Intervención militar en la Comuna 13 de Medellín

En esa área de la capital antioqueña hacen presencia dos grupos ilegales: la Agonía y el Coco, alineados con otras dos estructuras armadas más grandes y poderosas: la Odín Caicedo y la Odín Robledo. El miércoles hubo siete muertos.

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La Comuna 13, en Medellín, amaneció ayer con un despliegue militar que busca poner freno a la ola de violencia en la zona. / Archivo El Espectador

Más de 300 integrantes de la Fuerza Pública patrullan desde este jueves las calles de la Comuna 13 de Medellín, en un esfuerzo por tratar de contener la arremetida violenta que tiene en zozobra a los habitantes de esta zona de la capital antioqueña. Y no es para menos, sólo en esta semana, según las denuncias de la comunidad, se han incrementado los enfrentamientos entre combos por el control territorial, a tal punto que ya hay cuatro personas muertas, en algunos barrios la recomendación para la gente es permanecer en sus casas y se tuvieron que crear corredores escolares seguros para que los niños y jóvenes pudieran asistir a clases.

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El fenómeno parece complejizarse. Según explicó el secretario de Seguridad de Medellín, Andrés Felipe Tobón, en la Comuna hacen presencia dos grupos ilegales: la Agonía y el Coco, que no sólo han ocupado el territorio durante años, sino que además están alineados con otras dos estructuras armadas más grandes y poderosas: la Odín Caicedo y la Odín Robledo.

De la segunda formó parte Carlos Pesebre y hasta hace poco estaba bajo el mando de Cristian Camilo Mazo Castañeda, alias Sombra, quien fue capturado el sábado pasado en el municipio de El Peñol. De ahí que la conclusión de las autoridades sea que los enfrentamientos de esta semana responden -en buena parte- a que la Odín Caicedo está aprovechando la falta momentánea de cabecilla en la Odín Robledo para atacar su estructura.

Sobre todo si se tiene en cuenta que dicha organización ha recibido fuertes golpes en el último año y sus máximos cabecillas están tras las rejas, una situación que, dicen algunos, ha ocasionado fisuras en el interior del mismo grupo y, consecuencia de aquello, aumento en los fenómenos de violencia en su zona de influencia. Es más, hay quienes aseguran que varios combos que estaban bajo su mando se declararon en rebelión y se unieron a otros grupos.

Se trata, en todo caso, de una de las más grandes y sanguinarias estructuras criminales de Medellín, cuyos tentáculos se extienden por las comunas de Robledo, San Javier, La América, Laureles, Belén y los corregimientos San Cristóbal y Altavista. Sobre la situación de este último hizo un llamado especial esta semana la Defensoría del Pueblo, al señalar que sólo entre el 1° de enero y el 20 de abril de 2018 se presentaron 12 homicidios, un incremento del 300 %, con respecto a las cifras de 2017.

De momento, el brigadier general Óscar Antonio Gómez Heredia, comandante de la Policía Metropolitana del Valle de Aburrá, reveló que existe una recompensa de $20 millones por información sobre los líderes de las bandas criminales que delinquen no sólo en la Comuna 13, sino en otras zonas de Medellín. Es el caso de la Agonía, que estaría encabezada por alias Pocho y alias Igor; la Pradera, comandada por alias Fijo y Piña y el Coco, liderada por alias Coco y el viejo.

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Las autoridades también desmintieron la veracidad de varios panfletos que circulan en algunas comunas -y que han sido atribuidos a grupos como las Autodefensas Gaitanistas de Colombia- en los que se instan a las comunidades a mantenerse en toque de queda. “Hay quienes están generando terror en la comunidad para que las personas no salgan de sus casas. No podemos permitir que personas que están ajenas a estas situaciones infundan temor”, sostuvo Raúl González, director seccional de Fiscalías de Medellín. Aun así, habitantes de algunos sectores han señalado que la amenaza y restricción de la movilidad existe y que la orden de toque de queda se ha dado por el voz a voz.

La crisis de seguridad ha llevado, además, a un régimen del miedo que ha derivado en que buena parte de los liderazgos sociales estén acallados o hayan tenido que modificar su discurso y dejar de hablar de temas cruciales como microtráfico, desplazamiento forzado intraurbano, desapariciones y vacunas.

Quienes conocen las dinámicas propias de las comunas y la crisis de seguridad que viven varias de ellas, tienen claro que aunque la intervención militar y policial en los puntos críticos es una medida importante, en el fondo estas disputas territoriales entre ilegales se dirimen sólo cuando se estabilizan de nuevo los altos mandos de las organizaciones o cuando se establecen acuerdos de convivencia entre las mismas con reglas y normas claras que determinen las zonas de injerencia.

Entretanto, el temor sigue reinando en comunas como la 13, en donde desde el miércoles corre el rumor de una posible arremetida violenta durante este fin de semana. La comunidad sigue en vilo.

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