¿Qué hay detrás de la guerra entre el Eln y el Epl en el Catatumbo?

Los catatumberos padecen toques de queda y desplazamientos forzados por los enfrentamientos entre los dos grupos armados. La sociedad civil propone abrir espacios de diálogo y se opone vivir un conflicto armado más. 

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La llegada del Ejército al corregimiento San Pablo, de Teorama, generó zozobra por la posibilidad de que se generaran combates en el casco urbano. Los catatumberos piden que se abran canales de dialogo./ Cortesía Asociación Campesina del Catatumbo (Ascamcat)

Este jueves la comunidad del corregimiento San Pablo, de Teorama (Norte de Santander), vio patrullando por las calles a uniformados del Ejército. Las alarmas de los líderes se prendieron. El 14 de marzo vieron cómo dos civiles resultaron heridos al quedar en medio de las balas en una confrontación entre integrantes del Ejército Nacional de Liberación (Eln) y el Ejército Popular de Liberación (Epl). “Más armas en la región no resolverán este conflicto”, reza un comunicado de la junta de acción comunal del corregimiento publicado esta semana.

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Desde enero en el Catatumbo rondaban rumores de guerra. “El Eln y el Epl se empezaron a faltar al respeto y estaban incumpliendo acuerdos que tenían entre ellos”, afirma una persona de la región que habló bajo la condición de que su nombre no se revelara. Es tan tensa la situación que tres de las personas con las que habló Colombia2020 pidieron que su identidad se mantuviera oculta. “La cosa está dura”, coincidieron. Así lo confirmó el Eln por medio de un comunicado en el que decían que el Epl les había “declarado la guerra”.  

Desde enero se empezó a sentir en la región la tensión entre ambos grupos armados. A finales de ese mes dos indígenas barí, nativos del Catatumbo, fueron heridos con armas de fuego en una zona fronteriza del río de Oro conocida como Saphadana por los aborígenes (los campesinos la conocen como La Cooperativa). Luego, los indígenas quemaron casas de algunos campesinos señalándolos de ser auxiliadores del Eln. El Epl, por su parte, condenó el ataque contra los indígenas. Los rumores de guerra comenzaron a correr.

Una alerta temprana emitida el 28 de febrero de 2018 por la Defensoría del Pueblo lo advertía. Catatumbo era una región (la otra es el Pacífico) en la que se preveían confrontaciones en el marco de la expansión territorial de distintos grupos armados. Allí hacen presencia hace décadas el Eln y el Epl. En el 2017 el frente 33 de las Farc dejó las armas.

Todas las personas que hablaron para este artículo coinciden en que en los últimos dos años el crecimiento del Epl ha sido “descontrolado”. En la región comentan que el problema radica en que el crecimiento de esa guerrilla ha sido tal que han intentado entrar a zonas controladas por el Eln y eso ha molestado a esta última guerrilla. “Hay un punto de la expansión del Epl en el que el Eln dice “no más””, cuentan. Pero la mayor discordia se concentra en las zonas de frontera.

“Siempre los vi trabajando conjuntamente, pero en la zona de frontera no”, dice una persona de la región. De los nueve municipios que integran la región, cuatro tienen frontera con Venezuela: Tibú, Teorama, Convención y El Carmen. El paso fronterizo es clave en el control de economías ilegales como el contrabando y el narcotráfico. Esto teniendo en cuenta que en la región el cultivo de coca se ha incrementado de manera sostenida desde el 2011. Según la medición de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito la región pasó de tener 6.358 hectáreas, en 2011, a 24.587, en 2017.

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“Sabíamos que con un solo disparo se iba a prender la zona”, señala una persona que trabaja allí. Y así pasó en San Pablo el 14 de marzo cuando un miembro del Eln atacó a otro del Epl que logró huir, pero en los hechos resultaron heridos dos civiles. En San Calixto hubo otro asesinato. Hasta ahora no hay cifras del número de personas que han sido asesinadas por la dificultad para recuperar y contabilizar los cuerpos de quienes mueren en combate.

Las afectaciones contra la sociedad civil están un poco más documentadas. Según cifras del Consejo Noruego para los Refugiados unas 17 mil personas en la región se han visto afectadas por las restricciones a la movilidad, y al acceso a bienes y servicios. Los municipios más afectados son San Calixto, Hacarí y las partes altas de El Tarra y Sardinata.

Riesgos

En la región cada vez toma más fuerza la versión según la cual hay disidencias de las Farc que hasta hoy no son públicas. Incluso, en la alerta temprana de la Defensoría del Pueblo quedó consignado: “en Norte de Santander han circulado mensajes que darían cuenta de la conformación de una disidencia de las Farc en la subregión del Catatumbo. Sin embargo, también se ha conocido que un grupo de excombatientes del frente 33 podrían haberse sumado a un grupo del Epl en la zona de Tibú”.                                                                                                                                                                                                  

Además, el conflicto entre el Eln y el Epl puede escalar. “Eso puede desembocar en algo como lo que sucedió en Arauca”, dijo una persona de la región. Se refiere al temor de que la guerra llegue a niveles de violencia como los que se vivieron en Arauca entre el 2006 y el 2009, por el enfrentamiento que hubo entre las Farc y el Eln. “Allá terminaron matando a los familiares y a los líderes comunales que señalaban de tener vínculos con la insurgencia”, complementa.

Hay preocupación también por los líderes sociales y las organizaciones que hacen presencia en el Catatumbo. La Defensoría había alertado sobre el riesgo que se ceñía sobre 16 organizaciones en febrero. Pero la guerra entre los grupos armados eleva los riesgos. Además, se han dado varias manifestaciones de rechazo a los hechos violentos en la región.

En el corregimiento de Filo Gringo, ubicado en El Tarra, se hicieron marchas tras un enfrentamiento entre el Epl y el Eln que afectó la institución educativa. Tras las movilizaciones en ese corregimiento integrantes del Epl amenazaron a varios de los promotores. “Los líderes están desprotegidos”, afirma una persona. También ha habido movilizaciones en Teorama. 

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En varias veredas y corregimientos de la región  la sociedad civil se ha declarado en asamblea permanente, es decir se reúnen en espacios vedados para los grupos armados para discutir posibles soluciones. El 16 de marzo hubo una asamblea general de juntas comunales de la cual salió una carta para las comandancias del Eln y el Epl en la que expresan la preocupación por la situación humanitaria de la zona y hacen un llamado a un cese al fuego. “Lo que ha demostrado todo esto es que la sociedad catatumbera no va más con la guerra”, enfatiza Juan Carlos Quintero, vicepresidente de la Asociación Campesina del Catatumbo (Ascamcat).

Las salidas de la sociedad civil

Las cuatro personas que hablaron para este artículo coinciden en que la salida al conflicto que se vive en el Catatumbo no será por la vía militar. “Los muchachos que se están enfrentando son hijos de esta misma región”, dice Quintero. “La propuesta que más se está moviendo entre las juntas de acción comunal es que se abran canales de dialogo entre los actores”, cuenta la Asociación Minga que tiene trabajo en la zona hace 25 años.

“Hemos propuesto a todas las fuerzas sociales impulsar un pacto por la vida, la paz y la reconciliación que nos permita ejercer presión social a estos actores para que muestren propuestas de paz”, complementa Quintero. Dice que esperan que los diálogos con el Eln avancen en Quito y conocer una propuesta de paz del Epl. Sobre la mesa de negociación de Ecuador se conoció que el dos de abril el gobierno y la guerrilla se reunirán para explorar la posibilidad de declarar un nuevo cese al fuego.

El 2 de octubre de 2017 se conoció una carta por parte del Epl en la que decían estar dispuestos a “discutir y encontrar las vías posibles para la terminación de la guerra y la conquista de una verdadera paz con justicia social”. De la misiva no se ha vuelto a decir nada, pero en las personas con las que hablamos opinan que el no reconocimiento de ese grupo armado como una guerrilla va a dificultar que haya una salida negociada al conflicto armado.

El Estado colombiano cataloga al Epl como un grupo armado organizado, el mismo estatus que tienen grupos como el Clan del Golfo. Esa calificación impide que el Gobierno llegué a acuerdos de paz con los grupos armados, en caso de abrir canales de dialogo estos tendrían que desembocar en un sometimiento a la justicia. “Eso no va a permitir una apertura y un dialogo”, opina Quintero.

En el 2004 mientras el promedio nacional de homicidios por cada cien mil habitantes estaba en 46, el Catatumbo alcanzó una tasa de 141. La sociedad civil ha quedado en medio de varias guerras en esa región. Por eso en este momento el mensaje es claro: “nosotros ya pasamos capítulos muy oscuros y no estamos en disposición de volverlos a repetir”, concluye Quintero.