Los guardianes de las Farc

Más de 300 desmovilizados iniciarán entrenamiento de selección para ser parte de la escolta de los jefes del partido que surja de la guerrilla y de sus familiares. Serán esquemas mixtos y coordinados por Unidad Nacional de Protección (UNP) y la Policía.

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Por ahora, son 305 los guerrilleros en el curso de escolta. No todos serán seleccionados. / El Espectador

Corría el año 1990. El Movimiento 19 de Abril (M-19) había dejado las armas y Carlos Pizarro Leongómez, máximo jefe de ese grupo guerrillero, daba los primeros pasos como candidato a la Presidencia por el partido político que surgió del fin de ese conflicto: la Alianza Democrática M-19.

El 26 de abril de ese año, Pizarro abordó un vuelo comercial para ir de Bogotá a Barranquilla. El avión HK1400, de Avianca, iba con el cupo completo y así despegó del aeropuerto El Dorado. Pero con apenas ocho minutos en el aire, cuando alcanzaba los 17 mil pies de altura, un sicario, Gerardo Gutiérrez Uribe, descargó una ráfaga de ametralladora sobre él y obligó al capitán Fabio Munévar a regresar de urgencia.

Pizarro no murió en el acto, pero estaba casi muerto. Tenía heridas graves en la cabeza y el cuello, y una dificultad respiratoria. No fueron suficientes los esfuerzos médicos para salvarle la vida y el jefe guerrillero murió una hora después de una intervención quirúrgica que se le practicó. En enero de este año, la Fiscalía capturó a Jaime Gómez Muñoz, miembro de su escolta, dentro de la investigación que busca demostrar la participación del extinto DAS en el magnicidio.

La historia ha dejado enseñanzas y tanto el Gobierno como las Farc, hoy en proceso de desmovilización, quieren huir de escenas similares, dentro de las que también se cuentan los asesinatos de Luis Carlos Galán, en 1989, y Bernardo Jaramillo, en 1990.

En la tarde del lunes, en la academia de seguridad privada SWAT Bodyguards, en Facatativá (Cundinamarca), 305 miembros de las Farc, entre ellos 57 mujeres, se preparaban para recibir oficialmente la amnistía por parte del Gobierno y empezar el proceso de selección para convertirse en escoltas, a través de la Unidad Nacional de Protección (UNP), con esquemas coordinados por la Policía Nacional. Son los llamados a proteger a sus comandantes ahora en la vida civil.

El frío y la amenaza de lluvia ponían en riesgo la realización del evento en las áreas externas del lugar. Por eso, uno a uno, uniforme negro y amarillo y con silla al hombro, los guerrilleros fueron entrando a la casa en donde el alto comisionado para la Paz, Sergio Jaramillo, les daría el boleto para iniciar su vida legal en paz con la justicia por el delito de rebelión.

“¡Que viva la paz de Colombia!”, gritó Jesús Santrich, uno de los jefes del grupo subversivo. “¡Que viva!”, respondieron eufóricos y coordinados en una sola voz los más de 300 guerrilleros en el recinto.

La primera en pasar a recibir la certificación fue Maryori Calderón, de 31 años, quien considera que estuvo en las filas de la guerrilla el tiempo suficiente para tener claridad sobre su lucha. “El siguiente paso es seguir contribuyendo a nuestro movimiento político y cumplir con lo que tenemos proyectado para nuestro pueblo”, comentó.

Ese optimismo también lo reflejó Jéssica Montenegro, una morena de 30 años y que estuvo 16 en las filas de la subversión, quien accedió a hablar en medio de la prevención de los guerrilleros con la prensa que estaba presente. “Siempre hemos anhelado que este conflicto llegue a su fin”, dijo.

Ella es de Agustín Codazzi, municipio de Cesar, y provenía de la zona veredal de Tierra Grata, en ese departamento. Acostumbrada a los más de 30° del Caribe, de salir seleccionada tendrá que estar durante 45 días recibiendo entrenamiento y enfrentando los 13° de Facatativá, que por momentos parecían convertirse en 5°.

Tanto Fabio Borges, delegado de las Farc en la Mesa Técnica de Seguridad del Acuerdo de Paz, como Diego Mora, director de la UNP, intentaron dejar claro que lo que empieza es un proceso de selección de los escoltas de las Farc y que serán esquemas mixtos, que contarán con miembros de la Fuerza Pública.

También, que no todos los que harán parte de estos cuerpos de seguridad serán excombatientes, sino que se integrarán con personas de mucha confianza para la guerrilla y que ya han hecho labores similares en procesos como los del M-19 o que protegen a líderes sociales.

A su turno, el jefe guerrillero Iván Márquez trató de dejarles un mensaje claro a los ahora exguerrilleros: que eran los mejores y que eran fundamentales para las Farc y para su desempeño en la vida política legal. Ahí hubo aplausos con fuerza.

Además de Márquez y Santrich, estuvieron Pablo Catatumbo, Carlos Antonio Lozada y el general argentino Javier Pérez Aquino, jefe de observadores de la Misión de la ONU en Colombia. Una prueba de que el asunto sobre quién va a proteger a los máximos jefes de la guerrilla una vez entren a la vida civil no es de poca importancia.

De hecho, Santrich los definió de una forma simple y cariñosa: “Son los ángeles de la guarda”. Con mucha convicción, dijo que la gente que está a punto de convertirse en la escolta de los líderes guerrilleros está dispuesta a dar la vida por ellos. “Hay amistad, hay fraternidad”, comentó.

En el decreto 1033, expedido el mismo 12 de junio y que goza de reserva, quedaron —con mucho esfuerzo, según comentó Jaramillo— los nombres correctos de los primeros guerrilleros que hacen su paso a la vida civil legal.

El final del evento fue como la salida de un concierto de rock. Amontonados, unos guerrilleros se tomaban fotos con sus líderes, mientras que otros esperaban sus acreditaciones y firmar sus actas de compromiso. Por delante, les queda desde ahora una gran responsabilidad: evitar que se repita esa historia oscura de que quien se acoge a las reglas de la democracia es asesinado.