‘El punto rojo del fogón’, última historia de Libros que cambian

Charras, en San José del Guaviare, parece un pueblo fantasma después del paso de la guerra, pero la biblioteca móvil se convirtió en el epicentro para que sus habitantes quieran volver a contarse. 

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La vida en Charras fue ilustrada por Powerpaola.

El relato del escritor y médico, Francisco Leal, comienza con el testimonio de uno de sus habitantes. Charras, según le cuenta este personaje llamado Alirio, es aquel lugar donde “termina la presencia del Estado y comienza la verdadera selva, con otra ley”.

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Precisamente el título del relato, dice Francisco, es porque Charras era hace veinte años un pueblo próspero. Llegaron los incendios y las muertes y quedó reducido a las cenizas. Hoy, tiene la “chispa” de la esperanza, “el punto rojo del fogón, de donde de pronto surge la llama”, el comienzo del renacer del pueblo.  

A pesar de la soledad en la que parece estar inmersa Charras, a las dos de ls tarde, cuando abre la biblioteca, se empiezan a escuchar los pasos de jóvenes, exguerrilleros, mujeres y ancianos que se van a reunir allí. “La biblioteca es un lugar de distensión, sin duda”, escribe Francisco en esta crónica, en la que recoge los pensamientos de sus habitantes desde la llegada de la biblioteca móvil.

“Soy Tatiana, no soy de aquí, vengo de un sitio muy hermoso llamado Caño Negro. Es lejos, como a cuatro horas de camino. Por allá pasa poco la línea de buses. Si quería estudiar tenía que venirme al internado, no había otra opción. Mis padres me visitan los fines de semana. Luego se van y de nuevo quedo sola. No hay mucho que hacer, me aburro en el internado. Afortunadamente existe la biblioteca, que es como una ventana a otros mundos”, es una de las historias en este pueblo. También están las de Narda, Sofía, “la rolita”, Pablo, Ruby y los chicos que hacen parte del grupo de amigos de la biblioteca. Muchos fueron a hablar con Francisco como una manera de hacer catarsis.

‘El punto rojo sobre el fogón’ lo podrán encontrar el próximo domingo 29 de octubre de manera gratuita con la edición impresa de El Espectador. Es la última historia de estos ocho fascículos, creados por escritores que viajaron a las zonas veredales y pintados por las manos de ocho importantes ilustradores colombianos, para narrar las vivencias de los jóvenes de los territorios más lejanos y más afectados por la guerra y la forma en que sus vidas se han transformado con la llegada de los libros. La inspiración de estos escritores vino de la mano con la llegada de las bibliotecas móviles, un programa del Ministerio de Cultura, a las zonas veredales donde las Farc dejaron las armas.

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La última ilustradora fue Powerpaola, quien piensa que los libros de alguna manera “nos salvan”. Y agrega que lo que la inspiró para dibujar este relato fue la misma vida que respira Charras. “A pesar de ser un pueblo casi fantasma, se siente esperanza porque hay gente, naturaleza, animales, muchos recursos, poblaciones indígenas ricas en conocimiento. Muchas historias. ​ Mucha vida”, dice.

“Me gusta pensar esa Colombia diversa reunida en un lugar donde todos pueden convivir. Todavía parece una utopía, pero yo creo que ese es el sueño de muchos, que podamos celebrar nuestra diversidad y las vivencias de cada uno de los colombianos”, reflexiona Powerpaola.