No desfallecer, un llamado de paz para este 2018

El proceso de negociación con el Eln, la puesta en marcha del sistema de justicia transicional, la posibilidad de que los ciudadanos decidamos quién debe dirigir los destinos del país. Las oportunidades que tenemos como colombianos este 2018 según la directora de Colombia2020, Gloria Castrillón. 

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Este es un dibujo del libro "Les dimos la mano, tomaron la piel", que pintó un niño víctima del conflicto armado.

Dos postales para el recuerdo: Pablo Catatumbo, secretario político del partido FARC, estrechando la mano de Freddy Rendón Herrera, antiguo comandante del Bloque Central Bolívar de las Auc. El padre Francisco de Roux auspiciando otro estrechón de manos, el de Rodrigo Pérez Alzate, exjefe de las Auc; Jairo Quintero, excomandante del frente 24 de las Farc, y César González, líder de la comunidad de Simití, víctima de estos dos señores de la guerra en el sur de Bolívar.

Estos dos encuentros, improbables hace un año, fueron portada de este diario hace unas semanas a instancias de conversatorios organizados por Colombia 2020. Esas dos imágenes reflejan el largo camino que se ha recorrido en busca de la reconciliación. Un camino tortuoso, en medio de una polarización política que impide ver lo alcanzado, que no deja oír los testimonios de miles de colombianos que, sin discursos ni ideologías, le han apostado a la construcción conjunta de país. No se trata de olvidar, tampoco de borrar las heridas que ha dejado la guerra, como lo relatan las historias que presentamos en esta edición. Se trata, en cambio, de reconocer las afectaciones que ha dejado el conflicto, de permitirnos ver el ser humano que hay detrás de un presunto enemigo y de hacer un compromiso para que esos hechos dolorosos no se vuelvan a repetir.

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A eso le ha apostado Colombia2020 desde su nacimiento hace casi dos años. Y con ese empeño trabajamos este 2017, convencidos de que desde los medios masivos de comunicación se pueden hacer aportes concretos. Recorrimos el país escuchando a los líderes sociales, mujeres, campesinos, afros, indígenas y jóvenes que nos dieron lecciones de resiliencia y de construcción colectiva de sociedad. Miles de ciudadanos los vieron y los escucharon en vivo y a través de nuestras plataformas digitales. Quedan evidencias de que sus experiencias han inspirado a otros, de que se crearon y fortalecieron redes de trabajo.

¡Qué falta nos hacía escucharnos!

Por eso nuestro balance es alentador y esperanzador, a pesar de las versiones apocalípticas que quieren condenarnos a repetir la historia. Es cierto que los retos son abrumadores. La implementación del Acuerdo de Paz con las Farc va a un ritmo que no concuerda con la realidad que se vive en los territorios, los líderes sociales siguen cayendo asesinados a pesar de las alertas y denuncias, la campaña electoral que ya arrancó promete más de lo mismo que ya sufrimos: mentiras, distorsiones, discursos de odio.

Pero 2018 nos presenta otras promesas: el proceso de negociación con el Eln, la puesta en marcha del sistema de justicia transicional que debe ser garantía de verdad, justicia, reparación y no repetición para las víctimas que no se tuvieron en cuenta durante los debates en el Congreso, la posibilidad de que los ciudadanos decidamos quién debe dirigir los destinos del país. Esas son oportunidades que no se deben desaprovechar.

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Les quedan otras oportunidades a las instituciones -Congreso y altas cortes- para que se cumpla con la premisa de tener a las víctimas en el centro de este proceso de implementación.

Para Colombia 2020 quedan varias promesas. No desfallecer en el empeño de seguir acompañando a las comunidades, de servir de plataforma de encuentro y de diálogos -los probables y los más improbables, de hacer más aportes desde nuestra nueva sección de Justicia para la Paz para demostrar que la reconciliación sí es posible, como lo relatan los protagonistas.

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