Yo estuve coordinando observadores de la ONU en la dejación de armas de las Farc

El hecho de haber coordinado y ayudado a diseñar el mecanismo tripartito es la mayor lección aprendida que me llevo. Fueron en total 1.136 personas (gobierno, Farc, ONU) que trabajaron directamente en el MM&V, cerca de 500 observadores internacionales, de 19 países. Esa es la demostración de que, a partir del respeto, se construye la confianza.

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El coronel uruguayo Fernando Fleitas hablando con la comunidad en el reconocimiento de la zona veredal de Caño Indio en el Catatumbo. / Fotos: Misión ONU Colombia.

Llegué a Colombia el 25 de junio de 2016 y casi de inmediato tuve que viajar a La Habana, allí conocí a los oficiales y generales del Ejército y de la Policía de Colombia que estaban en la mesa técnica con los jefes de la guerrilla. Esa fue mi primera gran impresión del proceso. Muy diferente a mis anteriores experiencias con Naciones Unidas: en 2001 estuve en Sahara Occidental, en una misión típica de observación de dos fuerzas separadas por una zona de distensión. En 2003, en Sierra Leona, estuve en la frontera con Liberia y en la capital, trabajando en el proceso electoral. En 2011, en el Congo, comandé una unidad de ingenieros que apoyaba a la misión en la construcción de vías terciarias en un proceso de estabilización en la entrega de agua potable a hospitales y escuelas.

Yo me había preparado leyendo mucho sobre la historia del proceso de paz, sobre la geografía de Colombia, pero ese primer contacto con la mesa técnica en Cuba, construyendo los protocolos del cese al fuego y la dejación de armas, me permitió ver cómo aquellos que hasta hacía muy poco se habían enfrentado en el campo de batalla trabajaban juntos. Fue muy impresionante. Vi la voluntad de las partes, vi el coraje con el que le apostaban a la paz.

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El Mecanismo de Monitoreo y Verificación se integró en diciembre, pero antes reconocimos y delimitamos las zonas veredales. Fue un trabajo de las tres partes. En realidad, nunca me sentí en la mitad, entre el gobierno y la guerrilla. A veces hay que ponerse en el lugar del uno o del otro, otras veces hay que ponerse duro. Hace parte del trabajo porque había que buscar consenso. Esa fue una de las grandes virtudes del MM&V: la confianza que se generó y se basó en el respeto mutuo. Hubo discusiones muy duras, pero el respeto permitió solucionar controversias y problemas menores.

Para mí, este proceso tuvo cuatro hitos: el primero fue el diseño del MM&V y la creación de los procedimientos de trabajo; el segundo fue la planificación de los movimientos de las Farc desde sus posiciones hacia las zonas y puntos transitorios; el tercero fue el desplazamiento de los guerrilleros hacia esas zonas, fueron 40 días y 40 noches de trabajo sin descanso. En realidad, sin el mecanismo no hubiera podido hacerse semejante operación sin incidentes (con la geografía colombiana hubiera sido normal tener accidentes); el cuarto fue el proceso de dejación de armas.

Además de la voluntad de las partes, el éxito de todo el proceso se debe al trabajo de los observadores internacionales en el terreno que ayudaron a solucionar pequeñas diferencias, y al compromiso de la Unipep, que fue clave para brindar seguridad.

Pie de foto: Extracción de material explosivo y armas de caletas, en trabajo conjunto con miembros de las Farc.

El reconocimiento y delimitación de las zonas ayudó mucho a la generación de confianza, fue un gran acierto. Si estamos todos juntos, si todos asumimos el mismo riesgo, si todos hacen parte del trabajo, todos asumen el mecanismo como propio y lo defienden. La ONU le apostó a que se hiciera ese trabajo conjunto. Es muy diferente a las misiones tradicionales, donde las partes están separadas. Sin duda, este proceso es único en el mundo y Naciones Unidas tomó nota del éxito operacional.

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El momento más difícil, sin embargo, vino después con la extracción de los depósitos ilegales: 750 caletas. Los lugares donde estaban eran inaccesibles por vías normales, tocaba transportarse en botes, a pie, a lomo de mula, en helicóptero, estábamos en áreas minadas, con presencia de otros actores. Cada caleta era una operación que requería planificación y en la que se corrían muchos riesgos. Debo destacar el trabajo de mis colegas en el terreno, porque debieron afrontar esas operaciones con muchos riesgos, a pesar de que las Fuerzas Militares y la Unipep proveían la seguridad.

El momento de mayor tensión fue en Miranda, Cauca, cuando se produjo un ataque a un equipo que estaba en la extracción de caletas, un policía fue herido. Recuerdo que fue un domingo en la mañana, fue muy duro, aunque la intervención de las Fuerzas Militares fue determinante para que la situación se controlara rápido.

Quiero recordar un momento de júbilo que viví, aunque está relacionado con el mecanismo, es más personal: dos guerrilleros integrantes del mecanismo que eran pareja quedaron embarazados y apenas les conté a mis hijos enviaron el rebozo (manta) que le tejió mi abuela al mayor de ellos para recibir al bebé. Ese niño nació hace 15 días y ya fui a visitarlo. Ese niño y muchos otros que han nacido en esos espacios territoriales representan una alegría inmensa, son un símbolo de esperanza, significan la fuerza de la vida, en lugar de la muerte.

El hecho de haber coordinado y ayudado a diseñar el mecanismo tripartito es la mayor lección aprendida que me llevo. Fueron en total 1.136 personas (gobierno, Farc, ONU) que trabajaron directamente en el MM&V, cerca de 500 observadores internacionales, de 19 países. Esa es la demostración de que, a partir del respeto, se construye la confianza.

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No sería justo hablar en primera persona porque cada uno de los colegas que trabajó en terreno puso su grano de arena para construir esto. El compromiso de la comunidad internacional va más allá de dejación de armas, y se ratificó con la aprobación unánime de la segunda misión.

Hubo un momento que me conmovió mucho, fue en Popayán, en una capacitación que tuvimos los integrantes del mecanismo. Casi al final hubo una misa y todos en un momento cantamos el himno nacional. Me impresionó mucho ver que todos eran colombianos y que esa lucha entre hermanos no tenía sentido. Creo que todos están cansados de la guerra y existió gran madurez de las partes para entender que la única forma de construir Colombia es en paz, que no hay otro camino.

No debe haber sido fácil para los combatientes de las Farc haber dejado sus armas. Los entiendo. Esa es una bocanada de esperanza. Todos los que hemos empuñado un arma, sabemos que la peor de las miserias humanas es la guerra, que afecta a combatientes y la población. Dejar un arma y reincorporarse a la vida civil es sinónimo de esperanza. Para mí y para todos fue muy importante ver esas armas inhabilitadas, son 9.000 armas menos en Colombia, menos hombres en armas, eso es esperanza. Nadie puede cuestionar ese proceso.

Mi país puso 21 observadores, entre ellos 3 mujeres. Quiero destacar la participación de las mujeres de los tres componentes, en total fue del 22%, la más alta en el mundo. Muchas eran madres y trabajaron igual que sus compañeros. Los extranjeros aportamos mucho para la resolución del conflicto, pero es mucho más lo que nos llevamos.

* Coronel del Ejército de Uruguay, coordinador de operaciones de la ONU en el MM&V.