“Los países más pacíficos son los que tienen menos desigualdad”, Arcadi Oliveres

La construcción de la paz es compleja y necesita de otros elementos para ser real. Este economista catalán lo tiene claro: “Educación, educación y educación”.

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El economista catalán Arcadi Oliveres, presidente de la Associació Justícia i Pau de Barcelona, una organización que lucha por la defensa de los DDHH en el mundo. / EFE

Arcadi Oliveres nació en Barcelona hace 72 años. Es economista crítico y defensor de la justicia social. Es un auténtico catedrático del pensamiento y un maestro de la comunicación. Hablaba de las terribles consecuencias del capitalismo cuando casi nadie lo hacía y es un gran defensor de los derechos humanos y del desarme.

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¿Cuáles son los ingredientes fundamentales para construir la paz?

A mí me gusta decir que la paz es un bien de segundo nivel que exige que haya otros bienes de primer nivel. Por ejemplo, uno es, sin duda, la justicia social; el otro, el desarrollo de los pueblos, el respeto a los derechos humanos, la cura del medio ambiente, el desarme, y habría muchos más. Pero pienso que con estos ya tenemos una base con la que un país puede vivir pacíficamente.

¿Cómo se debería aplicar la justicia para que esta paz fuera realmente justa?

Se debería intentar mantener un sistema económico y social que diera derechos –y por supuesto obligaciones–, pero que diera derechos a toda la población, que la población tuviera acceso a los bienes fundamentales como la alimentación, la educación y los servicios públicos, y que no hubiera grandes desequilibrios entre lo que tienen unos y los otros. Evidentemente, no todos los países tendrán el mismo nivel, pero se demuestra que los países más pacíficos son aquellos en los que hay menos desigualdad.

¿Qué papel juegan los movimientos sociales?

Mucho, porque los movimientos sociales tienen que reclamar la paz a los actores políticos. Después tienen que intentar estructurar formas de convivencia, tienen que buscar la reconciliación entre diferentes familias –como en Euskadi (País Vasco, España de donde surgió el grupo terrorista Eta)–, entre diferentes grupos que se han enfrentado antes. Por otro lado, a veces tienen que buscar negociadores internacionales y hacer llamamientos a quien pueda mediar para buscar la paz.

El papel de los movimientos sociales es implícito. Tienen que presionar para que las condiciones previas a la paz que he nombrado antes se vayan cumpliendo: presionar para promover el desarme, presionar para que los salarios sean justos, presionar para que el hambre desaparezca.

¿Cuáles son los elementos que pueden poner en riesgo un proceso de construcción de paz como el que se está dando en Colombia?

Primero, que se cumplan los acuerdos que se han ido estableciendo, muy poco a poco y con muchas dificultades; que se establezca un clima de confianza, que haya voluntad de ambas partes para avanzar en este proceso de paz. Riesgos evidentemente los hay siempre y en Colombia con el Eln aún no hay una situación definitiva de negociación de paz. Haría falta ver también qué papel tienen los paramilitares, que en teoría se desarmaron hace años pero que en la práctica todos sabemos que no lo han hecho; éstos son elementos peligrosos. Y además pienso que todo el tema del narcotráfico puede ser uno de los que hagan peligrar la situación de paz.

¿Por qué el conflicto armado es más rentable que la paz?

Para las poblaciones no lo es. Es rentable para aquellos que venden armas, pero para la población nunca, nunca, nunca es más rentable que la paz o que un intento de paz.

Pero la población está supeditada a unos intereses económicos y políticos para los que sí es rentable la guerra...

Por supuesto. Entonces hace falta enseñarle a la población cuáles son los espejismos de estas grandes victorias militares o de las guerrillas. Y hacerles entender a la población que estos espejismos son falsos, que el bienestar siempre se da en condiciones de paz y hace falta que ambos lados sean radicalmente no violentos.

Con la nueva situación de paz y estabilidad, en Colombia se abre un nuevo mundo de posibilidades, sobre todo para inversores y empresas multinacionales. ¿Cómo se debería pilotear esta dinámica?

Este es un gran riesgo, porque evidentemente en una situación de paz, las empresas multinacionales tienen terreno abierto para actuar sin escrúpulos, que es lo que acostumbran a hacer siempre. Entonces, si esto les garantiza unos beneficios porque todos los costes que les suponía el conflicto ya no existen, van a penetrar con fuerza. El país tendrá paz, pero estará explotado por las multinacionales. Aquí la sociedad civil se tiene que movilizar para que no se den estos abusos. En Colombia hay una parte de la población que trabaja para una economía más justa, trabajan por cooperativas, por bancos éticos y pienso que esta sería la cuestión a potenciar porque los otros no tienen ningún tipo de escrúpulos. Además, las leyes también tendrían que vigilarlo, pero como las leyes las hacen los poderosos y los poderosos están a sueldo de estas empresas, no harán gran cosa.

La implementación del Acuerdo de Paz es un tema muy complejo y existe una preocupación por el hecho de que haya sanciones por parte de la comunidad internacional si se producen incumplimientos en ese acuerdo. ¿Cómo ve esta situación?

Yo lo que creo es que, en general, la comunidad internacional tiene tan poco peso por lo que se refiere a la autoridad de los Estados, que dudo que acabe sancionando el gobierno de Colombia por incumplimiento de los acuerdos. No lo harán y no lo han hecho nunca; ni cuando Israel incumple con Palestina, ni cuando Estados Unidos incumple con Irak.

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Una de las consecuencias del narcotráfico de los años 80 y 90 es que se impuso la cultura del dinero fácil, la de hacerse rico de la noche a la mañana. Este es uno de los factores que explican que en Colombia haya una corrupción endémica que afecta a todos los ámbitos y clases sociales. ¿Qué hace falta para revertir esta situación?

Es muy complicado, porque ya no es solo la cuestión del narcotráfico, esto ya es herencia española directa. A partir de aquí, no es fácil suprimir 500 años de maneras de hacer que no funcionan bien. En la medida en que este narcotráfico se erradique, se tiene que regular este mercado porque es evidente que un mercado regulado no permite tantos beneficios rápidos. Pienso que la regulación del narcotráfico es importante, porque no depende solo del gobierno; depende de los mercados internacionales, de los intermediarios y de los mercados de destinación. Y Estados Unidos ocupa aquí un papel muy importante y evidentemente no hace nada. Los que se lo acaban cargando todo son los pobres productores y los consumidores, que son los que acaban inyectándose y acaban padeciendo las consecuencias, pero entremedio todos ganan.

¿Qué mensaje dirigiría a una sociedad que ha estado hasta el momento sumida en un conflicto armado que ha durado más de medio siglo?

Yo les diría que no pierdan la esperanza. Colombia es un país espléndido, rico, con recursos, con una gran voluntad de hierro, con una larga tradición cultural y asociativa. Por lo tanto, tienen que aprovechar todo esto para tirar adelante una nueva vida. Pienso que seguramente no será de hoy para mañana, porque aún quedan heridas abiertas, pero si son capaces de incidir en esto, serán capaces de conseguirlo. Y esto se hace solo con una palabra: educación, educación y educación.