Balance de la dejación de armas

“Es positivo trabajar juntos”: Marco León Calarcá

El dirigente del nuevo partido político admite que la Fuerza Pública y las Farc trabajarán juntos en la segunda misión de la ONU para verificar la reincorporación. Hay confianza y conocimiento.

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“Marcos Calarcá” seguirá trabajando en la reincorporación. / Óscar Pérez - El Espectador

Por muchos años Luis Alberto Albán, más conocido como Marco León Calarcá, tuvo a su cargo una especie de representación diplomática de las Farc en el exterior. Su oficina en las instalaciones de la Universidad Autónoma de México fue una de sus sedes más conocidas. Regresó al país durante los diálogos del Caguán y sobrevivió a la ofensiva del Plan Patriota hasta que voló, de manera clandestina, a La Habana, a comienzos de 2012 para integrar el equipo de esa guerrilla que empezó los contactos secretos con el Gobierno. Antes de la firma del Acuerdo volvió al país para ser la cabeza de la organización en el Mecanismo de Monitoreo y Verificación (MM&V) que termina su mandato hoy. Tal como lo hicieron sus contrapartes de Gobierno y ONU, hace un balance positivo del mecanismo.

¿Cuál fue la prueba de fuego del MM&V?

Con el resultado del plebiscito quedamos a la buena voluntad de las partes, pues no había acuerdo y no podíamos aplicar los protocolos del cese al fuego, así que empezamos a construir un protocolo provisional. Logramos firmarlo el 13 de octubre. El diálogo y la mesa se sustentaron en esa buena voluntad y en ese protocolo hasta el 24 de noviembre, cuando se dio la firma del Acuerdo en el Teatro Colón. Un problema muy serio fue el asesinato de dos camaradas en el sur de Bolívar, los últimos muertos en una acción militar de una de las partes contra la otra.

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¿Ese hecho fue una amenaza real contra el proceso?

Nos preocupó mucho, pero el mecanismo tuvo la suficiente fortaleza para mostrarles a las partes que ese no era el camino, decirles a algunos sectores de la Fuerza Pública que la guerra se había acabado. Después hubo una serie de violaciones leves, otras más graves, pero el cese se cumplió y el mecanismo creó lazos de confianza, aprendió.

¿Cuáles fueron los momentos más duros para ustedes?

Nosotros nos desplegamos el 28 de septiembre y llegamos a Valledupar, Florencia, Villavicencio, San José, Popayán y Medellín. Con el resultado del plebiscito, la gente estaba muy asustada, existía la posibilidad de que nos capturaran, menos mal que el Gobierno cumplió. Después autorizamos a la gente para que saliera de las zonas a atención médica y en febrero empezaron a capturar a nuestra gente. Esa fue una orientación mal sana, era legal, pero no era necesario que el Estado hiciera eso. Fue un golpe duro, pero lo logramos superar.

¿Y el acoplamiento con militares colombianos y extranjeros?

De la ONU vinieron oficiales acostumbrados a tener protagonismo militar en las misiones de paz, y aquí llegaron sin armas, sin mando, sólo coordinaban. De la Fuerza Pública y de las Farc llegaron oficiales y mandos de todos los niveles, también con su línea de mando. Juntar a esos tres, acostumbrados a mandar, sin poder hacerlo, fue difícil, pero teníamos que buscar solución a los problemas. Se supone que el mecanismo empezaba a funcionar antes del famoso día D y terminaba 180 días después. Eso nunca se pudo cumplir. Además, la integración del mecanismo en las instancias locales fue tardía, y ahí no funcionó el aspecto pedagógico. Y pese a todo eso el cese se cumplió.

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Otro tema fue la demora en la construcción de las zonas...

Fue muy duro tener a la gente nuestra metida en el barro, sin agua, sin condiciones dignas para vivir. Pero eso no nos iba a echar para atrás. No se podía romper el cese al fuego porque esa no era la solución. Ya habíamos tomado una decisión, por eso llegamos a este final. El parte es de misión cumplida, de obstáculos superados que no lograron romper con el cese al fuego.

¿Qué lección le deja?

Que se puede hacer ese trabajo conjunto, si hay un marco conceptual claro.

¿Algo que no quedó bien?

Varias cosas: no tuvimos en cuenta ese tema jurídico de las órdenes de captura, y otros trámites de la burocracia. El MM&V no tuvo presupuesto y nosotros no teníamos dinero, así que los viajes a las zonas fueron un lío, muchos no se pudieron hacer. Y para la movilización a las zonas había que cumplir con la legalidad, que la factura, que el RUT y la gente en las zonas no tiene papeles, nosotros no sabíamos de eso…

¿Cómo fue ese diálogo entre guerreros?

En La Habana se dio una discusión técnica, no había espacio para hablar carreta. El Acuerdo de fin del conflicto se demoró más en la mesa de plenipotenciarios que en la subcomisión. Lo bueno es que creamos un marco conceptual claro, el Acuerdo no permitía hacer interpretaciones.

¿Lo bueno, lo malo y lo feo?

Lo bueno fue trabajar en ese marco conceptual y sacar adelante la misión; lo malo fue haber olvidado los temas jurídicos, el presupuesto, eso burocrático. No encuentro nada feo. Hubo momentos críticos que se superaron.

¿Qué enseñanza le dejó en lo personal?

Estar en la disposición de escuchar los argumentos de los otros. Nosotros somos insurgentes y nos tocaba llegar a acuerdos con la Fuerza Pública con la que estuvimos enfrentados y con el componente internacional que también es Fuerza Pública en sus diferentes países. Eso implica mucho respeto.

¿Qué queda para la segunda misión?

La experiencia. La segunda misión es sólo de la ONU, tiene objetivos claros, habrá unos enlaces de Fuerza Pública y Farc, porque ya tenemos una confianza construida y un conocimiento geográfico y sociocultural de las zonas.

Eso significa que les gustó trabajar juntos…

Eso significa que es positivo trabajar juntos.