Cartas por la reconciliación: de las armas a las palabras

En marzo de este año, El Espectador publicó un artículo sobre la iniciativa de escribirles cartas a los excombatientes de las Farc como medio de reconciliación. Decidieron responder a la sociedad colombiana por el mismo medio.

cartas_por_la_reconciliacion.jpg

Una de las fotografías de la campaña 'Cartas por la reconciliación', incluidas en nuestra edición impresa.
Valentina Monsalve

Día primero, 05, 2017
De corazón, les queremos agradecer por toda su amabilidad al escribirnos sus maravillosas cartas. Queridos compañeros, quiero decirles que la paz es la Luz de los pueblos. Con mucho entusiasmo estamos dejando las armas...

Llegaron a las zonas veredales de Caldono y La Elvira. Había un grupo de jóvenes a unos pasitos de los soldados que recibirían a los excombatientes y que estarían al tanto de la transición de campamentos guerrilleros a campamentos de reinserción. Ese grupo de jóvenes es liderado por Cristian Palacios. Son estudiantes de ciencias políticas de la Universidad Javeriana de Cali y son los causantes de la campaña Cartas por la Reconciliación: han recogido alrededor de 3.000 cartas y la meta son 6.900. (Lea algunas de las cartas recogidas en: "Cartas para la reconciliación")

En Caldono, donde entregaron 415 cartas, el clima se hacía templado. Mientras que en La Elvira, donde entregaron 350, el frío se apoderaba del tiempo, pero eso no fue impedimento para que el camino, con corazón, siguiera estrechando las manos de los hombres de un bando y del otro. Luego de ese primer acercamiento sin violencia entre ambos “ejércitos”, los jóvenes de Cali empezaron a entregar las cartas a la suerte de la mano.

Las leyeron inmediatamente. Se diría que con la emoción que amerita leer una carta que ha enviado un ser amado desde algún lugar muy lejano, atajando peripecias. No. Basta. No leían las letras de alguien cercano, sino de gente civil: alguien ajeno por completo. Quizás no tan ajeno. Al fin y al cabo todos los humanos compartimos un poquito del ADN de otro, formando así la figura que funda el cuerpo de una serpiente que reposa enroscada.

Al concluir la lectura una y otra vez, se reafirmaron en la utopía que tuvieron por tantos años, una utopía que se alimentaba de una segunda oportunidad en el sendero: “que la esencia de la vida es que muere una estrella cuando se arranca una flor”, como cantaba Facundo Cabral. Que debían aguardar el temblor (Cerati). Que los hombres son hermanos y juntos deben trabajar (Los prisioneros). Que debían imaginar que no hay nada por qué matar o morir (John Lennon). 

Por eso, en consecuencia con el instante, empuñaron un esfero y apuntaron en el papel: fijaron las primeras letras de una respuesta a las cartas, le escribieron a un hermano ajeno.  Algunas cartas llevan dibujos, otras sólo palabras; algunas se escribieron sobre un formato que los exguerrilleros crearon; otras fueron sin formato. También hubo quienes quisieron expresarse artísticamente mediante la pintura mientras se llevaba a cabo el proceso de entrega de armas. (Vea: "Expectativa en el posacuerdo")

***
Unas páginas atrás

Era una fotografía. Se veía un grupo de más de 15 campesinos, con niños, unos de brazos y otros que marchaban al ritmo de los adultos; llevaban banderas blancas; iban subiendo, el camino semejaba una carretera destapada; de fondo la neblina paría montañas más viejas que la guerra y estas soportaban un millar de árboles que arribaban hasta la carretera de esos esperanzados que caminaron por más de dos horas para ir a votar.

La foto circuló por las redes sociales,  igual que varias imágenes que demostraban las cifras de las zonas más victimizadas, en las que, paradójicamente, ganó el Sí. Había algo en común entre la fotografía de los campesinos y las imágenes de las cifras: la gente escribía en la descripción “perdón por fallarles”.

Mientras que esas imágenes iban y venían de aquí para allá, ese mismo día, el 2 de octubre de 2016, uno de los noticieros con mayor audiencia en Colombia publicaba en su sitio web: “De igual forma, aseguró (el senador Álvaro Uribe) que en la jornada electoral ‘la democracia de nuestra patria ha sido superior a toda la presión del Gobierno por el Sí’ ”. 

Fue quizás uno de los días más complejos en la historia de Colombia: los colombianos tuvimos la opción de darle fin a una guerra de más de 50 años, con un completo apoyo internacional (Cuba, Noruega, Ecuador, Chile, Venezuela, Francia y la ONU, entre otros) y decidimos que no, que paz sí, pero no así. “Nadie sabe qué es una guerra si no la ha vivido”, le dijo un soldado a la periodista Andrea Aldana.

***

Cartas por la reconciliación

El acuerdo fue refrendado; la esperanza volvió al corazón de las víctimas, de los actores del conflicto y del resto de gente que había creído que sí era posible acabar con el conflicto armado más antiguo de América Latina. Pasaron dos meses y ocho días; le entregaron el Nobel de Paz a Juan Manuel Santos.

En esa ceremonia, Kailash Satyarthi (nobel de paz de 2014) mencionó una iniciativa que pretendía que en San Valentín no se escribieran cartas para el amor, sino para algún refugiado desconocido. Al escuchar eso, a Cristian Palacios se le retorció el pensamiento y se obsesionó con una idea; lo que en ese momento construyó como ilusión fue transformado en realidad al trabajar con varios compañeros de la universidad. (Vea la galería de fotos de "Cartas para la reconciliación)

Entonces crearon el proyecto Cartas por la Reconciliación, que busca unir al resto del país con los “reinsertados” para tejer una reconciliación que genere la paz estable y duradera, para transportar así los vínculos establecidos en las páginas del Acuerdo final a la boca de la cotidianidad de los colombianos.

En primer acto, Cartas por la Reconciliación fue apoyado por la Pontificia Universidad Javeriana de Cali. Después se sumaron colaboradores de Jóvenes para Jóvenes, Bogotart, Cámara Júnior Internacional, Colombia Joven y Wise Kids. Adicional, la magnífica labor del proyecto ha sido reconocida por Muhammad Yanus (premio nobel de paz), Jairo Andrés Rivera (vocero de las Farc en el Congreso), Kerry Kennedy (presidente de la organización de derechos humanos Robert F. Kennedy) y portales internacionales como Global Voices y Tea after Twelve.

Este acto de fe también llegó a oídos de Pepe Mujica, Humberto de La Calle y el mismo Timochenko. Los dos primeros metieron su carta en la bolsa del azar y ni se sabe a quién habrán llegado.
Palacios y algunos compañeros tuvieron 45 minutos para hablar con Mujica, quien, en algún momento de la conversación, les dijo: “Así como creemos en el amor, debemos creer en la paz”.

Tras recoger montones de cartas redactadas por los exguerrilleros, en respuesta a las cartas que les enviaron, los jóvenes del proyecto decidieron darles, por ahora, dos destinos a estas: el primero fue hace dos semanas, en Trujillo (Valle), lugar en el que anualmente se reúne una peregrinación para hacer frente a la masacre que sufrieron en 1986 por el grupo armado paramilitares del Norte del Valle, quienes estuvieron allí entre 1986 y 1994*. Los muchachos acompañaron la peregrinación, que fue organizada por Afavit (Asociación de Familiares de Víctimas de los Hechos Violentos de Trujillo, creada en 1995), y dejaron las cartas que llevaron en manos de gestores de paz para que estas se mantengan allí como símbolo de reconciliación y memoria en un museo. 

El segundo destino será el Museo de Memoria que se construirá en Cali. Y hoy aún queda una cantidad restante de cartas, que no se sabe a dónde irán, pero que por ahora comparten estante con los libros que Palacios tiene en su casa. Estos jóvenes de las cartas, además de ser portadores de mensajes de reconciliación de un lado de la sociedad a otro al generar un vínculo entre los “civiles” y los exguerrilleros, han optado por una labor voluntaria como verificadores del proceso de reinserción y entrega de armas de las Farc. “La entrega de armas a la ONU es algo verídico”, dijo Palacios. Los muchachos se proyectan ejerciendo distintas labores e iniciativas en pro de este camino de paz dado que “es importante que las personas sigan involucrándose y apoderándose de espacios de construcción de paz en sus casas, en sus barrios, en su comunidad, en su ciudad y en su país (…). Nosotros seguiremos aportando todo lo que tenemos desde las juventudes para poder construir un mejor país, para poder construir una mejor sociedad. Sabemos que este es el camino correcto, el más difícil, pero el correcto”.

*Fuente: Rutas del Conflicto, Centro Nacional de Memoria Histórica.