"Nunca buscamos aniquilar a las Farc": contraalmirante Orlando Romero

Al final del proceso de desarme, el alto oficial –delegado del Gobierno en el Mecanismo de Monitoreo y Verificación que termina hoy su mandato– destaca cómo vencieron las desconfianzas con las Farc y explica por qué esta vez el estamento militar se comprometió con el Acuerdo. 

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El contraalmirante Orlando Romero comenta que “cuando entramos los militares a la negociación, se generó confianza y se dinamizó la mesa”. / Mauricio Alvarado - El Espectador

Hasta hace tres años, el contraalmirante Orlando Romero era el jefe de inteligencia de la Armada Nacional. De allí salió con el encargo de sentarse, junto a otros cinco generales y otros oficiales de la Fuerza Pública, a discutir con las Farc, en La Habana, las reglas para acabar con la guerra. Subcomisión Técnica de Fin del Conflicto, fue el nombre que la mesa de conversaciones le dio a esa instancia, en la que combatientes de lado y lado propusieron fórmulas para acordar el cese al fuego bilateral y definitivo y la dejación de armas, entre otros temas. El resultado fue el acuerdo del punto 3 que se conoció el 24 de junio del año pasado. De allí salieron los protocolos del cese al fuego, la creación y ubicación de las 26 zonas veredales donde se concentraron las Farc, el cronograma para la dejación de armas y la forma como las tres partes verificarían el cumplimiento de estas reglas.

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El contraalmirante fue la cabeza por parte del Gobierno del Mecanismo de Monitoreo y Verificación, una instancia conformada también por miembros de las Farc y observadores de la ONU, que termina hoy su mandato con un balance positivo, según sus palabras.

¿Cómo se comportó la Fuerza Pública? 
La responsabilidad de las zonas estuvo a cargo de la Fuerza Pública. Durante este cese al fuego se mejoraron los índices de violencia y el nivel de confianza y comunicación con la población civil. Las Farc reconocen el profesionalismo de la Policía en la seguridad y protección que les han brindado, tanto que no quieren dejar de tener esa seguridad. El trabajo del Batallón de Ingenieros en las zonas veredales fue magnífico. No existe compañía que pueda dar resultados como estos: se arreglaron 338 kilómetros de vías terciarias en menos de un año, ya se firmó un contrato para 114 kilómetros más. Faltan más recursos.

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Pero hubo dos integrantes de las Farc muertos y otros incidentes...
Se presentaron más de 440 casos, incidentes leves (que no implicaban heridos o muertos) y unos más delicados (no fueron más de 10) en los que hubo heridos de Fuerza Pública y Farc, y solo dos muertes en una operación en el sur de Bolívar de integrantes de las Farc. En este caso la Fuerza Pública actuó con el pleno convencimiento de que ellos eran integrantes del Eln. Hoy las disidencias, el Eln y las bandas criminales son un riesgo, pero la comunidad da fe de que hay un mejor ambiente de seguridad y convivencia, las autoridades han retornado. Vimos casos de alcaldes que volvían a las veredas después de 40 años de ausencia. 

Se dice que este mecanismo será ejemplo en el mundo, ¿por qué?
El equipo tripartito nos demostró que sí se puede trabajar con dos bandos que estaban enfrentados. El método de resolución de conflictos fue efectivo, porque la ONU fue un articulador que ayudaba a buscar consenso y cuando no se podía lograr, las partes aceptamos la decisión que tomara Naciones Unidas. No hay antecedente en el mundo de obtener el desarme en tan corto tiempo, y eso que teníamos 26 zonas con problemas de acceso. La participación de la mujer fue esencial y es un ejemplo: el 12 % de los observadores internacionales, 39 % de las Farc y 8 % del Gobierno. No hubo cuerpos armados extranjeros participando en esta operación. Por primera vez se integró la experiencia internacional de la ONU con la Celac. Los tres componentes trabajamos en pedagogía con las comunidades. 

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¿Y qué no funcionó?
Faltaron cursos de acoplamiento y pedagogía para los equipos locales, se hizo solo en el nivel nacional y el regional. El mecanismo debió tener un presupuesto propio para tener autonomía en su funcionamiento. Por ejemplo, para los movimientos nosotros teníamos viáticos, la ONU también, pero las Farc no, entonces había que hacer solicitud a Fondopaz y cuando no había recursos, no se hacían. Nos faltó tener equipo de comunicaciones, página de internet y cuentas en redes sociales. Tuvimos gente desplegada en todas las zonas que hubiera podido interactuar mejor con sus testimonios, fotos y videos. Eso impidió que pudiéramos reaccionar mejor ante tanta información falsa que circuló para atacar el proceso.

Las Farc pensaron que si la amnistía se las daba la Rama Judicial se blindaban a futuro y les daba más garantías, pero eso no salió bien. Hubiera sido mejor que fuera por una decisión del presidente de la República. Creo que también se equivocaron al seleccionar las zonas veredales con una visión táctica militar, es decir, pensando en que, si esto fracasaba, tendrían zonas de escape, y no tuvieron en cuenta que su objetivo principal era hacer política y estar cerca de la gente.

Los listados para certificar a los integrantes de la Farc se hicieron con seudónimos y así se buscó el levantamiento de órdenes de captura. Las Farc siempre tuvieron desconfianza en ese sentido y la plena identidad se dio hasta el final, eso demoró la cedulación, las certificaciones, el proceso de bancarización. Si se hubiera hecho desde el principio con nombre real, se hubiera facilitado todo. El otro desfase fue que no se extrajeron todas las caletas antes del lanzamiento del partido de las Farc.

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¿Qué hace falta para hacer esa extracción?
Se necesita precisar desde el punto de vista legal cómo sería ese proceso, ¿deben estar otras autoridades como la Fiscalía y la Procuraduría, de dónde saldrán los recursos para trasladar a los caleteros de Farc, para la comida y el transporte de los equipos? Antes la ONU pagaba, ahora le toca al Gobierno.

¿Qué pasó para que esta vez el estamento militar sí estuviera comprometido con el proceso?
Cuando entramos los militares a la negociación, se generó confianza y se dinamizó la mesa. Teníamos con la contraparte una historia en común, la guerra, los muertos, los heridos, el conocimiento del terreno. Eso genera respeto. Vimos que ellos tenían desconfianza en la clase política y no tanto en los militares. Las Farc pensaron que si nosotros estábamos ahí, era porque la negociación iba en serio. La confianza se construyó con la capacitación que se hizo para dar a conocer los protocolos y con el proceso de delimitación de las zonas veredales. 

También porque fuimos muy sinceros y les dijimos que sabíamos todo de ellos y no nos podían engañar. Fue muy importante resolver los problemas del día a día, ahí las Farc se dieron cuenta que no éramos, como pensaban, unos violadores de los derechos humanos que apoyaban a la oligarquía.

¿Por qué cree que se respetó el cese al fuego a pesar de tantos problemas?
Las Farc son una organización con mucha disciplina. Las Fuerzas Militares recibieron instrucciones del presidente y también cumplieron las órdenes. Había una decisión política de lado y lado. Sentíamos la necesidad de que esto que construimos quienes estuvimos en la guerra se cumpliera exitosamente, no queríamos dejar a los colombianos con los crespos hechos. Había desconfianza de la voluntad de paz, pero los vimos con tantas mujeres embarazadas y lactantes, y el resultado es de los más eficientes, con el mayor número de armas entregadas por hombre. Y, de otra parte, ellos vieron que su vida dependía de nuestra responsabilidad y cumplimos.

Creo que el país no está preparado para entender lo que ha pasado; la gente no ha entendido la importancia de la vida del ser humano. Hay muchos que promueven el empleo de la fuerza sin importar si es legal o ilegal. Tenemos que sensibilizar, reconciliar a muchas personas que promueven la guerra sin entender lo que significa.

¿Cómo cambiar la mentalidad de guerra de la Fuerza Pública con 480 mil integrantes?
Existe la concepción errada de que los militares buscamos el aniquilamiento del enemigo y que el enemigo eran las Farc. No es así. Las Fuerzas Militares respetan los derechos humanos, las leyes y la Constitución. Claro que tenemos lunares y le hemos dado la cara al mundo diciendo que hemos cometido errores. Esta es una decisión política y el estamento militar está sujeto al poder político.
En lo personal, ¿qué le quedó de esta experiencia?

Aprendí que uno tiene que respetar las diferentes opiniones, que no hay una verdad absoluta, que somos más cuando podemos trabajar en equipo, que debemos involucrarnos más con la sociedad. A veces criticamos a las Farc diciendo que están en su burbuja, y nosotros también lo hacemos. Hay que romper esos paradigmas y darnos más a la sociedad. Conocí mucha gente que no tiene casa ni educación y tiene un sentido de patriotismo grande, lo que hace falta es educación, mejorar las condiciones básicas. La reforma rural integral es importante para la reincorporación de las Farc.

La experiencia más grande que tuve como militar fue escuchar a las víctimas. Me dejó una paz espiritual, entendí que esto que estamos haciendo es lo mejor para Colombia, así exista gente con el deseo de venganza, de generar cizaña. Tenemos que entender que Colombia es más que las leyes, más que los intereses políticos y entender que todos cabemos aquí. Todavía hay muchas heridas y nuestra gente no ha aprendido a perdonar. Debe haber un proceso para aprender a reconciliarnos. Con esto no llegó la paz, lo que hubo fue un cese al fuego; la paz se da con equidad, salud, educación.

Entonces, ¿esta guerra fue inútil?
El objetivo de la guerra era evitar que se tomaran el país por las armas. Cuando un grupo se sienta a negociar porque le mostramos que el camino no es el de las armas, eso es valioso. Si el fin de la guerra es garantizar la paz, me siento satisfecho con lo que hicimos. El fin de la guerra no era matar a la gente, y si hay militares que piensan así, están equivocados. El verdadero estratega militar es el que está pensando en cómo consolidar la paz, no el que está pensando en tener una estructura armada para imponer su voluntad.