“Iglesia no está comprometida con ningún gobierno de turno”: padre Darío Echeverry

El Espectador habló con el sacerdote que representará a la Iglesia católica en el mecanismo de verificación que hará la veeduría del cese al fuego temporal entre el Eln y el Gobierno. 

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El padre Darío Echeverry, secretario de la Comisión de Conciliación. / Cortesía

Si hay un tema que genere preocupación respecto al cese al fuego temporal pactado entre el Gobierno y el Eln es precisamente cómo será su verificación en terreno, sobre todo teniendo en cuenta que en muchas de las zonas en las que opera esa guerrilla también ejercen control territorial grupos armados ilegales y bandas criminales, como el caso de la región del Catatumbo y el departamento de Chocó.

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En esas regiones se han registrado en los últimos meses múltiples denuncias de comunidades que han sido desplazadas por cuenta de enfrentamientos entre dichos grupos y frentes del Eln, precisamente por el dominio de zonas claves, en su mayoría, para el control del narcotráfico. De ahí que los ojos estén puestos en cómo funcionará sobre la marcha el mecanismo de verificación del cese al fuego para que se puedan analizar estos casos específicos y en efecto se garantice que las partes no incumplan lo acordado.

La tarea no será fácil y el grupo designado –que tendrá como tarea vigilar el cese que regirá hasta el próximo 9 de enero y reportar los incidentes que se puedan presentar– tiene muchos retos por delante. En esta oportunidad, y a diferencia del mecanismo dispuesto para el cese al fuego con las Farc, se contará —además de los representantes de Naciones Unidas, los miembros del Gobierno (el general Alberto Rodríguez de las Fuerzas Militares, el coronel Santiago Camelo de la Policía y Alejandro Reyes de Presidencia) y del Eln (Gustavo Martínez, Alejandro Montoya y Tomás García)— con un representante de la Iglesia católica.

Un componente trascendental teniendo en cuenta que en muchas de estas regiones apartadas y golpeadas por el conflicto, esta ha jugado un papel fundamental como mediadora. El Espectador habló con el padre Darío Echeverry, secretario de la Comisión de Conciliación Nacional y quien precisamente representará a la Iglesia en el mecanismo como veedor del cese al fuego temporal con el Eln.

¿Cuál será el papel de la Iglesia en el mecanismo de verificación?

Es bueno empezar diciendo que esta es una experiencia que no tiene referente en el mundo, ni en la participación de la Iglesia en la construcción de paz. Ha habido presencia y participación en la veeduría y en la verificación en el cumplimiento de los compromisos de una negociación en diferentes partes del mundo, pero nunca de un cese al fuego. La Iglesia acepta participar en esta veeduría porque, desde el evangelio, está comprometida en la construcción de la paz, porque las palabras del papa Francisco la impulsan a tener una presencia activa en la construcción de condiciones que disminuyan el dolor, que humanicen la situación, que propendan por la defensa de la dignidad de la persona.

¿No queda como si estuviera tomando partido para apoyar al Gobierno?

La Iglesia apuesta por la construcción de una Colombia reconciliada y en paz, pero no está comprometida con un proyecto político de ningún gobierno de turno. La aspiración de la Iglesia va más allá de lo que el proyecto Farc-Gobierno o Eln-Gobierno incluyen como construcción de paz… que yo me pregunto si es de paz o meramente se trata de la terminación de una confrontación armada. Lo de la Iglesia va mucho más allá.

¿Más allá en qué sentido?

Porque la confrontación armada es meramente un paso hacia la construcción de la paz. Con las Farc hasta el momento tenemos la terminación de la confrontación armada, ojalá que con el Eln también se dé, pero ese es un paso hacia la construcción de la paz y la reconciliación.

¿O sea que espera que su participación llegue hasta el posconflicto?

Sí. De la Iglesia acuñamos una diferencia: una cosa es la posnegociación, otra el posconflicto y otra la paz. Con las Farc tenemos una posnegociación, pero el posconflicto es la consolidación del cumplimiento de los acuerdos pactados. Si estos acuerdos se cumplen, es posible afirmar que estamos en posconflicto, y éste consolidado podrá permitir soñar con una Colombia reconciliada y en paz.

¿Cómo trabajará la Iglesia en el mecanismo de verificación?

Somos un equipo de cinco representantes a nivel nacional. Luego, en 21 diócesis, el obispo de cada una constituirá un comité que le permita tener los ojos y los oídos en aquellos lugares donde hasta ahora ha habido un accionar del Eln.

¿Cuáles son las 21 diócesis?

Son tres arquidiócesis: de Cali, de Medellín y de Popayán. Luego están las diócesis: la de Tibú, de Cúcuta, de Arauca (frontera con Venezuela), luego está la de Santa Rosa de Osos (Bajo Cauca antioqueño); también están las de Apartadó, Quibdó y de Istmina (esa realidad triste, muy golpeada por el Eln en el Chocó, en el límite con Panamá); están las diócesis de Tumaco, de Putumayo, de Guapi. La presencia de la Iglesia en las regiones donde el accionar del Eln se ha sentido más.

Si se presenta una violación al cese, ¿cuál sería el rol de la Iglesia?

La Iglesia será veedora, eso implica ser oídos y ojos atentos para ver lo que está pasando en las regiones y para presentar una información veraz y confiable ante la mesa. La Iglesia no tiene técnicos, será neutral frente a lo político, no tomará partido. Solo transmitirá la información y corresponderá a la mesa de negociación juzgar.

¿Espera que el cese siga después del 9 de enero?

Lo pactado entre el Gobierno y el Eln termina el 9 de enero de 2018. La Iglesia se compromete a continuar por uno o dos meses más esta veeduría, porque las comunidades quedarían vulnerables, pero qué bueno sería que lo pactado no termine en ese día, sino que se convierta en un estado irreversible.

¿La existencia de un mecanismo de veeduría puede dar paso a la consolidación de la paz?

Yo creo que sí. Y también da paso a grandes desafíos para Naciones Unidas y para la Iglesia. En la mesa de La Habana yo oí de parte de los comandantes de las Farc un reconocimiento de que la Iglesia se constituye en la instancia humanitaria más cercana a la gente en los lugares más desprotegidos.

¿Cree que la visita del papa Francisco tuvo algún efecto para que se llegara al cese al fuego?

Sí. Sé que hubo un esfuerzo en la mesa de negociación por apurar los diálogos y los compromisos en orden de ofrecerle al papa Francisco en su visita a Colombia el compromiso de la mesa de negociación con un cese al fuego. Pero no importa, aprovechémoslo ahora y hagamos de esto una buena oportunidad para la paz de los colombianos.

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El Eln, al menos en sus orígenes, fue cercano al catolicismo, ¿esa historia habría permitido que la Iglesia tuviera un papel activo en este cese al fuego?

Es cierto que el Eln, desde la presencia del padre Camilo Torres, del padre Domingo Laín, ha mirado el pensamiento social de la Iglesia como un estímulo para su lucha por la justicia, y se ha desfasado, pero no se puede negar que sí han intentado tenerlo como referente. Y yo tengo que aceptar que si bien ha habido errores muy grandes, como el caso del obispo de Arauca, también ha reconocido el compromiso humanitario de la Iglesia.

¿En qué sentido?

En Colombia hay más territorio que Estado, el Estado es pequeño, y en muchas regiones del país hay más Iglesia que Estado. Es la Iglesia católica la que tiene una presencia, es la institucionalidad en los lugares donde el Estado no tiene la posibilidad de hacer presencia. Y el Eln ha hecho un reconocimiento de esa dimensión humanitaria de la Iglesia.