El encargado de la reincorporación

“‘Iván’ asumió una posición individual”: Pastor Alape

“Pastor Alape” les sale al paso a los rumores de la renuncia de “Iván Márquez” y varios mandos medios a la FARC y explica que la captura de “Jesús Santrich” ha desatado miedos normales en quienes se alzaron en armas contra el Estado.

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“Pastor Alape”, miembro de la Dirección Nacional del Partido de la FARC, habla sobre el momento de tensión política que vive. / Mauricio Alvarado - El Espectador

Hace unos días se conoció una dura carta de Joaquín Gómez y Bertulfo Álvarez, dos miembros del exsecretariado de las Farc, en las que se ventila una fuerte confrontación en el interior del partido conformado tras su desmovilización: la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común. En la misiva acusan a Timochenko de no ser un buen líder y lanzan serias acusaciones contra los miembros de la dirección de la nueva colectividad, entre ellos Pastor Alape, quien hoy se encuentra al frente del proceso de reincorporación de los excombatientes.

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¿Cómo le llegó la carta de “Joaquín Gómez” y “Bertulfo Álvarez”?

Es un tema del que me abstengo de hacer comentarios. Es un asunto que tendrá que ser resuelto por el partido y soy de aquellos militantes que respetan las instancias y de los que creen que las discusiones en el interior de la casa no se ventilan afuera. Solo puedo decir que hay una comisión de ética y será esta donde, en dado caso, me pronunciaré sobre las acusaciones. No voy a entrar en un debate a través de los medios con mis propios compañeros.

Pero la carta deja ver que, más allá de las acusaciones, hay una crisis y duras críticas a la dirección del partido...

La FARC es un partido que lleva un año en un proceso de transición. En un año un ser humano no ha aprendido a caminar, nosotros venimos andando, ampliando los senderos en un proceso de articulación con nuevos sectores para construir la paz en Colombia. Por supuesto que tenemos muchas deficiencias y, desde nuestra misma concepción política, asumimos que las contradicciones son parte fundamental del desarrollo. Y es el pleno que, con la participación del 80 % de sus integrantes, emitió una declaración política en la que le da un apoyo al conjunto de la dirección y al partido. No estamos estableciendo reconocimientos particulares, sino al conjunto que somos y al presidente del partido, quienes representamos la ligazón histórica de lo que fuimos en el alzamiento armado.

La carta de “Joaquín” y “Bertulfo” precisamente los acusa de dedicarse a defender el “orden burgués” y de haber abandonado las ideas revolucionarias...

Ese es un debate que se da en los espacios propios del partido. No voy a caer en la trampa de convertir esto en un debate público.

Y a usted le dan muy duro...

No me voy a referir en ningún momento a esa carta. El partido estableció unos espacios concretos para estos temas y es la Comisión de Ética, y yo, Pastor Alape, me subordino a los estatutos del partido. Cumplo con mis deberes como siempre lo he hecho.

Y sobre la tesis de que el partido está fracturado en la tendencia que lidera “Timochenko” y otra que encabeza “Iván Márquez”, ¿qué tanto hay de cierto?

Hay muchas especulaciones sobre eso. A los medios les encanta echarle fuego a la hoguera, pero nosotros no vamos a construir un partido con los medios de comunicación. Lo estamos haciendo en las regiones, en los barrios, en las universidades. Allá vamos a ir a debatir nuestros temas. La declaración que ofreció el pleno es clara en que, llegado el momento, daremos a conocer los documentos que fueron parte de la discusión.

La Misión de la ONU expresó que los seis mandos que abandonaron los espacios territoriales están incumpliendo con sus responsabilidades en materia de reincorporación. ¿No es esto preocupante?

Sí, y lo es porque a nuestra gente se le está incumpliendo. Hay un grupo de seis compañeros que hicieron su propia lectura de la situación en la que nos encontramos y decidieron tomar medidas de autoprotección. Pero desde la dirección de la FARC hemos venido desarrollando capacidades para la paz en los territorios. Nosotros no le vamos a incumplir a la gente, como lo ha hecho el Estado. Y la muestra es que existen otros, muchos más “mandos”, comprometidos en los espacios territoriales. Está Manteco, Isaías Trujillo, Wálter Mendoza y el conjunto de los liderazgos está dándole la cara al país y poniéndoles el pecho a las tormentas de quienes no quieren la paz en Colombia. Este proceso de paz es un nuevo escenario de acción política y así estamos actuando. Vamos ahora a luchar por construir la democracia.

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Cuando se les pregunta por “Iván Márquez” da la sensación de que están minimizando el hecho de que el jefe negociador de ustedes en los diálogos de paz no está. ¿Cuál es la situación?

Tal vez entrar a leer a la FARC desde afuera es muy difícil, porque si nos hubieran tratado de entender cuando mataron a Raúl Reyes, al Mono Jojoy o Alfonso Cano, que decían: “Les dimos un golpe contundente”, no comprenderían que nosotros tenemos un ADN, creemos que los procesos tienen sus propias dinámicas e Iván asume, como cualquier miembro de la organización puede hacerlo, una posición individual. Él sintió que no tenía seguridad jurídica a partir de la captura de Santrich y de las acciones de espionaje y provocación que venía desarrollando su sobrino. Eso hace que su situación sea más complicada. No hemos minimizado lo que está pasando y le hemos dicho al Gobierno que hay una amenaza contra el conjunto de la dirección. El fiscal general está dedicado al debilitamiento de la JEP. No somos la FARC ni sus militantes los que están poniendo en riesgo el Acuerdo, es la institucionalidad colombiana que ha venido atacando lo pactado en La Habana en su implementación. Le pongo un ejemplo: esto de que van a procesar a funcionarios de la JEP porque está autorizando la salida de los espacios territoriales, ¿quién dijo que se necesita una autorización? Lo grave es la falta de compromiso del Estado con la implementación.

¿Tienen la ilusión de que “Iván Márquez” regrese a la dirección del partido?

Nosotros le apostamos a la coherencia y aspiramos a que Iván asuma su papel de manera coherente. Si los desenlaces son otros, sería especular.

¿Qué información tienen del “Paisa”, otro de los mandos principales de ustedes?

Esto parte desde que le hicieron el procedimiento a Santrich y los mensajes que han dado los sectores que se oponen al proceso de paz. Al Paisa le asignan un largo prontuario y eso, obviamente, es para él una amenaza. El hecho es que si a Jesús Santrich, que nada tiene que ver con los hechos más graves en el conflicto, le hacen lo que estamos viendo, pues el Paisa dirá: ¿qué me espera? Esos miedos son comprensibles, todos los estamos sintiendo, no tenemos seguridad jurídica y eso produce inseguridad psicológica en quienes asumimos este compromiso.

¿Pero se sabe dónde están?

Ellos asumieron la posición de resguardarse y lógicamente lo primero que hacen es cortar comunicación. ¿O alguien sabe en este momento dónde está el excomisionado de Paz Luis Carlos Restrepo? Nadie lo dice, pero a Iván Márquez si lo quieren ver acá. Esas son las costumbres política de este país.

Últimamente se habla del malestar con el liderazgo de Rodrigo Londoño, “Timochenko”...

El problema es que el país sigue tratando de entender a la FARC con la lógica de sus caciques y jefaturas. Nosotros no somos así, no lo fuimos en la guerra: el comandante centralizaba su acción, pero en medio de la “plomacera” no se llama a consultar nada. Los mandos asumíamos la maniobra, al salir, claro, definíamos principios en debate. Entonces, el liderazgo de Timo está sometido a esos principios que nos caracterizan. Timo es el presidente del partido, pero actúa según los consensos de una dirección.

Entonces, ¿para usted la tesis de la división en el interior de la FARC es una invención mediática?

Un debate interno no puede considerarse una división. Ahora, si hay gente que se quiere ir del partido, pues eso es lo normal en cualquier parte, en cualquier espacio social. La gente se retira de los partidos, de las universidades, de los trabajos y también había quienes desertaban en el alzamiento armado. Hoy se está yendo la gente, sí.

Pero en la mesa de diálogos se veían monolíticos...

Claro, estábamos en una dinámica de confrontación política y armada. Estábamos enfrentando una visión política diferente y esa era otra realidad. Ya dejamos las armas, llegamos a la legalidad, entramos a la política, y eso nos ha conducido a nuevos procesos, nuevos debates. Estamos transitando de partido en la resistencia armada a un movimiento político en la democracia, y eso genera debates.

¿Cómo han leído los mensajes que ha dado el gobierno de Iván Duque respecto a la implementación del Acuerdo de Paz?

Estamos supremamente preocupados. Sentimos que no ha asumido un liderazgo serio, que está abriendo un camino de gran incertidumbre para el Acuerdo. Tratar de nombrar en la Unidad Nacional de Protección a una fanática anti-comunista o que la ministra del Interior meta “micos” en las leyes. Pero, además, salen a pedirnos que tengamos confianza, que van a implementar, pero ya pasó un mes y no se sabe con quién vamos a interlocutar en el Gobierno. Nombraron al doctor Miguel Ceballos y a Emilio Archila, pero todas las mesas de reincorporación están paradas. Los proyectos productivos, la mesa de tierra, la situación de abastecimiento. Uno les pregunta a las entidades y nos dicen que todavía no tienen una línea de trabajo.

¿Ustedes sienten que al Estado solo le interesaba que ustedes entregaran las armas y no que acabara el conflicto?

Eso está claro. Ellos siempre habían querido desmontarnos como fuerza armada, pero para hacerlo el Estado tenía que aceptar que se necesitaba generar unas condiciones para quienes dejáramos las armas y para quienes viven en los territorios afectados por la guerra. Y a pesar de los incumplimientos, y eso es lo que nos ilusiona, vivimos unas elecciones en las que disminuyó la abstención y se manifestó un importante número de ciudadanos que quieren un cambio. Independientemente de los que quieren cobrar los votos, lo cierto es que los debates de hoy los abrió la posibilidad del Acuerdo de Paz. Hay una nueva realidad política, así hayan querido solo desarmarnos para que todo continuara igual.

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¿En el tema de reicorporación cómo están las cosas?

En lo de los proyectos productivos se pactó que por cada integrante de la organización se haría una inversión de $12 millones, y hasta el momento el Gobierno ha empezado a desembolsar apenas para dos proyectos, uno en San Vicente del Caguán y otro en Icononzo. Con el gobierno anterior, en el Consejo Nacional para la Reincorporación, aprobamos 17 proyectos productivos y apenas se pudo establecer un predio de 75 hectáreas en Colinas, Guaviare, pero ni siquiera se han terminado los trámites para que podamos asumirlo. Esto muestra, una vez más, cómo los esfuerzos de la reincorporación han sido por nuestra iniciativa. Afortunadamente hemos recibido el apoyo de Naciones Unidas y con recursos suecos pudimos llevar a espacios territoriales $32 millones para fortalecer el trabajo de la comunidad. Con la ONU estamos desarrollando unos proyectos para los nuevos espacios territoriales. Y nuestra cuenta es que, en procesos colectivos, continuamos 7.200 personas. Tenemos dificultades para llegar a varias regiones porque el componente FARC del Consejo Nacional de Reincorporación (CNR) no tiene capacidad operativa. Estamos trabajando con la comunidad internacional, que es la que nos está permitiendo llegar a muchos lugares, a donde han migrado los excombatientes. Mucha gente está regresando a los territorios donde tienen sus afectos y su acumulado político. La preocupación es que en este nuevo gobierno no han nombrado a los representantes en el CNR ni en la Comisión de Seguimiento, Impulso, Verificación e Implementación (Csivi).

¿Dice que de los cerca de 13.000 excombatientes, 7.200 están en proceso de reincoporación colectivo?

Sí, pero eso no quiere decir que los restantes no estén en proceso de reincorporación. Nos falta sumar gente de los asentamientos del Valle, del Eje Cafetero, de Florencia, Neiva, Pasto, Barranquilla, Cali. En general, hay mucha gente que está en las ciudades y no hemos terminado los censos. Creemos que al final podremos contar 12.000 personas.

¿Cómo avanza la reincorporación de los excombatientes?

Puedo decir que hemos hecho un proceso de reincorporación colectivo que, en su mayoría, el 90 % de los integrantes de la organización estamos poniendo toda la energía para que la paz no sea una frustración para los colombianos. Nosotros, los exguerrilleros, le hemos metido el hombro al proceso de reincorporación. Nosotros llegamos solos a los puntos de preagrupamiento, con nuestra voluntad y nuestro esfuerzo. Luego nos trasladamos a las zonas veredales a pesar de que en ellas no había ni baños ni donde dormir. Lo hicimos como muestra de nuestro compromiso e incluso fuimos nosotros los que construimos las adecuaciones. Hicimos la dejación de las armas, esperando que el Estado cumpliera con la promesa de hacer las transformaciones sociales que han sido el germen de la guerra, la apertura de la participación política, las garantías a nuestra vida y a la de los líderes sociales. Sin embargo, ya nos han asesinado 75 compañeros, la reforma política fue descuartizada, la reforma rural fue engabetada. En fin, quienes hemos cumplido somos nosotros, y lo hemos hecho a pesar de la arremetida de los enemigos de la paz, que se expresan, por ejemplo, en el caso de Jesús Santrich”.