Eliminar la violencia contra las mujeres, una deuda pendiente

¿Qué proponen las mujeres para implementar los acuerdos de paz?

En la II Cumbre Nacional de Mujeres y Paz se crearon estrategias de trabajo para disminuir la impunidad en crímenes contra las mujeres, promover la participación política, asegurar la tenencia de la tierra y hacer una pedagogía efectiva de los acuerdos.

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La II Cumbre de de Mujeres y Paz finalizó con la publicación de un manifiesto a favor de la paz.
Jhonathan Ramos

Hacer reformas legislativas para garantizar la participación equitativa de mujeres en la política, crear infraestructura para atender a las víctimas de violencia de género, fortalecer la comisión de la verdad y garantizar el acceso a la propiedad rural. Esas son solo algunas de las propuestas que las 500 mujeres representantes de organizaciones de todo el país dieron a conocer en la II Cumbre Nacional de Mujeres y Paz, realizada en Bogotá entre el 19 y el 21 de septiembre

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Este encuentro es el resultado de décadas de trabajo. Desde 1990 con la desmovilización de M-19 y el auge de la violencia paramilitar, las organizaciones de víctimas lideradas por mujeres empezaron a cobrar relevancia nacional. Este movimiento desembocó en la primera cumbre que se hizo en octubre de 2013. En esa ocasión el lema fue “queremos pactar y no ser pactadas” y con esa idea le exigieron al Gobierno nacional asignar dos plenipotenciarias que impulsaran la agenda de las mujeres. El resultado fue óptimo: lograron añadir el enfoque de género a todos los puntos del acuerdo de paz. “Ahora nos alistamos para la implementación de lo acordado. Queremos plantearnos como movimiento de cara a esta oportunidad que se nos abre”, dice Emilia Salamanca, líder del grupo Mujer, paz y seguridad y una de las voceras de la cumbre.

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Para muchas líderes, la implementación es una carrera contrarreloj porque “hay muchas metas que si no se logran los primeros años, los acuerdos pueden ser un fracaso y tendríamos problemas más grandes en Colombia”. Así lo explica Beatriz Quintero, activista dedicada a la garantía de los derechos de las mujeres en Colombia y vocera de la Cumbre. Ella tiene claro que el éxito del proceso de paz dependerá de la participación de las mujeres y de la capacidad de la sociedad colombiana para usar las herramientas que otorga el acuerdo para arrancar de raíz los comportamientos machistas, inequitativos e irrespetuosos que generan violencia. Esta afirmación está respaldad por cifras: la probabilidades de que un acuerdo de paz dure al menos 15 años aumentan en un 35 % cuando hay participación activa de las mujeres.

El primer reto para consolidar los acuerdos con la efectiva participación de las mujeres es formar a todas las líderes territoriales para que entiendan lo que se pactó en La Habana y puedan usarlo para defender sus derechos sociales, económicos, políticos y sexuales. “Para esto hay que crear espacios informales de aprendizaje y socialización de los acuerdos. Hemos encontrado que hacer ollas comunitarias o grupos de tejido ayuda a que las mujeres conversen y ahonden temas de participación política y de los derechos de las mujeres. De ahí se genera un efecto cascada ya que cada mujer replica lo que aprendió”, añade Quintero.

Otro desafío importante en el marco de la Justicia Especial para la Paz es prevenir la impunidad en crímenes contra las mujeres. “Tenemos que lograr que se documenten los casos de violencia de una forma que le sirva a la justicia pero al mismo tiempo dignifique a las mujeres y no las estigmatice. También hay que acondicionar espacios para atender sus necesidades psicolsociales porque todavía hay mucho dolor y debemos sanarnos individual y colectivamete”, explica Marina Gallego, coordinadora nacional de la Ruta Pacífica de las Mujeres.

El acuerdo dejó claro que la violencia sexual no entrará dentro de la amnistía que ofrecerá el Gobierno a los excombatienetes. Para investigarlo se crearán tribunales especiales en temas de género. Tanto en verdad como en justicia habrá un enfoque diferente para las mujeres ya que ellas recibieron de forma especialmente cruenta la violencia desde todos los actores armados legales e ilegales.

Pero aún con todas medidas de seguridad, hay una probabilidad de que culpables de estos crímenes atroces no vayan a la cárcel porque reunir las pruebas no es nada fácil. Por eso organizaciones como Red Nacional de Mujeres, y la Mesa por la Vida y la Salud de las Mujeres y otras como la Casa de la Mujer, la Ruta Pacífica, Mujeres por la Paz, el Colectivo de Pensamiento y acción mujeres, paz y seguridad, están capacitando a decenas de líderes en los territorios para que puedan documentar los casos de forma adecuada. Esto es vital porque esas líderes conocen mejor a las mujeres en sus territorios y pueden ayudar a crear unos expedientes con información más completa.

Pero la violencia en conflicto no fue sólo física y sexual. Nelly Velandia, representante de la Asociación Nacional De Mujeres Campesinas, Indígenas Y Negras De Colombia, explica que la guerra despojó y empobreció a las mujeres rurales. Por eso en los acuerdos quedó establecido que las mujeres tendrán prioridad en el acceso al fondo de tierras que se creará en el posacuerdo. “Se trata de que ellas tengan asegurada la propiedad rural, que incluye todo lo necesario para producir además de la tierra. Afortunadamente muchas de ellas ya tienen experiencia en procesos de restitución e tierrasy por eso pueden liderarlos en el posacuerdo”, explica Belén Sanz, representante de ONU Mujeres en Colombia. 

Una columna de Belén Sánz: El poder colectivo de las mujeres y la paz: oportunidades para la transformación

La pariedad en la participación política fue otro importante eje temático de la cumbre y primordial en la etapa de posacuerdo. “Debemos exigir que en los próximos cuatro años todos los espacios de participación tengan igual representación de mujeres que de hombres: En el partido de las farc, en el Congreso, en los ministerios. Ese es el primer paso para corregir cientos de años de expulsión de los escenarios donde se toman las decisiones y también uno de los objetivos de desarrollo sostenible para el siglo XXI que puso la ONU”, explica Emilia Salamanca. 

Una entrevista con Rosa Emilia Salamanca: ¿Por qué es tan importante el énfoque de género en los acuerdos de paz?

No se puede permitir, añade Salamanca, que los partidos usen la excusa de que no hay suficientes mujeres capacitadas para cargos de liderazgo porque hoy en día más del 60% de los estudiantes universitarios son mujeres. En contraste las mujeres solo ocupan el 21% del Congreso y el 9% de los puestos de liderazgo a nivel local y departamental. Para corregir esta inequidad, se implementarán escuelas políticas que suplan las necesidades de las mujeres en cada región. María Eugenia Sánchez de la Casa de la Mujer, explica que estos lugares aplicaran métodos muy variados para preparar a las mujeres para el liderazgo. “El movimiento de mujeres ha crecido gracias a la iniciativa de colombianas en todas las regiones. Ellas han sabido llevar proyectos de pedagogía con mucha sabiduría y ahora ya están listas para asumir roles en todos los escenarios de toma de decisiones. Con estas escuelas reforzaremos el camino ya recorrido”.

En este momento los movimientos de mujeres y otras organizaciones sociales y políticas no ven los acuerdos solo como una negociación entre el Gobierno y las Farc, sino como una ventana de oportunidad para empezar a saldar deudas sociales que están vigentes desde hace años. El acuerdo en sí no responde a todas las necesidades de los colombianos, explica Emilia Salamanca, pero si se une con la normatividad vigente podría convertirse en un motor de cambio tranversal que impacte otros sectores además de los mencionados en el documento.

“A nosotras no nos interesa un proceso de paz en el que no cambiemos nada, sino uno en el que construyamos una nueva realidad y nos comprometamos a eliminar la violencia contra las mujeres”, concluye Beatriz Quintero.