"Paz mi pez, estamos muy grandes para matarnos": Luz Ángela Mastrodoménico

¿Cómo con nuestras acciones cotidianas contribuimos a que estemos en paz? A esto apunta Paz mi Pez, a través de mensajes y camisetas que reflexionan sobre la paz colectiva desde el día a día de cada uno. Entrevista con la "mamá" de esta iniciativa.

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Luz Ángela Mastrodoménico tiene 27 años y es la cara detrás del movimiento Paz mi Pez. /María José Noriega.

Luz Ángela Mastrodoménico tiene 27 años y es la cara detrás del movimiento Paz mi Pez, una apuesta que busca a través de mensajes y camisetas reflexionar sobre la paz desde el día a día. Luz Ángela es una idealista y tiene plena confianza en la transformación individual de las personas. Ella cree que el primer paso para disfrutar de un ambiente pacífico es que cada persona esté en paz consigo misma. Así, en la medida en la que haya paz individual, va a haber paz colectiva, asegura.

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Esta iniciativa surgió cuando el Gobierno y las Farc, la guerrilla más vieja del continente, llegaron a un acuerdo de paz en 2016, tras 50 años de guerra, pero tiene una idea que va más allá de lo político. Busca que las personas se pregunten ¿cómo, en nuestras acciones cotidianas, contribuimos a que estemos en paz? A esto apunta Paz mi Pez; a transformar las acciones cotidianas de las personas para cambiar la convivencia entre todos.

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¿Alguna vez tuvo alguna cercanía con el conflicto armado? ¿Alguna relación directa?

No realmente.

¿Qué concepto tiene de paz?

Para mí es la tolerancia ante la diferencia. Es la aceptación de la diferencia. Es la comprensión y  la compasión.

¿Cómo surgió la iniciativa de Paz mi Pez?

Surgió a partir de una serie de sucesos. A partir de unas pistas que me fue dejando la vida y yo las fui recogiendo. Yo estaba trabajando como diseñadora en el área de diseño de Andrés Carne de Res. Un día, en mi oficina, se me ocurrió una idea muy sencilla: hacer una campaña con camisetas que tengan mensajes pacificadores.

Ese día yo me acababa de bajar de un Transmilenio en el que fácilmente alguien se pudo haber codeado con alguien, o alguien puedo haber insultado a otro. En ese instante me puse a pensar en que como país estábamos atravesando un proceso de paz, pero ¿qué estaba haciendo cada uno para vivir de tal manera?

En mi oficina me puse a hacer el logo. Fue así, de una. También hice un montaje de cómo se vería la camiseta. Después de dos semanas renuncié a mi trabajo y con la cesantías mandé a hacer 20 camisetas. ¿Por qué camisetas? Porque la camiseta tiene la capacidad de hablar sin necesidad de que digas una sola palabra. Además, es una forma de tener un punto de vista totalmente pacífico y es un recordatorio constante de qué estás haciendo para portarla.

Siendo una persona que viene del mundo del diseño gráfico, un mundo apolítico, ¿cómo termina aterrizando en una iniciativa como esta?

Yo crecí en un hogar supremamente pacífico y lleno de amor. Al principio pensaba que esa era la regla, que todo el mundo vivía en armonía y paz. Con los años me fui dando cuenta que la realidad era otra. Realmente había sido un privilegio crecer en un hogar así. Mientras las personas creían que la paz no era una posibilidad, yo estaba segura de que era la posibilidad.

¿Cuál es su postura frente al discurso de guerra o paz que viene desde mucho tiempo atrás en las elecciones?

Es muy complicado encasillar la palabra paz en un contexto político porque eso es algo mucho más profundo que ocurre en el interior de cada ser humano. Es una forma de manosear mucho una palabra que realmente debería mantener su origen quietico. Estamos hablando de la terminación de un conflicto armado, pero la paz es otro proceso y es mucho más individual.

¿Cree que es decisivo que en las próximas elecciones gane un candidato que le apueste a cumplir con el Acuerdo de Paz?

Creo que es importante porque los procesos políticos generan un efecto sobre las personas. Es decir, si en el país estamos hablando de reconciliación, de pronto las personas, individualmente, también van a empezar a pensar en esos conceptos.

Yo sí creo que es necesario seguir estos procesos y darles continuidad porque estamos muy grandes para seguir matándonos. En el fondo, cada una de las personas que participan en esta guerra también son seres humanos que sienten, que tienen una familia, que tienen sueños, que tiene miedos. La guerra ha sido un pretexto para evadir un montón de cosas, entre ellas, el reconocimiento del otro.

Paz mi Pez surgió en un contexto de Acuerdo de Paz. ¿Cómo piensa seguir este movimiento?

Así como lo he construido hasta ahora es como lo quiero construir en el futuro. Es básicamente dejarlo ser. Más que la fundadora, yo me siento la mamá de Paz mi Pez porque siento que él tiene vida propia y marca su propio camino. Yo voy llevándolo.

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Sé que lo de las camisetas va a ser una cosa que va a explotar. Espero que las pirateen y las vendan en los semáforos. Eso sería lo mejor que me puede pasar. Eso querría decir que una propuesta tan llena de amor está llegando a todos los rincones. Sin embargo, yo no te puedo decir a ciencia cierta qué va a pasar. Yo utilizo mi intuición para saber hacia dónde ir.

¿Por qué crear un movimiento que le llegue a los jóvenes?¿Cuáles son las estrategias para hacerlo?

Los jóvenes son seres absolutamente vulnerables que absorben cualquier cosa. Tanto lo bueno como lo malo. Además, ellos están en el proceso de descubrirse como personas. Qué bonito poner cosas buenas al servicio de ellos para que puedan incorporarlo en su vida y generar un peso más grande sobre aquellas cosas que los pueden desequilibrar. Si se les brinda un camino en el cual hay tolerancia, amor y respeto, seguramente eso les va a dar las herramientas para que ellos crezcan bajo esos principios.  

Aquí el lenguaje es clave. Somos nosotros los que nos conectamos a través de las palabras. Con esa forma tan cotidiana y directa de hablar. Por eso es que las frases de Paz mi Pez vienen de lo que me sucede día a día. Vienen de lo que escucho, de lo que veo. Lo que estas frases buscan es generar un llamado a la acción a partir de cosas supremamente sencillas, pero concretas, que permitan que las personas empiecen a trabajar ese despertar de conciencia, de manera individual.

Pie de foto: mensaje de Paz mi Pez en redes sociales.

¿Por qué centrarse en actitudes cotidianas? ¿Cómo esas acciones cotidianas pueden ayudar a fomentar la paz?

Nosotros hemos vivido en una cultura de guerra y se han generado choques evidentes en la vida cotidiana. Esto se traduce en me miró mal, habló mal de mí, etc. Llevar la paz a la vida cotidiana es la forma de hacerla práctica. Esta practicidad se logra estando en paz contigo mismo y con las personas que están alrededor. Esta es la base de todo. Lo que sucede a nivel político va a tener una pequeña influencia sobre ti, pero no va a gobernar un montón de cosas individuales que tienes como ser humano.

¿Cuál ha sido un logro importante de la iniciativa?

Yo lo percibo, quizás, cuando voy a las diferentes ciudades. Siento que la gente realmente se emociona cuando va a comprar la camiseta. Las personas llegan felices y se sienten orgullosas de ponérsela. Esto muestra que ellas se han conectado con el proyecto y con los mensajes.

¿Cuál es el alcance que espera tener con el movimiento?

Que la camiseta Paz mi Pez sea la camiseta que toda Colombia tenga en su clóset. Así como todos tienen la camiseta de la Selección Colombia, yo sueño con que la camiseta del movimiento represente, a nivel nacional e internacional, el proceso de paz que estamos viviendo. Espero que la camiseta sea un símbolo de pacifismo, de perdón, de alegría y de reconocimiento del otro.

¿Qué es el chiro de la paz?

Es una camiseta, pero sobre todo una herramienta de transformación. Es una paz ambulante. Yo no entendía el poder de la camiseta hasta que la empecé a usar. Al principio me daba pena ponérmela porque, claro, es expresar un punto de vista con personas que no conoces. Lo más lindo fue darme cuenta que cuando me lo ponía me esforzaba mucho más por ser mejor persona, por ser amable.

 

 

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