Sin que la justicia tenga conclusiones sobre los responsables

Por tercera vez entregan los restos del magistrado Urán

La familia del jurista Carlos Horacio Urán, muerto en el Palacio de Justicia, está nuevamente citada a una ceremonia para recibir sus restos. Su esposa e hijas sólo quieren saber la verdad y no volver a ser revictimizadas.

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Carlos Horacio Urán era magistrado auxiliar del Consejo de Estado en 1985. / Cortesía

Sólo un capítulo judicial tan absurdo como el del holocausto del Palacio de Justicia podría hacer posible un escenario como el que tendrá que vivir la familia Urán Bidegain este viernes 10 de agosto. Por tercera ocasión en 33 años recibirá los restos del magistrado auxiliar del Consejo de Estado Carlos Horacio Urán, quien perdió la vida en los sucesos del 6 y 7 de noviembre de 1985. Lo increíble de la historia es que, a pesar de que una vez más la Fiscalía examinó los restos que la familia ya había inhumado dos veces, la justicia todavía no concluye su investigación respecto a la forma en que perdió la vida el jurista.

Cuando sucedió el ataque del M-19 al Palacio de Justicia y la posterior acción militar, Carlos Horacio Urán tenía 42 años y preparaba su examen doctoral en ciencia política de la Universidad de París. Se desempeñaba como magistrado auxiliar del Consejo de Estado y había participado en la redacción de sentencias condenatorias contra las Fuerzas Militares por casos de tortura durante el Estatuto de Seguridad de Turbay Ayala. Sin que se establecieran las circunstancias de su muerte violenta, su cuerpo apareció en Medicina Legal junto a otros cadáveres.

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En medio de la confusión y el desorden, cuando el cadáver estaba a punto de ser enviado a una fosa común en el Cementerio del Sur, como ocurrió con la mayoría de los cuerpos, una médica cercana a la familia lo reconoció y eso permitió que fuera inhumado en el cementerio Jardines de Paz. No obstante, desde el primer día después del holocausto, la muerte del magistrado Urán se convirtió en un misterio por aclarar. Según la primera versión oficial, su cuerpo había sido encontrado entre las ruinas del primer piso del Palacio, pero había voces que aseguraban que había salido con vida luego de la retoma.

Durante 22 años, la familia Urán Bidegain lamentó su ausencia sin ápice de verdad sobre lo sucedido. Su esposa de origen uruguayo, Ana María Bidegain, y sus cuatro hijas continuaron sus vidas reclamando respuestas. En 2005, cuando la Fiscalía recobró la senda del caso y lo reabrió en busca de aclarar el acertijo de los desaparecidos, volvieron a exigir claridad. Y dos años después sucedió un hecho que empezó a dar luces: en una bóveda secreta del Cantón Norte del Ejército en Bogotá apareció su billetera perforada por una bala. Su familia expresó que siempre la llevaba en el bolsillo izquierdo de su saco.

Un año después, el noticiero de televisión Noticias Uno divulgó un video en el que aparecía un hombre sin camisa y rengueando, saliendo del Palacio de Justicia al lado de un grupo de militares. Tiempo después la familia Urán confirmó que cuando sucedió la batalla en el Palacio de Justicia, un canal español de noticias había presentado una imagen similar en la que se vio a un hombre salir rescatado, con la misma fisionomía del magistrado Urán. Ya en ese momento la Fiscalía empezó a interesarse por el caso. Entonces sobrevino un nuevo hecho que definitivamente lo posicionó como crucial.

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Una Comisión de la Verdad integrada por tres expresidentes de la Corte Suprema de Justicia entregó en diciembre de 2009 un revelador informe en el que el capítulo Urán fue evaluado por aparte. En esencia, concluyó que el magistrado auxiliar sobrevivió a la toma, aunque después apareció su cadáver. En su momento, Ana María Bidegain comentó a este diario que en 1985 lo único que recibió fue su argolla de matrimonio y un llavero con un escudo metálico. Según ella, Medicina Legal agregó en el reporte la expresión “ahumamiento post mórtem”, es decir, quemado después de muerto.

No obstante, a instancias de la Comisión de la Verdad, por testigos se supo, por ejemplo, que fue Carlos Horacio Urán la persona que logró que el M-19 permitiera que uno de los rehenes bajara hasta el primer piso para buscar un diálogo e informar sobre el peligro en el que estaban los sobrevivientes. Incluso, el consejero de Estado Reinaldo Arciniegas recalcó que fue de Urán la idea de entablar esa opción de diálogo. Sin embargo, nunca quedó escrito en un acta dónde se produjo su muerte. Eso sí, dejó la duda sobre el fallecimiento producido por un disparo hecho a contacto, o sea, a corta distancia.

Con estos antecedentes, en 2010 la Fiscalía ordenó exhumar por primera vez el cadáver del magistrado Urán del cementerio Jardines de Paz. Aunque en 1985 un juez de instrucción penal militar concluyó que había muerto por “laceración cerebral por herida en cráneo causada por proyectil de arma de fuego”, sin aclarar el origen de otras heridas, la segunda necropsia avanzó en la explicación de lo que realmente pasó. En síntesis, encontró una segunda herida de bala. Es decir, que hubo dos tiros de gracia: uno en la frente y otro en la nuca, ambos hechos a corta distancia con armas cortas.

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En el mismo informe se concluyó que el cuerpo presentaba también lesiones en los brazos, manos y piernas, que no fueron ocasionadas por esquirlas. La hipótesis de la Fiscalía es que pudo ser torturado, pues tenía quebrado varios dedos. En otras palabras, al parecer fue confundido por guerrilleros y ejecutado. Por esa razón, en ese momento el ente investigador determinó investigar el caso como un delito de lesa humanidad y ordenó reabrir otro expediente distinto al de los desaparecidos, llamando a declarar a varios oficiales y suboficiales de las Fuerzas Militares.

En octubre de 2011, en una ceremonia especial, la familia Urán Bidegain recibió por segunda vez los restos del magistrado para darles sepultura. Tres años más tarde, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) dictó su sentencia condenatoria para el Estado por el caso Palacio de Justicia, y le dedicó varias líneas del informe al caso Urán. Además de admitir que salió con vida del Palacio custodiado por agentes estatales, concluyó que fue privado de la libertad, desaparecido y ejecutado. A pesar de lo sucedido, Anahí Urán, hija mayor del jurista, tuvo clara su conclusión: “No creo que se vaya a hacer justicia”.

Entre 2011 y 2017, a pesar de que del expediente se ocuparon varios fiscales, no hubo avances para aclarar las responsabilidades. Sin embargo, el año anterior la Fiscalía determinó que era necesario volver a revisar el cadáver del magistrado Urán. Así que, para dolor de su familia, nuevamente fue exhumado. Lo paradójico es que esta vez, entre los argumentos para adelantar la diligencia, se añadió que se buscaba verificar si el ente investigador le había entregado correctamente los restos. Como se sabe, hay varios casos de cadáveres inhumados en tumbas equivocadas.

Después de un año de exámenes, por tercera vez la familia Urán Bidegain recibirá los restos del magistrado. Con homenaje póstumo incluido, en el auditorio Rodrigo Lara Bonilla de Medicina Legal está prevista la entrega del informe de conclusiones. El sábado, en la capilla Nuestra Señora de Fátima del Colegio San Bartolomé La Merced, se realizará el acto de entrega digna del cadáver. Sin bajar la guardia en sus exigencias de justicia, la esposa y las hijas de Carlos Horacio Urán acudirán al evento. Como en 1985, “revictimizadas por los recuerdos y por el Estado”, en palabras de Anahí Urán, saben que la pelea por la verdad continúa.