Mujeres piden pista en la paz con el Eln

Una de las propuestas verbalizadas para el proceso de construcción de paz fue la descentralización de las mesas de negociación de paz.

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En medio del encuentro de alcaldesas las mujeres pidieron pista en la paz con el Eln/ Mauricio Alvarado.

"El problema de la mujer siempre ha sido un problema de hombres", acertó a decir Simone de Beauvoir. Esta cuestión se acentúa cuando se pone sobre la mesa la participación política de las mujeres en un proyecto de tanta envergadura como es la construcción de la paz en un país que ha arrastrado un conflicto armado durante más de media década.

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La apuesta es tan contundente como las cifras que la acompañan. El 52% de la población colombiana son mujeres y, a su vez, éstas no ocupan más que el 22% de la representación al Congreso de la República y el 11% de las Alcaldías. Este patrón reafirma la idea de que las mujeres están lejos aún de ocupar buena parte de cargos políticos y contribuir a la paz de forma equitativa.

Por ello, se celebró un encuentro entre alcaldesas de todo el país con Luz Helena Sarmiento, delegada del Gobierno en la mesa de negociación de paz con el Ejército Nacional de Liberación (ELN). El espacio estaba promovido por la Federación Colombiana de Municipios, la embajada sueca y la MAPP OEA, con el objetivo de debatir propuestas para trabajar el enfoque de género en los acuerdos de paz y promover la incidencia política femenina. Uno de los puntos controvertidos del debate fue el enfoque de género -inexistente- en las conversaciones entre el Gobierno y el ELN en Quito. “El tema de género no estaba sobre la mesa”, advirtió Sarmiento, hecho que conllevó una suerte de rechazo y murmurio generalizado en la sala.

“Había muchas mujeres en La Habana que no se sintieron representadas”, sentenció Jenni Nair Gómez, alcaldesa de Villa Rica (Cauca). Su intención era debatir el precedente más inmediato -el acuerdo de paz con las FARC, que sí que contaba con una mesa para trabajar la cuestión de género- para no repetir errores con el proceso con el ELN. En este sentido, también llovieron críticas por la falta de recursos en las regiones y en las municipalidades. “A mi municipio nunca llegaron recursos” se quejó Claudia Inés Cabrera, alcaldesa de Policarpa (Nariño); “a mí me ha tocado borrar carteles de paramilitares”, concluyó Cabrera.

Asimismo, hubo espacio para la construcción de una base reconciliadora. Deyanira Ardila, alcaldesa de Barbosa (Santander), contaba que su hermano fue secuestrado por el ELN en 2001. “Nada devuelve a la vida a alguien que ha muerto en cautiverio” decía, pero es necesario “desarmar el corazón”. Sus palabras fueron las únicas que desataron aplausos espontáneos entre todas las mujeres de la sala.

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Una de las propuestas verbalizadas para el proceso de construcción de paz fue la descentralización de las mesas de negociación de paz. En este sentido, había un reclamo por parte de muchas alcaldesas de hacer los encuentros en sus regiones. También se propuso rediseñar la Ley de cuotas y que al menos una mujer por región estuviera en la mesa de diálogo. Asimismo, se habló de dinámicas que habían dado buenos resultados a nivel local como trabajar la autoestima de las niñas y enseñarles a participar de la vida pública.

De naturaleza bien compleja, el acuerdo de paz con el ELN contempla de momento tres grandes campos: en primer lugar, la participación de la sociedad civil. Este es quizás el punto más relevante para el ELN puesto que es una guerrilla organizada en federaciones y, tal como dijo la delegada del Gobierno, “la pirámide del ELN se construye de abajo para arriba”. El segundo y el tercer punto hacen referencia a las cuestiones de la democracia para la paz y a las transformaciones que se tienen que llevar a cabo para con este objetivo. La falta de enfoque de género en los acuerdos de paz con el ELN es el reto primordial y así lo manifestó Tommy Strömberg, embajador de Suecia; “la paz se hace mejor con las mujeres; más mujeres, más paz”.