Los rostros de la reconciliación en Colombia

La Unión Europea juntó en Bogotá las experiencias de  decenas de jóvenes que intentan esquivar las balas y generar esperanza entre los pobladores de los territorios periféricos del país. A través del arte y el emprendimiento demuestran que es posible soñar con una paz estable y duradera. 

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La Red de Jóvenes Rurales de Colombia y el grupo de rock Toque 29 son algunas de las iniciativas que impulsan a jóvenes de todo el país a no caer en el narcotráfico y dejar atrás el dolor por el conflicto armado. / Fotos: Cortesía.

La pujanza de los jóvenes colombianos en la búsqueda de una paz estable y duradera sigue siendo un paradigma en un país donde abunda la desesperanza. Entre más nos alejamos del centro de Colombia, el país periférico conserva la organización comunitaria y el arte como una forma de resistir a las balas y de no voltear a ver al pasado de la venganza. No es tan fácil, porque la tentación del dinero fácil del narcotráfico está a la orden del día; porque hay desconfianza en que el Estado cumpla los acuerdos de paz; porque no hay mayores oportunidades para estudiar, para desarrollar sus emprendiemientos, y de paso, jalonar el desarrollo de sus territorios.

Aún así, el acuerdo de paz de Colombia es un faro de esperanza en medio de tantos conflictos alrededor del mundo que no se han concretado en pactos, dijo Patricia Llombart, embajadora de la Unión Europea en Colombia, la semana pasada durante el seminario “Juventud, comunicación y transformación de país”, que tuvo lugar en Bogotá. El objetivo fue juntar varias iniciativas de diferentes lugares del país para intercambiar experiencias y hacer visibles las ideas de jóvenes de Cauca, Chocó, Valle del Cauca, Caldas y Bolívar, quienes empujan desde cada uno de sus territorios la construcción de paz . Son iniciativas apoyadas por la Unión Europea, incluso hace una década.

“Nadie dijo que implementar la paz iba a ser fácil. Por supuesto que se darán debates, habrá un nivel de polarización alto, por supuesto que hay puntos de vista diferentes, porque ademas este país ha sufrido mucho. Y las guerras abren heridas y hacen que la sociedad vea las cosas desde puntos de vista diferentes. Pero al fin y al cabo, es un proceso de paz ambicioso, serio, que apenas está en implementación”, reiteró Llombart, al recalcar el apoyo decidido de los 28 países miembros de esa comunidad a la paz.

“No hay que olvidar que Europa vivió dos guerras mundiales y que fue un continente exportador de conflictos, pero eso no nos hace orgullosos y pasamos a una Europa que exporta paz”, concluyó.

Las siguientes historias hacen parte de esa gama de procesos que construyen paz en algunos de estos territorios. En Bagadó (Chocó) el 30% de los jóvenes del pueblo están en la cárcel por culpa del narcotráfico. Edgar Rentería creó un grupo de jóvenes para arrebatárselos con actividades culturales y lúdicas. Desde Pradera, la agrupación “Toque 29” llega a los oídos de los niños rurales del Valle del Cauca para enseñar música desde la meditación. Y desde Caldas, la red de jóvenes rurales, que nació en 2004 en la hegemonía guerrillera y paramilitar del oriente de ese departamento, hoy está en 27 regiones del país y sigue conquistando a los hijos huérfanos de la guerra.

Edgar Rentería le arrebata los jóvenes al narcotráfico

El grupo de los exploradores de la isla está integrado por 16 jóvenes de Bagadó (Chocó).

“El 30 % de los jóvenes de Bagadó (Chocó) está en la cárcel porque el narcotráfico llegó para corromper a una generación ausente de Estado”, dice Edgar Rentería Ospina para significar lo difícil que ha sido mantener vivo un colectivo de jóvenes en un corredor estratégico para la mafia colombiana, panameña y mexicana. Hacía tres días había sido asesinado uno de sus amigos de la isla, pero él estaba en Bogotá presentando ante la Unión Europea los resultados de su propuesta de paz.

Cualquier ayuda para estos jóvenes significa mucha esperanza en territorios periféricos como Bagadó. No hay universidad, pero sí muchas propuestas del “dinero difícil”, como lo llama Rentería, porque dice que la gente se equivoca cuando menciona que el dinero del narcotráfico es “fácil”. “No, porque en ese negocio ilícito una persona siempre arriesga la vida o la libertad”.

En 2015 empezó con 15 jóvenes y 15 niños, pero hoy solo tiene ocho de cada generación. El narcotráfico está vivo “y los jóvenes ya no piensan en otra cosa, porque ven que sus amigos construyen casas, compran carros y eso los cautiva más. Entonces, muchos ya perdieron su identidad y de lo que se trata es de evitar que otros lleguen a esas redes”, enfatiza Rentería, coordinador del grupo Fronteras de Selva y Mar de este municipio del Chocó.

Las actividades lúdicas, deportivas y recreativas están articuladas con la identidad del territorio. Todos los domingos recorren los islotes que hay dentro de la isla, “para sembrar el sentido de pertenencia por la vida y el lugar donde vivimos”, comenta Rentería, quien de lunes a viernes les dicta charlas de valores humanos y los incentiva a tener sueños.

Edgar Rentería, coordinador de los Exploradores de la Isla.

Cuando empezó con el grupo, Rentería lideraba a jóvenes de veinte años, pero su estrategia cambió desde que varios de ellos dejaron de asistir a los encuentros. Ahora trabaja con adolescentes entre los 14 y 18 años. “A esa edad ellos aún no tienen la mentalidad de que el fin de la vida es ganar mucha plata”.

Rentería regresó de Medellín en 2015, donde estuvo en busca de sus sueños. Llegó a Bagadó y lo encontró desolado. “Allá los jóvenes solo pueden estudiar la primaria y la secundaria. De ahí en adelante, los que puedan se van al sitio mas cercano y fácil, que es Quibdó. De ahí salen los vuelos y es más fácil para que los papás envíen el plátano y otras cosas. La otra posibilidad es Medellín”, cuenta Rentería, quien tiene 27 años. Su sueño más profundo es “que los jóvenes de nuestro municipio aíslen la mentalidad de ganarse la mal llamada plata fácil”.

Rock sinfónico en las montañas de Pradera (Valle)


 

Toque 29 recorre las montañas de Pradera con el violonchelo y otros instrumentos.

“El campo sigue siendo un territorio muy agradecido. A pesar de que sus pobladores han vivido fenómenos de la guerra que han sido crueles, las personas siguen siendo muy sensibles al arte, la música y la poesía. Antes, en el campo, las experiencias se vivían a través de la tertulia, alrededor de una fogata, la música colombiana era un conocimiento que pasaba de generación en generación. Sin embargo, la guerra hizo que mucha gente abandonara su cultura y su territorio, aunque algunos de los que se quedaron persisten en conservar ese legado”. Con estas palabras, Brayan Alexis Gómez describe su proyecto Toque 29, una propuesta de rock sinfónico, con sello propio, que se gestó en las montañas de Pradera (Valle).

El grupo nació el 29 de enero de 2011, fecha en la que dieron su primer concierto en la plaza pública de Pradera. Dice que nació como una necesidad de expresar esos sonidos del país rural que iban más allá del ruido de las balas y las bombas. “Por eso, quisimos que fuera algo diferente”, dice Zambo Gómez, como se identifica con su nombre artístico.

“La vida nos mostró que teníamos que conocer los territorios y las personas que viven allí, en ese país rural tan atormentado por la guerra. A través de la música la gente nos ha mostrado sus lugares sagrados y por eso nos enamoramos de los procesos comunitarios. Empezamos a generar música con una visión más armoniosa y a ver la necesidad de transformación social por medio del arte”.

Ya lleva más de ocho años en esa tarea y hoy es maestro de música en seis escuelas rurales de Pradera y en otros corregimientos, donde tiene estudiantes empíricos entre niños y adultos mayores de ochenta años.

“El tema con ellos es construir una armonía. Quiero que estas comunidades cuenten su historia a través de una canción. Que entre todos escriban la historia. Con ellos he trabajado música, cantos, que tienen que ver con la conservación y la apreciación de la naturaleza”, explica.

Brayan Alexis Gómez, fundador de la agrupación Toque 29.

Por eso, una jornada de clases con Zambo Gómez empieza con el manejo de la respiración. “Que ellos sean conscientes del momento, del presente. Les enseño a ver la música como un lenguaje que los puede comunicar con algo más allá de lo físico”, puntualiza Gómez. Es permitir que la música los ayude a cicatrizar las heridas y a reconstruir su identidad.

Toque 29 tiene un sinnúmero de canciones propias para los conciertos. Una de las primeras producciones que más recuerda Gómez se llama Serankua, fue grabada en la Sierra Nevada de Santa Marta y es un homenaje al Dios y a las comunidades ancestrales de ese territorio.

La red nacional de 6.400 jóvenes
 

La red de jóvenes rurales está en 140 municipios del país, la mayoría azotados por la guerra.

Yeisully Tapia tenía 14 años cuando fue desplazada de San Diego (Caldas). El frente 49 de las Farc, ubicado al otro lado del río Sabaná en el municipio de Argelia (Antioquia), había secuestrado a su padre en la disputa armada que libraban con los paramilitares. La familia Tapia se desplazó al municipio de La Dorada, pero desde allí lucharon durante ocho meses para que rescataran al padre de Yeisully. “Así sucedió, aunque después lo mataron”, comenta la joven de treinta años.

Del oriente de Caldas salieron para el municipio de La Dorada. Allí, no fueron inferiores al reto de ser desplazados por la violencia y semanas después del arribo constituyeron el Movimiento de Jóvenes Rurales de La Dorada, integrado por 120 muchachos. Años más tarde quedaron ochenta, producto de los altibajos naturales que tienen las organizaciones sociales, pues estaban construyendo microempresas para tener ingresos y fortalecerse. En ese trasegar, al grupo de jóvenes llegaron los autores materiales del homicidio del papá de Yeisully, pero cuando se enteró, ella ya los había aceptado como parte de esa familia.

En 2012, después de ocho años de trabajar con los jóvenes rurales, vincularon a los que provenían del sector urbano de La Dorada y constituyeron la Red de Jóvenes Rurales del Oriente de Caldas. En 2014, luego de presentar la propuesta al Ministerio de Agricultura, la red convocó a un encuentro nacional al que asistieron dos jóvenes por cada departamento del país. Desde entonces, la red se extendió por municipios del Catatumbo, Cauca, Nariño y Putumayo, hasta llegar hoy a tener presencia en 27 departamentos y 140 municipios. En total, son 6.400 jóvenes rurales dentro de esta organización.

 

Yeisully Tapias, representante nacional de la Red de Jóvenes Rurales de Colombia.

La red está organizada en nodos locales, que son grupos de jóvenes en una vereda o en la zona urbana de un municipio. Dichos colectivos desarrollan actividades alrededor de temáticas como emprendimiento, comunicaciones, incidencia política, identidad cultural y formación integral. Todas dan resultados de acuerdo a lo que quieran los jóvenes de cada territorio. Por ejemplo, “la incidencia política permite llevar a los jóvenes a participar en la creación de los planes de desarrollo municipal, a que empiecen a dinamizar y participar en las plataformas de juventud, y a que muchos ingresen a la política electoral y sean elegidos en cargos públicos”, cuenta Yeisully Tapia, representante de la red.

A escala nacional, cada mes desarrollan reuniones virtuales; hay una asamblea general una vez al año; se realizan encuentros departamentales y en los municipios cada ocho días se juntan los nodos. “La red es un espacio para ayudar a sanar el dolor y para que se sienten guerrilleros y paramilitares, compartan y construyan en el mismo nodo, en la misma región”, concluye Tapia.