Jóvenes que siembran reconciliación

En cinco municipios del país hay jóvenes que le apuestan a la paz y al perdón a través de la cultura, el diálogo y el deporte. Cristian Córdoba es uno de ellos. Con el baile y el fútbol invita a sus compañeros en Quibdó a que se alejen de las drogas y la delincuencia. 

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Cristian Córdoba, de Quibdó, y otra integrante de Semillas de Paz, Maryury Daza, de San Carlos. / Óscar Pérez - El Espectador.

“¿Cómo los jóvenes de Quibdó podemos convertirnos en una llamarada y no en el relleno de un cubo cualquiera?”, se preguntaba Cristian David Córdoba mientras veía a sus compañeros de clase en la Institución Educativa Carrasquilla Industrial de Quibdó, en Chocó. Se hizo esta pregunta a los 15 años y desde ahí decidió dejar de hablar del dolor causado por la violencia y reconciliarse con su pasado.

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Decidió decirles a otros jóvenes y víctimas del conflicto armado que, a través del fútbol y el arte, pueden salir adelante. “Llevo un año con el proyecto “Menos palabras y más hechos”. En Quibdó, a causa de esta violencia y discriminación, muchos niños y jóvenes no tienen el espacio y la oportunidad de desarrollar su talento. Pero así comencé: yendo a instituciones, barrios, parques y enseñando a nunca darnos por vencidos, a luchar por un sueño, a cambiar las mentalidades negativas por positivas, a enseñar a crear y construir proyectos de vida, y a tener un sentido de pertenencia por nuestro municipio”, cuenta ahora.

El semblante de Cristian es de un joven de 16 años, motivado por sacar a su pueblo adelante. Si bien cuenta que en Quibdó existen problemas, “por ejemplo, los que viven en los barrios del norte no pueden ir al sur y viceversa, por el simple hecho de que en esos barrios desaparecen a las personas, las matan y las roban”, él no quiere que esa realidad opaque su juventud ni la de los cientos de niños y niñas que están creciendo allí.

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Por eso comenzó su proyecto. Al principio eran sólo dos personas, él y su amigo Carlos Bejarano. Hoy son cerca de 60 jóvenes. Realizan varias actividades, como las competencias de baile “Vive bailando” y torneos de fútbol a los que llaman “Rompiendo barreras”. Van a los barrios donde viven víctimas del conflicto para “unir lazos y enseñarles que por medio del fútbol podemos olvidar la delincuencia y dejar las drogas”, explica Cristian. 

Agrega que también hacen actividades lúdico-recreativas con los más pequeños para enseñarles cómo aprovechar su tiempo libre, dictan charlas de motivación en colegios y escuelas, y van a los ancianatos de Quibdó para integrar la esperanza de una generación con los conocimientos de la otra.

Por su iniciativa, en julio de este año Cristian fue convocado al campamento Primer Encuentro de Jóvenes por la Reconciliación, una actividad impulsada por la Asociación Santa Cruz, la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) y ACDI/VOCA, una ONG también norteamericana. Cristian estuvo durante diez días en San Carlos (Antioquia) con otros 74 jóvenes líderes de lugares como Quibdó, Bojayá, San Carlos, Medellín, Turbo y Apartadó. Allí aprendió a mejorar sus capacidades en liderazgo, convocatoria y resolución de conflictos, y recibió el apoyo para fortalecer su proyecto de paz con las comunidades.

 “Al principio no fue nada fácil iniciar. Llegué a diferentes grupos y organizaciones a contar sobre este proyecto, pero lo único que recibía era una frase: “Cristian David, por ser menor de edad, no te podemos apoyar”. Entrábamos a diferentes barrios y siempre había personas que nos amenazaban con sacarnos de allí para que no pudiéramos desarrollar estas actividades. Sin embargo, no fue un impedimento para poder sacar el proyecto adelante”, relata Cristian. 

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Cuatro meses después, en noviembre de este año, se realizó un reencuentro en Bogotá para cruzar experiencias. El resultado fueron cinco proyectos que ya se habían materializado en estos municipios.

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Estos liderazgos comunitarios se reunieron bajo el nombre “Semillas de Paz”, una campaña que busca darles aliento y visibilidad a estos jóvenes de todo el país que trabajan por la reconciliación. Su común denominador es que quieren que sus territorios sean reconocidos por la cultura, el deporte, el arte y la juventud, pero ya no por la guerra. Las iniciativas se enfocan en el cuidado del medioambiente, el deporte y la danza, la resignificación del espacio y la reconciliación entre las comunidades. A través de cada proyecto, los jóvenes quieren desestigmatizar los lugares y reconciliar a las comunidades divididas encontrando puntos en común. En Quibdó son el sabor y el deporte; son las ganas de moverse tranquilamente por las calles, sin miedo y haciendo amigos.

El símbolo de esperanza de todos estos jóvenes que decidieron dejar atrás el estigma de la guerra es una granada hecha en arcilla, pintada de blanco. En su interior tiene la tierra de San Carlos, donde nacieron muchas de estas iniciativas, y guarda pequeñas semillas para representar que se puede sembrar la paz desde pequeñas acciones.

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Con “Menos palabras y más hechos”, Cristian ha logrado vincular a cerca de 500 niños y jóvenes, en su mayoría desplazados. Él quiere ver a los jóvenes sin armas, sin drogas y con esperanza. “Aunque siempre que desarrollamos una actividad, el dinero sale de nuestro recreo, luchamos por eso, porque queremos que nos escuchen, que nos apoyen y que Colombia sepa que hay jóvenes que trabajan por la paz y la reconciliación de nuestro país”, dice. 

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