Las palabras apuntaron a la reconciliación

Los discursos de la paz

El presidente Juan Manuel Santos y el máximo jefe de las Farc, “Timochenko”, coincidieron en que Colombia nunca volverá a protagonizar el ejercicio de la política con armas.

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El presidente Santos entregó a “Timochenko” una obra que representa un fusil convertido en una pala para labrar el campo. / Presidencia

Si había una imagen que estaba en mora desde hace más de 50 años fue la que se presentó ayer, cuando el país —el que ha puesto sus ojos sobre el Acuerdo de Paz con las Farc— se convirtió en testigo del momento en que la guerrilla más grande del continente decidió cambiar las armas por las palabras. Fue un momento cargado de simbología, al punto que el discurso del presidente Juan Manuel Santos estuvo precedido de un regalo que le entregó a Rodrigo Londoño, mejor conocido como Timoleón Jiménez, Timochenko, máximo jefe de las Farc.

El fusil-pala o “metamorfosis” —como lo bautizó su autor— fue un regalo que, con la firma de los acuerdos de paz de Cuba, en noviembre del año pasado, le entregó el maestro Alex Sastoque al presidente Santos. Y también le dio una réplica de su obra. En ese entonces, Sastoque le dijo a Santos que quería que le regalara esa segunda copia del fusil AK-47, convertido en pala a Timochenko, en el momento en que él considerara más oportuno. “Y creo que este es el momento más conveniente y oportuno”, aseguró ayer el jefe de Estado, quien confirmó que las Farc ya no son un grupo armado.

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Acto seguido, dijo el jefe de Estado que, desde ese momento, los integrantes de las Farc ya tienen el rótulo de excombatientes. “Hoy, 27 de junio, es un día muy especial, un día que jamás olvidaremos: ¡el día en que las armas se cambiaron por las palabras!”, señaló el presidente Santos, quien, eso sí, recibió un reclamo del máximo jefe de las Farc por presuntos incumplimientos de los textos de La Habana por el Gobierno.

“Manifestamos nuestra preocupación por la negligencia estatal en la honra de su palabra. Los asesinatos de dirigentes populares no se detienen, mientras crece la amenaza paramilitar en todo el país. Aún no arrancan los mecanismos previstos en este campo y vemos trabas de orden burocrático, administrativo, judicial y hasta político”, dijo Timochenko. El presidente Santos, no obstante, empeñó su palabra y les aseguró que, pese a que nunca ha estado de acuerdo —ni lo estará— con el modelo político y económico de las Farc, “defenderé con toda la determinación, con toda la contundencia, su derecho a expresar sus ideas dentro del régimen democrático”.

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Por eso, Timochenko explicó que, con el evento de ayer, no dejan de existir las Farc sino que, por el contrario, aunque ya no serán un grupo alzado en armas, continuarán defendiendo sus ideales políticos. “Asumimos el compromiso de no utilizar nunca más las armas en la política. Esperamos que la democracia colombiana abra generosa sus brazos a todas las fuerzas”, agregó Timochenko. Esto, en palabras del jefe de Estado, representó “la gran noticia de la paz, del arreglo de las diferencias dentro de la legalidad, que habíamos esperado por tanto tiempo. Y puedo decir que, por llegar a este día, por vivir este día, por lograr este día, ha valido la pena ser presidente de Colombia”.

Las armas quedaron en los contenedores que dispuso Naciones Unidas, organismo que garantiza que las armas de las Farc nunca más serán usadas para amedrentar a los colombianos. “No somos más un pueblo enfrentado entre sí. No somos más una historia de dolor y de muerte en el planeta. Somos un solo pueblo y una sola nación avanzando hacia el futuro”, fueron las palabras concluyentes del jefe de Estado, quien reconoció que aún falta cumplir con varios compromisos recíprocos sobre una paz que ya no tiene reversa.

Del lado de Timochenko, dos puntos adicionales que permiten, indudablemente, abonar puntos a la verdadera voluntad de paz de los miembros de las Farc. El máximo jefe de ese grupo aseguró que el acto de ayer demuestra que no le fallaron a Colombia y que hoy le pueden decir al país: “Adiós a las armas, adiós a la guerra, bienvenida la paz”.

¿Qué opinan detractores y amigos de la paz?

Mientras en Mesetas (Meta), las Farc confirmaban al país que ya no tenían una sola arma en su poder, en Bogotá, uno de los protagonistas de este proceso, Humberto de la Calle, ex jefe negociador de paz del Gobierno, celebró el paso histórico, al calificar la dejación de armas como un hecho que parecía imposible hace cinco años. “Es lo que permite que salgamos del odio, de la confrontación y que dediquemos nuestras energías a pensar en el futuro de Colombia”, señaló De la Calle. No obstante, reiteró que todavía hay sectores que se siguen oponiendo a lo pactado en Cuba “como si quisieran que a la paz se ‘la coma el tigre’ ”.

Del otro lado, el expresidente Álvaro Uribe, quien lideró desde octubre pasado el movimiento por el No en el plebiscito, cuestionó la veracidad sobre la dejación total de las armas. Especialmente, porque recordó que las Farc aún no han entregado el 100 % de las caletas que, en todo caso, quedarán en manos de la ONU desde el 1 de septiembre próximo. Además, aseguró que el Gobierno miente respecto del número de armas en poder de la guerrilla, pues, según dijo, el alto comisionado para la paz, Sergio Jaramillo, ha hablado de cerca de 10.000 fusiles. Es decir, más de los que se habrían registrado. “Bien, que entreguen las armas, pero ¿en qué quedan los fusiles tierra aire que nos advirtieron las Fuerzas Armadas?”, se cuestionó el hoy senador del Centro Democrático.