“Los líderes políticos deben dejar de ser mercaderes del pesimismo”: Diego Bautista

Tras el triunfo de Iván Duque como Presidente de la República, el organizador del Encuentro Internacional de Diálogo entre Opuestos reflexionó sobre la importancia que debe tener la palabra en el nuevo Gobierno.

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Diego Bautista, el organizador del Encuentro Internacional de Diálogo entre Opuestos./Foto: Mauricio Alvarado.

Diego Bautista, el organizador del Encuentro Internacional de Diálogo entre Opuestos, que se realizó en Bogotá una semana antes de la segunda vuelta electoral, hace un balance positivo sobre los aprendizajes que dejó este intercambio de saberes entre más de una docena de expertos internacionales, víctimas del conflicto, líderes sociales y dirigentes políticos. El evento tuvo dos momentos, uno que se realizó de manera confidencial (6 de junio) y otro que se hizo de cara al público (7 de junio). Ambos ejercicios dejaron lecciones en todos los asistentes. Una emotiva declaración de los invitados internacionales en la que reconocen que Colombia tiene el conocimiento necesario en construcción y de paz y derechos humanos como para upserar el periodo de transición.

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¿Qué lecciones le deja el Encuentro Internacional de Diálogo entre Opuestos en Procesos de Transición?

Realizar este encuentro entre primera y segunda vuelta significó una apuesta arriesgada pero optimista del papel de los líderes de este país. En pleno escenario de polarización política por la contienda electoral se logró juntar en un espacio, en un diálogo improbable,  a los líderes de ambas campañas, alrededor de temas esenciales para la transición que vive Colombia; transición no solamente política por el cambio de gobierno, sino transición histórica por haber dejado un conflicto armado atrás y entrar a enfrentar otros desafíos, que son evidentes alrededor de distintas tensiones sociales que están presentes en los territorios  y que deberemos atravesar con inteligencia en los próximos años y décadas.

El balance del Encuentro es absolutamente positivo, primero porque las partes aceptaron sentarse en un escenario constructivo, más allá del debate, y segundo porque lo que se dijo en público y en privado alienta a generar condiciones apropiadas para explorar vías de consenso, a pesar de las enormes diferencias.

¿Cuáles son las principales tareas o sugerencias que podemos acoger de los expertos internacionales que acompañaron el encuentro?

Lo primero es señalar que los expertos de los países que estuvieron presentes ya vivieron contextos similares a los que estamos viviendo en este momento en Colombia; es decir, han firmado acuerdos de paz o han resuelto conflictos sobre los cuales hubo divisiones fuertes en la sociedad. La riqueza del encuentro estuvo en lograr hacer un intercambio sobre aprendizajes, pero también sobre recomendaciones a partir de logros y errores que se cometieron en sus propios procesos. Por ejemplo, promover diálogos constructivos informales, algunos cerrados o confidenciales entre los líderes partidos políticos, una vez pase la tormenta electoral, y en escenarios distintos a las instancias formales.

Algo muy interesante es la coincidencia en que más allá de lo político, debería ser una cruzada nacional emprender transformaciones culturales en la sociedad, contribuir a generar mejores comportamientos y más responsables en el disentimiento, aprovechando que hay un número significativo de personas y de armas que salieron del escenario de la vida colombiana y que hoy es un hecho incontrovertible.

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¿Cuál sería el siguiente paso, después de las elecciones?

Será muy importante lo que podría llamarse ‘el día después’, y lo que significa el inmediato futuro. Creo que ni la convivencia ni la reconciliación deberían ser bandera de un solo sector político, sino que deben ser banderas de todos los colombianos. Eso no hay que decirlo, sino ponerlo en práctica.  En esa medida, el siguiente paso debería ser acudir a espacios de diálogo de los que disienten alrededor de muchas temáticas: las del mismo Acuerdo Final con las Farc, las de cómo abordar las reformas estructurales necesarias, las del impacto de la crisis en Venezuela que será de largo alcance, etc. Acordar que no puede volverse atrás, que no puede haber repetición y ver como se sigue hacia adelante.

La plataforma de diálogos improbables que se ha venido gestando con estos expertos internacionales y con expertos nacionales, es un espacio que puede contribuir a esto. El nuevo gobierno va a enfrentar desafíos grandes en términos de gobernabilidad, ya sea en el Congreso de la República por el surgimiento del pluralismo político que está mostrando su vigor, o por las distintas tensiones sociales que están presentes en un país dividido.

¿Con cuál de todos los mensajes que dejaron los expertos internacionales se quedaría?

Hay que apelar a la responsabilidad de los liderazgos, no importa cuál sea el sector político al que pertenecen. Por ejemplo, deben abandonar o deben dejar de ser mercaderes del pesimismo como única herramienta de la confrontación política. Deben reconocerse los hechos elocuentes que significan avances importantes para la vida de los colombianos, y a partir de ahí, generar condiciones favorables para un cambio positivo que lleve al país a una trayectoria mejor.

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¿Cómo vio el intercambio entre las experiencias nacionales y las internacionales?

Fue un intercambio muy valioso. En primer lugar, porque los expertos internacionales hacen evidente algo que no reconocemos y es que hay una serie de contribuciones y aprendizajes en torno a los procesos colombianos, es decir, que no partimos de cero, sino que hay muchas ganancias en los liderazgos territoriales y mucho potencial en el de los nacionales. Experiencias en las regiones, redes de gente contribuyendo y tejiendo procesos, centros de pensamiento con altísimos niveles de especialización que pueden contribuir mucho si se generan los espacios de incidencia para eso.

La experiencia internacional nos enseña también a calmar un poco la ansiedad y entender que estos procesos son de mediano y largo plazo, y que hay que irlos construyendo con el paso del tiempo y a veces no contribuye mucho desilusionarnos o defraudarnos frente al día a día.