Puntadas y dibujos antiguerra: una intervención para la paz

Los uniformes de militares, policías y marineros fueron utilizados por la artista bogotana Valentina Barrera para narrar la otra cara del conflicto armado en Colombia.

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“Puntadas y dibujos antiguerra” estuvo expuesta en la biblioteca el Tintal, en Bogotá. / Cortesía

Valentina Barrera aprendió a narrar el conflicto armado desde otro ángulo. Con el diseño gráfico y las artes plásticas surgió la idea de mostrar la otra cara de la guerra, la de la esperanza y la ilusión, la que otros muchas veces no ven. Así empezó el proyecto Puntadas y dibujos antiguerra.

Atrás quedaron los trajes diferenciadores, el del militar, el de policía y marinero; atrás quedaron las marquillas sobre el costado indicando el rango y el apellido que los distinguía entre unos y otros.

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El comienzo de la obra

Los dos hombres de su casa, su padre y su hermano, fueron militares que estuvieron en las zonas rojas del país cuando la guerra era más caliente. Ella vivía en un barrio militar, uno de esos en los que se busca defender a las familias de los combatientes de un dolor físico y se intenta alejarlas de la facilidad de un atentado o algo que se asemeje al peligro. Aunque el barrio significaba para ellos seguridad, también creaba en los niños un sentimiento diferente a la protección: el de la espera.

Para Barrera y los otros niños del barrio, la supervivencia consistía en no desfallecer si alguno de sus familiares no regresaba a casa, y aunque ella no vivió en carne propia esa angustia, sabía que muchos de sus amigos sentían dolor por no volver a ver a sus padres, hermanos, tíos, primos o incluso a los chicos con los que compartían jugarretas.

Para Barrera, el proceso de la muerte de los combatientes no había quedado resuelto, a pesar del tiempo pasado. Inquieta por lo que sentían los otros que habían entrado en falta, desarrolló una obra que serviría para identificar por medio del arte ese dolor y a nombrarlo, no dejarlo en el olvido. Para ella, el significado de la palabra héroe no se le atribuía solamente a quienes habían logrado alguna victoria, sino que se hacía necesario para hablar y reconocer a quienes habían ofrendado sus vidas para defender a todo un país, esas caras que pocas veces salían en la prensa. Para ella, ellos también eran héroes.

Su obra cobra importancia después del proceso de paz en el país. Agradece la conformación de un pacto que permita la paz, y aunque asegura que su propuesta no es un acto político, su obra adquiere voz al querer demostrar que la forma de victimizar a una población no puede ser sólo para algunos; también es necesario visualizar y nombrar tanto a actores como a defensores del conflicto armado. Esto es posible, según la artista, por medio de la política, pero encuentra mayor convicción al hacerlo por medio del arte.

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Puntadas y dibujos antiguerra es una obra que está divida en tres partes. Por un lado, la artista intervino las prendas de los soldados con la ayuda de los dibujos de los niños que trataron el significado de la familia. Por el otro están los juguetes que eran usados por los niños que pertenecían a las familias de los combatientes, esos que eran iguales a los que tenían los niños que nunca hicieron parte de la guerra, pero que eran cuidados con mayor recelo desde el interior de su barrio.

La tercera parte es una muestra de vidrios con siluetas bordadas que representan a los uniformados y sus niños, haciendo alusión con esta técnica a la fragilidad que el tema conlleva.

La obra de Valentina Barrera ha estado expuesta en diferentes espacios, como el Congreso de la República en el Día de las Víctimas, y en diferentes circuitos de las bibliotecas de Bogotá, como la Julio Mario Santo Domingo, la Virgilio Barco y la del Tintal. Como su tema no hace parte solamente de la visibilización de la otra parte de la guerra, sino que es una puesta en escena artística que ayuda en la construcción de paz, actualmente está trabajando en las piezas que van a complementar su exposición: prendas de los exinsurgentes. Estas serán intervenidas, no sólo con los dibujos, sino también con las cartas que los familiares enviaron mientras ellos estaban en la selva.