Alianza para prevenir este tipo de violencia en redes

Excombatientes y sobrevivientes, contra el extremismo

Henry Robinson  combatió con paramilitares en Irlanda, se desmovilizó y hoy trabaja para evitar que los jóvenes se involucren en grupos violentos.

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Henry Robinson fundó una organización contra el extremismo. / Cristian Garavito
Henry Robinson fundó una organización contra el extremismo.
/ Cristian Garavito

Estos son tiempos en que el extremismo —religioso, político, ideológico, blanco, negro, cualquiera— encuentra en internet una herramienta efectiva para la propaganda y el reclutamiento. Existen abundantes redes, foros, narrativas que incitan a la violencia extremista, a las que cualquier persona en el mundo puede acceder. Pero también se están creando poderosas contra-narrativas, una de estas es la red global de Google contra el extremismo violento (Against Violent Extremism, AVE), en la que excombatientes y víctimas del extremismo trabajan juntos para prevenir, entre otras cosas, el reclutamiento y la radicalización de jóvenes.

Henry Robinson es un excombatiente del “Ejército Republicano Irlandés Oficial”, una estructura paramilitar que resultó de la división del Ejército Republicano Irlandés.  Es miembro de AVE y co-fundador de Families Against Violent Extremism (FAIT), otra red de derechos humanos que se enfocó en ejercer presión contra organizaciones terroristas en Irlanda del Norte, y cuya labor fue internacionalmente reconocida.

Robinson estuvo en Bogotá, junto a desmovilizados de otros países, en la cumbre de expertos internacionales sobre Reintegración, Reconciliación y Construcción de Paz, realizada por la Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR). Habló de sus experiencias y su perspectiva sobre la firma de un acuerdo de paz entre el Gobierno y las Farc en Colombia.

Hablemos de los tiempos en los que usted era combatiente.

Era muy joven cuando me convertí en miembro del Ejército Republicano Irlandés Oficial. Muchos se estaban uniendo para entonces. Los jóvenes creen que es emocionante levantar un arma, creen que esta es la manera de solucionar los problemas. Fui combatiente y fui a prisión. En realidad me desmovilicé mucho antes del Acuerdo de Viernes Santo.

Cuando salí de la cárcel fundé un grupo de derechos humanos contra el terrorismo, llamado Families Against Intimidation and Terrorism(FAIT)  y empecé a cambiar mi manera de pensar. Comenzamos a trabajar con víctimas en contra del terrorismo y parte de nuestro grupo de paz contribuyó al Acuerdo de Viernes Santo, de 1998. Me di cuenta de que había una manera distinta, un camino político.

FAIT es una de las primeras organizaciones internacionalmente reconocidas por trabajar contra el terrorismo. ¿Qué impacto tuvo?

Fue muy importante. Por primera vez, había organizaciones internacionales de derechos humanos, como Amnistía Internacional, que están enfocadas en abusos de derechos humanos por parte de Estados. Pero en Irlanda, el 90% de estos abusos, hacia mediados de los 70, estaban siendo realizados por la Fuerza Lealista de Ulster (un grupo paramilitar leal a Reino Unido en Irlanda del Norte) y demás terroristas paramilitares. Nadie se estaba enfocando en estos actores y nosotros comenzamos a  enfocarnos en ellos. Eso permitió señalar y presionar a los grupos que lo estaban haciendo.

Y luego vino Against Violent Extremism...

Fue una iniciativa de Google Ideas, específicamente de Jared Cohen (quien era el experto de tecnología de Hillary Clinton), y Eric Schmitd. Es una red global compuesta por extremistas desmovilizados, excombatientes y sobrevivientes que operaban a través de internet para detener el extremismo y que, además, fundaron sus propias ONG.

Ahora AVE tiene un amplio número de excombatientes entre islamistas, del Ira, de la Fuerza Lealista, supremacistas blancos, de Al Qaeda, grupos de jóvenes armados blancos y negros en Estados Unidos, así como sobrevivientes del 9-11, sobrevivientes de ataques terroristas en Pakistán. Es un grupo muy interesante. (A este martes, la red cuenta con 307 excombatientes y 163 sobrevivientes)

¿Y cómo pelea esa red contra el extremismo violento?

Hay varios grupos y varios frentes. Por ejemplo, exintegrantes de grupos radicales de supremacía blanca se unen y tratan, mediante diferentes vías (proyectos y acciones legales) de desradicalizar a jóvenes que quieren ingresar a esa “ideología”. También están los exislamistas que trabajan en contra de los islamistas porque, obviamente, los pueden entender mejor. Y están los sobrevivientes, que son cruciales, y que cuando trabajan junto con los excombatientes logran grandes resultados. Aunque es difícil, es muy único tener excombatientes y sobrevivientes trabajando juntos.

¿Hay algún colombiano en esta red?

En la primera conferencia de recolección de fondos en contra de la violencia extremista en Dublín, nos interesamos en Colombia precisamente porque vimos a Álvaro Uribe. Vi al expresidente sentado al lado de dos excombatientes de las Farc y de una exmilitante del M-19, Vera Grabe. Lo que dijo Vera Grabe y Uribe me pareció contundente.

Después de haber conocido a Uribe, de oírlo hablar, no pude creer cuando escuché la transformación de este hombre al oponerse a la paz. Me pareció triste. Él es una víctima del conflicto, su padre fue asesinado por las Farc. Tiene el derecho de oponerse al proceso. Pero creo que ahora que hay una oportunidad de terminar la violencia de las Farc, él debería reconsiderar su posición y permitir que esto funcione. Podría suspender su campaña en contra de un proceso en el que podemos perder algo, pero lo que podemos ganar es enorme en términos de no más dolor, no más muerte, no más asesinatos en este conflicto. Es un precio que vale la pena pagar.

¿Cuál es su perspectiva sobre el proceso en Colombia?

He venido muchas veces a Colombia. Antes del 2012 recuerdo haber hablado con colombianos y decirles ‘la paz está cerca’, pero nadie lo veía posible. Seis meses después, les decía que ya tenían un proceso de paz, pero me decían que no iba a funcionar. Volví un año después y me encontré con personas que decían que se habían dado cuenta de que querían que esto terminara. Les dije que tenían que pensar en lo que fueron y en lo que son ahora. Creo que esa es la clave. Los conflictos largos  afectan fuertemente la mente. Toda Colombia está sufriendo en pequeña o gran medida un estrés postraumático. No puedes evadir un conflicto tan largo como este.

Usted es desmovilizado y ha vivido un proceso de posconflicto en Irlanda por muchos años, ¿qué deberíamos esperar nosotros que apenas entramos en este proceso?

Va a ser extraño. Puede tener a Timochenko por las oficinas de su periódico o a Jesús Santrich como un personaje de la vida pública. Y todo el mundo se va a tener que acostumbrar a estas situaciones. Ellos (las Farc) saben que su imagen es mala y tendrán que cambiarla. En el Norte de Irlanda, la imagen del Sinn Fein era mala y tuvieron que hacer un gran esfuerzo después del acuerdo de paz, para explicar su posición. Y las Farc también tienen su posición, pero tienen que decirlo sólo con medios pacíficos y democráticos, que permitan a la gente entender cuál es su visión.

¿Qué le diría usted, un excombatiente desmovilizado, a los combatientes de las Farc que se niegan a dejar las armas?

Primero, hay que saber que cualquiera puede amenazar el proceso de paz, incluso mucho después de su firma. En Irlanda, los miembros del Sinn Fein aún hoy llevan legalmente armas para su protección; para protegerse de la amenaza de la disidencia, de su propia disidencia. Gente que salió de la organización.

Lo que me impresiona del frente primero de las Farc es que decidieron alejarse del proceso muy tarde. Sé que habían hecho declaraciones políticas, pero aun así habían acatado el cese el fuego. Esto es peculiar y da un poco de esperanza para creer que puedan entrar al proceso otra vez. Si fueran realmente dogmáticos en esta creencia creo que se habrían ido hace mucho tiempo.

Me pregunto que están pensando los combatientes del frente primero. ¿Están realmente escuchando la oportunidad que hay acá? Si realmente la entienden  y no van por ella, entonces creo que no ha sido propiamente explicada esta oportunidad. Tal vez hace falta que haya un líder como Jesús Sántrich que se siente a hablar con ellos y les diga que esta es una gran oportunidad que jamás volverá.

¿Cómo fue su experiencia de reincorporación?

Fue lenta. Hay que hacer alianzas, demostrar la habilidad democrática, participar en la vida democrática. Lento pero seguro, las cosas van mejorando. En nuestro “plebiscito”, oíamos malos comentarios de la gente, que no creía en el proceso, pero eso es normal, es parte del estrés postraumático del que ya hablamos. ¿Qué van a hacer cuando lleguen a una urna y tengan que votar por la paz o por la guerra? Creo que para entonces Uribe se va a dar cuenta de lo que va a pasar; espero que no tenga que esperar hasta ese momento para saberlo.