En San Juan Nepomuceno la esperanza resurge a través de las gaitas

En ese pueblo de Bolívar, una profesora de lengua castellana dirige un grupo de estudiantes gaiteros que, con la música, están transformando su entorno.

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Margarita Rosa Pérez ganó el Premio Colombia2020 en la categoría docentes con su iniciativa Construyendo espacios de paz y convivencia mediante la formación musical a través de la creación del grupo de gaitas en San Juan de Nepomuceno (Bolívar)./ Óscar Pérez.

Margarita Rosa Pérez es profesora hace 20 años, pero hace más tiempo que conoció la violencia. Ella, mujer montemariana, perdió muchos familiares en medio del conflicto armado que azotó su región sin ninguna piedad. Su esposo también es víctima, fue desplazado de un corregimiento de San Juan Nepomuceno (Bolívar), el municipio en el que viven. Ahí, en las mismas calles donde ella se mueve a diario, transitaron también los hombres y mujeres de las Farc y de los paramilitares, donde cometieron masacres. Ella lo vio, lo recuerda, pero piensa que ya es hora de que el dolor se transforme en otra cosa. Margarita decidió que esa otra cosa podía ser la música.

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En su escuela, la Institución Educativa Técnica en Sistemas La Floresta, un grupo de estudiantes la siguieron cuando, por motivación de un profesor visitante, decidió crear un grupo de enseñanza de gaitas. ¿Por qué la gaita? Porque la gaita es cultura ancestral, dice sin titubear.

Su colegio queda en la periferia del pueblo, cercana al Santuario de fauna y flora Los Colorados. Los más de 600 estudiantes de la institución están en condiciones de vulnerabilidad, pues son niños de escasos recursos, hijos de madres cabeza de familias, hijos de desplazados del conflicto o viven en familias de composiciones distintas: con una abuela, con una tía o hermanos. Esa escuela, su escuela hace dos décadas, la llamaba a pensar en la reconciliación.

El proyecto que tituló Construyendo espacios de paz y convivencia mediante la formación musical a través de la creación del grupo de gaitas, fue merecedor del tercer Premio Colombia2020, constructores de país en ambientes educativos, en la categoría Docentes. Con este reconocimiento ganó una beca para un diplomado sobre paz, ofrecido por la Universidad Javeriana.

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A pesar de que los recursos no son muchos, Margarita puso a andar su proyecto. “En San Juan tenemos mucho talento. Los chicos empezaron a practicar, pero además yo los oriento en la parte de valores, les hablo de la importancia de convivir y de respetarse”, dice. Además, señala, este espacio, que se da en jornada no escolar, es para ocupar el tiempo libre y para que no se apartaran de sus raíces.

Los chicos ensayan en la tarde, dos veces a la semana, durante una hora y hora y media, a veces un poco más. Hay un instructor que es pagado por el colegio, no se practica más veces porque la plata no alcanza. “Los entes gubernamentales han estado alejados de nosotros”, dice. En esa dinámica han avanzado, ya incluso han participado en festivales de gaitas. Pero el cambio más grande que ella ve no se puede medir de manera exacta.

“En nuestra región de los Montes de María hubo mucha violencia. Fuimos víctimas. Esas experiencias que viví me hicieron pensar que había que reconstruir ese tejido social y enseñarles a ellos el amor y el respeto hacia sí mismos. Lo que yo quiero que ellos sepan es que puede haber una paz, que podemos rescatar esos valores que hemos perdido, y convivir”, dice.

Y lo ha logrado. “Los chicos también han cambiado, sobre todo en la puntualidad. Ha sido difícil, porque muchos no tienen la parte paternal o maternal, uno vive solo con sus abuelos, otro vive con las hermanas, porque la mamá falleció y el papá no está. La parte de conducta en esta zona donde yo laboro es muy complicada, a veces no tenemos el apoyo de los padres de familia, pero yo tengo la esperanza de que ellos se van a ir formando y serán mejores seres humanos”.

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