo para otros países que viven situaciones de conflicto similares. El mensaje que les envío a mis colegas es que es necesario reorientar las maneras como apoyan el proceso. Las multinacionales deben repartir un poco de las ganancias que consiguen en Colombia para conseguir una mayor equidad social. Hablé con el delegado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Todd Howland, quien me contó que estaban adelantando diálogos entre empresas para mejorar la repartición de las ganancias que produce la extracción de petróleo, minerales o en la producción de energías. Es muy importante que la comunidad internacional apoye este proceso y medie entre los actores y el sector empresarial, por ejemplo, en temas como la restitución de tierras. Por eso le propuse al senador Iván Cepeda crear una comisión internacional de observación y apoyo al proceso de paz.

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Pero ¿cómo pueden contribuir al cumplimiento del Acuerdo?

¿Podrían por ejemplo sancionar al estado colombiano por incumplir lo pactado?

No creo en el efecto que las sanciones, creo en la confianza y la responsabilidad. Me entrevisté con el ministro del Interior, con los presidentes de la Cámara y el Senado, con alcaldes, como el de Ibagué, y mi conclusión es que hay voluntad de implementar los acuerdos. No creo que se pueda venir desde el exterior a exigir cosas, más bien creo en las relaciones de confianza y respeto. La Confederación Suiza decidió que en los próximos cuatro años va a invertir casi US$100 millones para apoyar el desarrollo económico, los derechos humanos y las acciones humanitarias en Colombia.

De lo que vio, ¿qué es lo que le parece más preocupante?

Con la dejación de armas de las Farc y la salida de sus regiones históricas dejaron un vacío de poder. Es muy importante que el Estado haga presencia y ocupe ese vacío. Debe protegerse a las organizaciones y a los líderes de esas zonas persiguiendo al paramilitarismo y debe empezar por reconocer que existe el paramilitarismo. Sin eufemismos para referirse a este problema. Si no lo enfrenta, va a ocurrir una catástrofe. El Ejército debe desmontar a los paramilitares, así como también el Estado debe reconocer a las organizaciones sociales como actores claves del desarrollo territorial. El papel de los ciudadanos no solo es el de ir a los centros comerciales a consumir, sino que tienen un papel político. Son ellos los que van a construir una cultura de paz y a traer los cambios que esta sociedad necesita.

¿Qué fue lo que más le produjo optimismo?

El alcalde de Ibagué me pareció una persona extraordinaria y me impactó positivamente el proceso que se ha hecho en el “carnaval de la vida”, donde miles de personas salen a protestar contra la minería de La Colosa con un eslogan muy bonito: “Porque amamos la vida, protegemos el agua”. Todo muy colorido y lleno de vida. Visité un cementerio, que es la memoria de la muerte de este país, y al respaldo estaba toda esta gente alegre luchando por la vida.

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