¿Por qué el papa se fue en contra de los puteros?

“Quien paga por sexo es un criminal”, fueron las poco amables palabras del papa Francisco. En plena Semana Santa le explicamos qué hay detrás de esta declaración.

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El nombre del papa Francisco es Jorge Bergoglio. /Foto: archivo EFE

Una joven nigeriana le cuenta al papa Francisco sus sufrimientos cuando terminó engañada en una red de prostitución en Italia, donde muchos de sus “clientes” se reconocían católicos. Francisco escuchó su testimonio y dijo: "Pido perdón por todos los católicos que cometen este acto criminal" (…) "Es la esclavitud del presente. Aquí en Italia, hay que decirlo, el 90% de los clientes son bautizados, católicos. Y son muchos", dijo y comentó el "asco que tienen que sentir las mujeres cuando van con estos hombres que les piden cosas".

"Un crimen contra la humanidad" que nace "de una mentalidad enferma que dice que la mujer tiene que ser explotada", expresó y sentenció: "Si un joven tiene esta costumbre, que la deje. Es un criminal. Puede decir que va para hacer el amor, pero esto no es hacer el amor. Es torturar a una mujer. Es una enfermedad".

La escena se dio hace una semana durante los preparativos del Sínodo que se celebró en el Vaticano con jóvenes de todo el mundo, en Roma (Italia). Pero la preocupación no es nueva.

De hecho, en noviembre de 2011, el papa Benedicto XVI afirmó: “Hay que afrontar la discriminación sexual de las mujeres. Toda persona, tanto hombre como mujer, está destinada a ser para los demás. Una relación que no respete el hecho de que el hombre y la mujer tienen la misma dignidad, constituye un crimen grave contra la humanidad. Ya es hora de detener de modo enérgico la prostitución, así como la amplia difusión de material de contenido erótico o pornográfico, también en Internet”.

Con la llegada del papa Francisco este discurso ha tenido un especial énfasis. En septiembre de 2015, ante las Naciones Unidas, Francisco exaltó su compromiso frente a cualquier forma contemporánea de esclavitud, y reafirmó que la trata y los sistemas de explotación alimentados por ella, como la prostitución, el comercio de órganos, los vientres subrogados o el trabajo forzoso, son crímenes de lesa humanidad, porque violan la dignidad y la integridad de las personas. Esto ante el creciente tráfico internacional de personas con fines de explotación sexual o laboral realizado por redes de tratantes transnacionales.

En noviembre de 2017 se dio otro evento importante. La Academia Pontificia de Ciencias y Ciencias Sociales, órgano de la Santa Sede, hizo un encuentro de Juezas y Procuradoras sobre el tráfico humano y el crimen organizado. Al final,  60 mujeres juezas y procuradoras del mundo  y un hombre suscribieron la siguiente declaración:  

“Perpetuar la explotación es perpetuar la violencia y la desigualdad. La trata instituye un sistema de compraventa de seres humanos, en el que son tan responsables los que venden a las mujeres, hombres, niños y niñas, como quienes los compran, esos que todavía son mal llamados "clientes". Por tal motivo, promovemos y apoyamos sin fisuras el modelo nórdico que, por primera vez en la historia, penaliza la compra de cualquier acto sexual, descriminaliza a las víctimas y sitúa a los Estados como principales garantes de la paz y la cohesión social”.

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El único hombre que firmó este documento fue monseñor Marcelo Sánchez Sorondo, canciller de la Academia Pontificia de Ciencias y Ciencias Sociales. Sánchez Sorondo ha sido uno de los grandes impulsores del tema en el Vaticano. Fue el organizador de ese encuentro y de otro igual de importante, a pedido del papa, en noviembre de 2013: un seminario internacional con expertos mundiales en la materia.  

El objetivo era tener una estimación exacta de la magnitud del problema para conseguir líneas concretas de orientación para combatirlo dijo Sánchez Sorondo, en entrevista al periódico argentino La Nación, y contó que "apenas lo consagraron Papa, Francisco recibió a la Academia. Le agradecimos con una carta en la que le preguntamos si quería que estudiáramos algún tema en particular, cosa que hemos hecho con todos los papas. Pero ningún papa contestó. Este sí: inmediatamente, nos pidió que estudiáramos la trata de personas", contó este porteño que vive en Roma desde 1971.

Con la llegada del papa Francisco era la primera vez que se analizaba y buscaba documentarse a fondo este tema en el Vaticano. La Iglesia tenía una posición general contra la esclavitud, contra la prostitución, contra el trabajo esclavo, pero tenía poquísimos documentos. Es más, el Vaticano ni siquiera adhirió al Protocolo de Palermo en contra del tráfico humano. “Nos dio bastante trabajo que lo aceptaran porque es un tema poco conocido, pero estudiándolo uno se da cuenta de que es la parte más negra de lo que el Papa llama "la globalización de la indiferencia", porque venden gente y venden chicas, es un problema muy grave”, expresó Sánchez Sorondo en su momento.

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En ese momento, Sánchez Sorondo explicó el fenómeno: los países con una vasta industria sexual engendran la demanda, pero son los países pobres quienes proporcionan mayormente el suministro. “Las regiones de origen de la mayoría de las víctimas son las exrepúblicas soviéticas, Asia y América Latina”. Colombia, por supuesto, no se queda atrás. La prostitución es considerada el “oficio más antiguo del mundo” y se habla de esta como si nada, omitiendo las redes de crimen organizado que la alientan y la violencia, mayoritariamente hacia ellas, las prostitutas, que está relacionada con su práctica. Muchos hombres colombianos rezan en Semana Santa y después “celebran” la fiesta de solteros en un “putiadero”, al estilo del “que peca y reza empata” y viceversa. 

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