Mesa con Eln, a la espera de ser liberada

El presidente Iván Duque sostuvo que si la guerrilla tiene un gesto de voluntad de paz poniendo en libertad a todos los secuestrados, nombrará equipo negociador y continuará el esfuerzo de paz.

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El jueves pasado el Eln liberó en Arauca a tres militares que mantenía secuestrados desde agosto. / AFP

Al finalizar el plazo de evaluación de la mesa de diálogos con el Eln, el presidente Iván Duque dejó claro que tiene la intención de continuar la negociación de paz, aunque fue enfático en una exigencia: “Hemos dicho que como gobierno tenemos toda la voluntad, pero si y solo si hay un camino creíble, y ese camino creíble debe empezar por dar por terminadas todas las actividades criminales, empezando por la liberación de todos los secuestrados”. El mensaje entre líneas de Duque salta a la vista: no levantó la mesa y planteó que tiene equipo negociador listo si la guerrilla libera a las personas en cautiverio.

Es claro que el presidente dejó en suspenso la mesa esperando el desenlace de las operaciones de liberación anunciadas por el Eln. “Celebro que en los últimos días varias personas han regresado a sus hogares, celebro que en las próximas horas lo hagan más personas, pero aquí se necesita un gesto contundente hacia el pueblo colombiano y tiene que ser la liberación de todos los secuestrados. Si esa premisa se cumple y se dan por terminadas esas actividades criminales, estamos listos a iniciar esa exploración, pero esa exploración debe tener una agenda clara y unos tiempos definidos. Es por eso que hasta que no se cumpla esa premisa, no vamos a designar a nadie para que se siente en esa mesa”, puntualizó.

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Así las cosas, el Gobierno queda a la espera de que la guerrilla cumpla la palabra empeñada: liberar, con el acompañamiento de la Iglesia y el Comité Internacional de la Cruz Roja, a los seis uniformados secuestrados en Chocó. El jefe negociador del Eln anunció que las liberaciones se producirían cuanto antes, muy probablemente a principio de esta semana. El Ejecutivo espera que esto vaya acompañado de una declaración de proscripción del secuestro, que sería suficiente para poner a marchar la mesa que se mantiene en suspenso en La Habana (Cuba).

La oportunidad resulta inédita para las partes. Para el Gobierno es el chance de “demostrar” que se puede negociar sin mayores concesiones, y para el Eln es el escenario perfecto, pues sin las Farc en el escenario son el principal objetivo de negociación, ya que, históricamente, los gobiernos concentraban todo su capital político y tiempo en conseguir un acuerdo con las Farc. Con éstas ya desmovilizadas, el Eln es la última guerrilla del continente y el objetivo, bien en el terreno militar, bien en el campo de las negociaciones. En parte, existen condiciones históricamente impensables. Nunca antes el Eln había pactado una agenda de diálogos, ni firmado acuerdos de cese del fuego, así como no había expresado la voluntad de llegar a un acuerdo de paz con un gobierno.

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Ahora bien, este proceso enfrenta sus fantasmas, y el secuestro es el más grande de ellos, pero también están los ataques a la infraestructura. La historia de las negociaciones con este grupo insurgente ha consignado en un lugar especial estos dos asuntos. En 1982, el gobierno de Belisario Betancur inició un proceso de negociación con las guerrillas. En diciembre expidió una ley de amnistía y durante todo el año 1983 se dedicó a las negociaciones. Entre marzo y agosto de 1984 logró la firma de los acuerdos de Uribe, Meta, en los que participaron las Farc, el Epl y unos destacamentos del Eln. El punto de discrepancia fue el secuestro y la voladura de los oleoductos. En el gobierno Barco también se hizo un intento de negociación que terminó con la creación de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar, donde Farc, Eln y Epl negociaron de forma conjunta.

En los años 90, durante el gobierno de César Gaviria, en simultánea con el avance de la Asamblea Constituyente, se abrió una nueva negociación: el Epl y el Quintín Lame se desmovilizaron, mientras la Coordinadora Guerrillera avanzaba a su ritmo. La primera sesión de diálogos de la era Gaviria fue en Cravo Norte (Arauca), luego en Caracas, hasta el intento de golpe de Estado de Hugo Chávez en 1992. De ahí se trasladaron a Tlaxcala (México), donde negociaron hasta 1993, pero la mesa se rompió, nuevamente por el secuestro. El Epl secuestró entonces al ministro Argelino Durán Quintero, quien murió en cautiverio, por lo que el Ejecutivo exigió acabar con esta práctica. Las guerrillas no se pusieron de acuerdo y la mesa se levantó con la famosa frase del entonces negociador de las Farc, Alfonso Cano: “Nos vemos dentro de 10.000 muertos”.

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Durante el gobierno de Ernesto Samper también hubo negociaciones, pero el escándalo del Proceso 8.000 le quitó el oxígeno al Ejecutivo. Sólo en 1997 se estableció una mesa con el Eln que terminó con los preacuerdos del Palacio de Viana (España) y Maguncia (Alemania), pero al Gobierno se le acabó el tiempo. Las elecciones de 1998 las ganó Andrés Pastrana con la promesa de alcanzar la paz con las Farc. Sin embargo, Pastrana recibió una agenda adelantada con el Eln y le dio la oportunidad en el encuentro del valle del río Verde (Antioquia). En octubre de ese año ocurrió la tragedia de Machuca, en Segovia (Antioquia), donde, a raíz de un ataque de la guerrilla al oleoducto, se produjo un incendio que acabó con la vida de 84 personas.

El 7 de enero de 1999 se inició la negociación formal con las Farc y se inauguró la zona de despeje. En abril de ese año, ante la falta de interés de Pastrana por negociar con el Eln, esta guerrilla realizó varios secuestros masivos: un avión de Avianca, los feligreses de la iglesia de La María, en Cali, y uno más en la ciénaga del Torno, en Atlántico. El Eln consiguió así la atención del Gobierno, que decidió iniciar una exploración. En el 2000, el Eln pidió despejar una zona en Cantagallo, en Bolívar, lo cual no se concretó porque el paramilitarismo montó el movimiento “No al despeje” y lanzó una ofensiva militar en el Magdalena Medio que hizo que la guerrilla se replegara. Luego vendrían las negociaciones secretas durante la era Uribe y el conocido proceso de paz en el que se instaló la mesa de diálogos que hoy se mantiene en pie, contra viento y marea, en La Habana. Nuevamente, la pelota está en el campo de la guerrilla. Eso sí, el escenario ya no es el mismo de hace diez años.

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