“La seguridad está pensada para los hombres”: Daniel de Torres

Según este experto en seguridad y ex oficial de la Marina española, se debe transformar el concepto “masculinizado” de seguridad que hay en el mundo, por uno que responda también a las prioridades de las mujeres de las ciudades y el campo.

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Daniel de Torres estuvo en el Foro internacional Las mujeres hablamos de paz. / Cortesía: Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad (Limpal).

Daniel de Torres pone un ejemplo ilustrativo para explicar por qué la seguridad se ha pensado solamente para los hombres en todo el mundo: “Pensemos por ejemplo en la necesidad de los servidores públicos de proveer seguridad en los espacios públicos. Está bien, pero la verdad es que en casi todo el mundo, la principal amenaza contra la seguridad de la mujer se da en espacios privados por la violencia doméstica, por ejemplo. Entonces, es mejor reconsiderar esa idea de seguridad para crear políticas y fuerzas de defensa que puedan ofrecer esa protección desde esa perspectiva que ya no es exclusivamente masculina, sino que incluye la visión de toda la población”.

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Y lo dice desde su cotidianidad y su propia experiencia. Si bien señala que no es quien para representar la voz de las mujeres, desde su trabajo aboga por la transformación de políticas en agencias de seguridad de todo el mundo para la inclusión de género y los Derechos Humanos. Prestó servicio en la Infantería de Marina de España y desde allí sacó el aprendizaje para hablar de la necesidad de que este sector sea más incluyente. Ha trabajado en el diseño y gestión de cursos de formación para militares, policías, jueces y fiscales, y gracias a ello ha recorrido Europa, América, África, Oriente Medio y Asia. Hoy, es director adjunto del Centro de Ginebra para el Control Democrático de las Fuerzas Armadas (DCAF) y jefe de la división de Género y Seguridad. Estuvo en Colombia precisamente para hablar de su trabajo en el ‘Foro internacional Las mujeres hablamos de seguridad’, impulsado por el Colectivo de Pensamiento y Acción: Mujeres, Paz y Seguridad.

¿Qué es DCAF?

Somos una organización fundada por el gobierno suizo, pero tenemos 63 países miembros. Desgraciadamente Colombia todavía no lo es, pero espero que esto cambie en el futuro. El trabajo que hacemos es por todo el mundo. El año pasado trabajamos en más de 75 países, y lo que hacemos es apoyar a los sectores de seguridad para que puedan evolucionar y transformarse para servir mejor a la población, siguiendo principios democráticos, de respeto por los Derechos Humanos y de igualdad de género.

¿Qué tan complicado es lograr este tipo de trasformaciones en instituciones como las Fuerzas Militares, que son tan tradicionales?

Es difícil, pero no por las razones que piensa todo el mundo. Muchas veces la resistencia política no es demasiado grande, es decir, trabajamos en países en los que hay compromisos democráticos, de igualdad, que están establecidos en la legislación. Es una cuestión de trabajar con las burocracias. Son organizaciones enormes: ministerios, Fuerzas Armadas o la Policía. Es un poco la naturaleza de las instituciones el que sean difíciles de cambiar, pero es un cambio generacional también. No es algo que hace en un año, ni en cinco. Se hace a lo mejor en 20 años, es progresivo. Y la verdad es que vemos mucho progreso en general.

¿Qué países han sido más receptivos a este cambio o a cuáles ve más avanzados?

Decir cuáles van más avanzados es muy difícil, porque la verdad este es un proceso que no se acaba nunca. Es un proceso de constante evolución. Los países más receptivos son los que han pasado por conflictos o los que están en una transición política a la democracia, porque las ideas del cambio ya están muy integradas en el diálogo político e institucional, entonces es más fácil para ellos el embarcarse en mayores cambios.

¿Qué tipos de cambios ha logrado desde su organización?

Uno de los cambios más rápidos son los cambios de políticas internas de reclutamiento, promoción o por ejemplo, contra el acoso sexual. Este es un problema muy grande dentro las instituciones de seguridad no porque haya mayor número de "malvados" en estas, sino porque son instituciones donde hay unos desequilibrios de poder muy grandes por su propia naturaleza jerárquica. En muchos países en todo el mundo hemos trabajado con fuerzas armadas, con la Policía, con los organismos judiciales para desarrollar políticas internas que aseguren de que el ambiente de trabajo no es un ambiente hostil para hombres y mujeres, sino que es un ambiente que atraiga al mejor talento de la población.

¿Y cómo nota a Colombia en este sentido?

A Colombia yo la veo muy bien. Creo que es un momento de gran esperanza, es un país muy avanzado, con un sector público y unos funcionarios muy profesionales, muy bien educados y una sociedad civil enormemente sofisticada. Sobre todo, estoy impresionado con el movimiento de mujeres en Colombia que está a años luz, en cuestión de organización, de coherencia ideológica, de energía, de saber intervenir, de muchos movimientos similares incluso en Europa, Estados Unidos o países que en teoría se consideran más desarrollados.

Acá en el país usted está trabajando con mujeres en los Espacios de Capacitación y Reincorporación. Cuéntenos más al respecto.

Es un proyecto que hacemos en colaboración con la Corporación de Investigación y Acción Social y Económica (Ciase), que tiene los contactos y la experiencia para trabajar en grupos de mujeres. Se trata de ayudar a la Unidad Policial para la Edificación de la Paz (Unipep) para que adapte los protocolos para la atención a víctimas de violencia contra la mujer de zonas urbanas, a las zonas rurales. Ambos espacios tienen unas diferencias enormes desde el punto de vista de logística, terreno, distancias, cuestiones sociales, culturales y económicas.

Los protocolos que usan en la ciudad no sirven en las zonas rurales, pero quienes saben qué es lo que hay que hacer en las zonas rurales son las mujeres que viven allí. Entonces la idea es tener consultas, crear espacios seguros en los que las mujeres puedan expresar sus prioridades sobre seguridad. Ciase recoge ese conocimiento y lo que vamos a hacer en colaboración es destilarlo de una manera que se pueda traducir al lenguaje burocrático de la Policía, de modo que pueda ofrecer esos servicios de atención a las víctimas de violencia contra la mujer en las zonas rurales de modo más efectivo.

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En el foro usted habló sobre el gran abismo en el lenguaje entre las agencias de seguridad y las organizaciones mujeres, ¿qué consejos da para eliminar esas brechas?

Yo creo que la sociedad civil está por delante de las instituciones. Debe haber más diálogo entre las propias instituciones, mirándose a sí mismas y viendo de qué manera se ven dentro de diez años. Que sean las propias instituciones las que entiendan la necesidad de evolucionar y que lo vean como un cambio positivo, no negativo. No se trata de destruir las agencias de seguridad, destruir las fuerzas públicas, se trata de hacerlas mejores para la población a las que sirven, pero también para los propios funcionarios y funcionarias que trabajan dentro de las fuerzas del orden.

Es remarcar el cambio a una misión de proveer seguridad para toda la población. Eso no quiere decir que le vamos a quitar los fusiles y le vamos a dar flores a los soldados, eso quiere decir que puedan entender su misión de una manera diferente. Lo principal es entender cuáles son las necesidades y las perspectivas de seguridad de la mujer colombiana, en toda su diversidad: rurales y urbanas, afrodescendientes e indígenas, desplazadas y desmovilizadas. Estamos hablando de seguridad para toda la comunidad desde una perspectiva que incluye la visión de la mujer y la visión del hombre.