“La guerra entre el Epl y el Eln en el Catatumbo es por las rentas ilegales”

Jaime Fajardo Landaeta, exmilitante del Epl, habla sobre las otras guerras con las Farc y los paras y explica por qué la confrontación con el Eln es “nueva” y se da entre “primos”.

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Jaime Fajardo Landaeta, exguerrillero del Epl y exnegociador de ese grupo con el gobierno de César Gaviria. / Gustavo Montoya

Los recientes enfrentamientos entre el Epl y el Eln, que tienen en jaque a la población del Catatumbo desde hace unas semanas, hacen parte de una larga historia de enfrentamientos entre las guerrillas colombianas. Guerras que han dejado cientos de muertos entre sus combatientes, pero también una larga estela de dolor entre los civiles que terminan siendo víctimas de asesinatos, desplazamientos y confinamiento, porque siempre quedan en medio del fuego cruzado.

La más reciente confrontación, que ya deja cerca de 30 muertos y más de 6.000 desplazados en Norte de Santander, se debe, dicen las autoridades, al control de las rentas del narcotráfico (según las mediciones de la ONU, la región tenía 6.358 hectáreas de coca sembradas en 2011, y en 2017 reporta 24.587), mientras otras fuentes en el territorio la atribuyen también a que el Epl quiso entrar a terrenos que antes ocupaban las Farc e incluso a otros ya controlados por el Eln.

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Jaime Fajardo Landaeta, exguerrillero del Epl y exnegociador de ese grupo con el gobierno de César Gaviria, uno de los invitados al congreso internacional “Para no volver a la guerra”, que se realizó en Medellín, explica que, aunque los conflictos entre guerrillas han sido comunes en la historia colombiana, esta guerra tiene unos ingredientes que la hacen diferente. Es una pelea nueva, con un grupo con el que siempre tuvieron mucha afinidad ideológica, a tal punto de llamarlos “primos”.

Fajardo Landaeta inició las negociaciones con el gobierno de Belisario Betancur, junto a Óscar William Calvo (asesinado después de la toma del Palacio de Justicia por parte del M-19) y las prosiguió en 1990, a pesar de que unos 220 hombres comandados por Francisco Caraballo (el jefe máximo del grupo) se quedaron en el monte. Luego llegó a la Asamblea Nacional Constituyente como parte del acuerdo de paz. Así recuerda las luchas que libró el Epl con otros grupos armados.

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¿Conoció a los disidentes del Epl que quedaron en Norte de Santander en 1991?

Sí, eran como 20 guerrilleros. Y hoy ya son más de 300 (los organismos de inteligencia hablan de 600). Eso pasó porque el Estado no fue capaz de copar esos territorios. Los dejaron crecer. Y hoy está pasando lo mismo. El Estado llega tarde a todo. Apenas ahora están llegando a algunos de los territorios que dejaron las Farc. Llegaron primero el Eln y las bacrim. Eso demuestra que no basta con entregar las armas; se necesitan planes integrales de consolidación.

¿Conoció a “Megateo” y a los que están liderando hoy esa facción?

Megateo era un estafeta de nosotros; era muy joven en ese momento. Ellos aprendieron de la organización social de la guerrilla a hacer inversiones y a valorar a los líderes sociales. Mezclaron eso con su vocación por el narcotráfico. No tienen programa político, ni se plantean como una alternativa al Estado. Han querido reivindicar los ideales del Epl, pero son una banda criminal. A los que están hoy no los recuerdo, ya han pasado 27 años.

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¿En esa zona tuvieron enfrentamientos con las Farc?

Sí, justo antes de la desmovilización, las Farc hicieron un asalto al campamento de esa zona y nos quitaron unas armas. La Fuerza Pública no actuó, nos dejaron solos. Eso ayudó a que esos muchachos que estaban allá se radicalizaran más y se negaran a entrar en el proceso de paz.

¿Esa no fue la única pelea con las Farc?

Por allá por 1978 hubo unos problemas graves con las Farc en el Urabá, porque un sector del quinto frente se vino con nosotros. Ahí estaba Bernardo Gutiérrez. Esa guerra dejó muchos asesinatos, pero se superó con el entendimiento político, porque después nosotros apoyamos a Bernardo Jaramillo en la UP, lo hicimos aún en armas, a través de las organizaciones sociales.

¿Y luego vino la guerra contra sus desmovilizados?

Luego de la desmovilización de las Farc arremetió contra nuestros dirigentes, amigos y parientes. Bernardo Caraballo buscó apoyo en ellos para golpearnos, porque consideraban que nosotros habíamos traicionado la causa. Pero también lo hicieron los paramilitares. Eso pasó en retaliación porque en Urabá tuvimos una presencia fuerte en el sindicato bananero (Sintrainagro) y porque muchos compañeros nuestros llegaron a alcaldías y concejos en lugares que consideraban de ellos. Muchos desmovilizados nuestros se fueron donde los paras. Un momento muy difícil.

¿Cuántos muertos dejó esa confrontación?

Se habla de unas 800 personas, entre militantes, parientes y base social. Hay un proceso en la Unidad de Víctimas; algunas están reconocidas, otras no.

Y con el Eln, ¿cómo se llevaban?

Con el Eln teníamos proximidad, les decíamos los primos. Con ellos hubo más coordinación. Había afinidad por el tipo de revolución, por nuestra relación con la sociedad; había conceptos ideológicos muy cercanos. Nos ayudamos mutuamente. En Anorí, cuando casi aniquilan al Eln, nosotros los apoyamos.

En cambio, con las Farc siempre hubo diferencias. En el año 64, cuando se dio la contradicción en el seno del Partido Comunista y se abrieron las dos corrientes, pasa lo mismo con las dos guerrillas. La guerra llegó a tal punto que quisieron aniquilar a Bernardo Gutiérrez. Una vez, en una reunión de la Coordinadora, Manuel Marulanda dijo que si en la comisión del Epl iba Bernardo, la orden era aniquilar a la comisión.

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¿Por qué, entonces, esa guerra tan fuerte en Catatumbo?

Eso es otra cosa. Es con esa disidencia y es la disputa por las rentas ilegales.

¿Cómo recuerda el momento cuando el Epl se dividió?

Nosotros fuimos los primeros en plantear una asamblea nacional constituyente en los diálogos con Betancur. La propuso Óscar William. En ese momento, el M-19 estaba en otra tónica. Después del Palacio de Justicia vino el exterminio de la UP, masacraron al Frente Popular, mataron mucha gente de las organizaciones de derechos humanos. Luego, cuando vemos que el M-19 se va al diálogo y se habla de una constituyente, reconocimos que era el momento. Esa era nuestra propuesta, no podíamos dejarla pasar.

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El problema es que yo era el quinto en la línea de mando y estaba primero Caraballo. En el ejecutivo las fuerzas estaban cinco a dos (la mayoría en contra del proceso), pero en el estado mayor ganamos: el 95 % estaba de acuerdo. Entonces decidimos partirnos. Dijimos: nos vamos sin las Farc y sin Eln y sin esos 200 que tenía Caraballo, y mire en lo que van…

¿Algún parecido con el proceso de las Farc?

Esta vez pensamos que sería diferente porque vimos a los generales negociando en La Habana y nos hicieron pensar que tenían listo el plan de consolidación, que ya habían aprendido de los errores de los años 90. Pero no fue así. No han llegado a muchos territorios Hoy se habla de 1.200 disidentes. Eso es mucho.