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Yineth, retrato íntimo de una sobreviviente

“Alias Yineth. La mujer de los siete nombres”, dirigido por Daniela Castro y Nicolás Ordóñez, fue el documental escogido para abrir el 5º Festival Internacional de Cine por los Derechos Humanos, que se inaugura este viernes e irá hasta el 16 de agosto. Una entrevista con Castro sobre el documental como puerta a la reflexión que nos permite cambiar nuestro pasado violento.

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Daniela Castro, codirectora del documental “Alias Yineth. La mujer de los siete nombres”. / Óscar Pérez

Yineth, una niña campesina, una joven guerrillera, una madre de clase media, una ejecutiva del Gobierno. Un retrato íntimo que empieza y termina por su cuerpo, por sus nombres. Alias Yineth. La mujer de los siete nombres, dirigido por Daniela Castro y Nicolás Ordóñez, cuenta la historia de cómo esta mujer sobrevive a un país que constantemente le da la espalda. El documental estará en las salas de cines a partir del 31 de agosto y fue escogido para abrir el 5º Festival Internacional de Cine por los Derechos Humanos, que se inaugura este viernes y recorrerá cinco ciudades (Bogotá, Medellín, Pereira, Cartagena y Barranquilla) y 10 municipios. 

En él habrá 60 películas de 17 países y más de 40 invitados nacionales e internacionales, 53 escenarios, talleres de formación, entre otras actividades, que buscan conectarnos con la importancia de proteger y respetar los derechos humanos en el país. 

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En la siguiente entrevista, Daniela Castro nos cuenta por qué encuentra en el documental un lugar valioso de reflexión para estos tiempos en que, después de décadas de conflicto armado, tenemos una oportunidad para transformar tanta violencia.

¿Cuándo surge este documental?

Este documental nace cuando vuelvo de Argentina, luego de 10 años de vivir allí. Para ese entonces (año 2012), Colombia empezaba un nuevo intento de diálogo de paz entre el Gobierno y las Farc, que terminó con el acuerdo que conocemos. Yo venía de Argentina, donde se ha pensado la memoria como un lugar para no repetir tanto dolor. Por eso me propuse trabajar en proyectos que estuvieran relacionados con temas de conflicto y paz.

¿Por dónde empezó?

Por caer en cuenta de que nunca antes había entendido la dimensión de lo que significaba nacer y vivir en un país enfrentado por un conflicto armado interno. Por entender que era parte de una generación absolutamente indiferente a esa realidad. De esa manera terminé trabajando como asistente de dirección en una película que se llama Alias María, que es hermana de la mía.

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Claro, la de José Luis Rugeles…

Sí, de hecho, él es mi marido (ríe). Hay una larga historia ahí. El documental de Yineth forma parte del proyecto transmedia Alias, junto con la película Alias María, seleccionada en el Festival de Cannes. El caso fue que en la preproducción de Alias María entrevistamos a muchísimas mujeres excombatientes de distintos grupos armados y de distintas edades que desertaron a la guerra. La última entrevista que tuvimos fue con Yineth y yo quedé fascinada con ella.

¿Por qué?

Porque me regaló una dosis de realidad increíble, pero también porque ella había encontrado a través de la transformación la manera de sobrevivir al país, a partir de la construcción de una identidad múltiple. Y ese elemento me pareció muy interesante narrativamente.

¿Cómo habla de este documental?

Para mí, es la historia singular de una mujer que sobrevive. Yineth es su séptimo nombre, la que trabaja con el Estado para el posacuerdo de paz, pero en ese espectro también están Yira, una niña campesina; Yinan, la niña guerrillera, y Tania, la bailarina erótica. La película abarca el período entre un proceso de paz y otro, es decir, entre el proceso fallido de paz de Pastrana y el del gobierno Santos, que terminó con el Acuerdo.

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¿Qué significa ese tiempo para Yineth?

Para ella, ese momento es crucial, porque su país modifica su destino. En 1998 es la donación de su familia a la guerra. Ella nació en Remolino Alto, en el Caquetá, un lugar que casi ni sale en los mapas, un pueblito muy perdido. En ese momento la guerrillera quería verse muy fuerte en los diálogos de paz que empezaban con Pastrana y por eso hizo lo que se conocía como “cuota en movimiento”, que consistía en movilizar muchas personas de los territorios al Caguán.

¿Yineth terminó en esa cuota?

Sí, ella venía de un lugar que no tenía ninguna presencia del Estado, un lugar muy olvidado; su familia era muy numerosa y ella era la hija mayor. Por eso le tocó irse para la guerrilla.

¿Cómo hacer que la historia de Yineth la vea mucha y muy diversa gente?

Pues estoy convencida de que es fundamental que volvamos sobre estos temas y creo, además, que van a haber cada vez más películas, más libros y más expresiones que nos relaten este conflicto que pasamos y otros que no terminan. Es el arte, sin duda, uno de los encargados de contarnos nuestra historia. Nadie se queja de cuántas películas ha tenido el Holocausto. El cine y el documental siguen siendo una manera de reflexionar muy importante.

¿Por qué cree que hay personas que les huyen a estas temáticas?

Creo que somos un país que políticamente está muy dividido. Eso sí que tiene hastiada a la gente, porque la manera como la gente se ha acercado al conflicto siempre ha sido a través de los noticieros o las estadísticas, pero muy pocas veces nos hemos acercado desde el arte. Como sociedad no hemos hecho procesos de memoria ni de reflexión sobre lo que nos ha pasado y nos sigue pasando. Y necesariamente tendremos que seguir hablando de esto muchos años más. Creería yo.

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¿Cómo acercarlos a estos temas?

Yo creo que desde lo humano. Yineth, por ejemplo, es un personaje que ama las novelas. Y yo apelé a ese elemento que ella me mostró: el amor. Y eso nos conecta a todos. Reconocer esa humanidad nos permite no hacer lecturas y juicios tan pronto y eso permite que la empatía surja rápido. Ahora, también creo que a quienes estos temas les sepa a mierda pues que les sepa a mierda, porque ¿qué hacemos? Con Yineth hemos buscado entrar a espacios amplios. De hecho, ella misma estuvo desfilando hace unos días en Colombia Moda en una pasarela en contra de la violencia hacia la mujer que hizo Diego Guarnizo y María Luisa Ortíz. Y la recepción de ese momento fue bastante bonita. Nosotros también tenemos todo un proyecto de distribución alternativo para las regiones, de la mano con la ONU, con la OIM, con distintas instituciones...

¿Cómo es eso?

Es un proyecto que son como maletas, por así decirlo, que traen la película y algunos elementos didácticos, unas guías de discusión, y otras cosas muy sencillas para que las propias mujeres hagan su lanzamiento regional. Por ejemplo, trae una cuña para mandar por Whats App, y la película en una USB. Ahora, si me preguntas, creo que las regiones son muy receptivas. Lo que falta es llegar a otros sectores sociales. Por ejemplo, hicimos una alianza con Crepes and Waffles para hacer un proyecto con las mujeres que trabajan aquí y que nació de la lucha por conseguir espectadores, que es bastante dura, porque te imaginarás que competir con Rápido y Furioso no es fácil.

¿Qué espera que pase con el documental de Yineth?

Entiendo el momento complejo que estamos viviendo como país y por solo deseo que esta historia la vean muchos y pueda conmoverlos. De hecho, en una de estas búsquedas de aliados estuve presentando la película a una familia muy dividida políticamente. Algunos de ellos eran muy uribistas y otros no. Y lo que me pasó ahí es lo que yo quiero que pase y es que, sin distinción, quedaron conmovidos por esa historia singular. Los hizo pensar que dentro de todo esto existen sujetos con historias de vida y que la posibilidad de futuro está en reconocer eso y tomar algún tipo de acción sobre eso. Y mira, ellos decidieron apoyar mi proyecto. El dolor y el pasado de los otros son válidos, desde la perspectiva en que lo veas. Por eso debemos encontrar un espacio para vernos y reconocernos con esas diferencias.

*Aquí puede consultar la programación del 5º Festival Internacional de Cine por los Derechos Humanos