En el Campamento por la Paz temen ser desalojados por el Esmad

Desde el viernes 18 de noviembre las personas que acampan en la Plaza de Bolívar de Bogotá temen que el Escuadrón Móvil Antidisturbios llegue a desinstalar las carpas. El mismo día hubo desencuentros con funcionarios de la Alcaldía.

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Cristian Garavito.

Desde la madrugada de este viernes 18 de noviembre en el Campamento por la Paz, ubicado en la Plaza de Bolívar de Bogotá, se respiraba tensión. A las 5 de la mañana llegaron unas personas a desmontar una carpa que Patricia Ariza había alquilado para ellos con el fin de amilanar un poco las inclemencias de la intemperie. Intentaron comunicarse con ella, pero les fue imposible debido a que la directora de teatro, que le ha dedicado gran parte de sus obras a las víctimas del conflicto, se encontraba viajando hacia Ecuador.  

Los rumores de que el Campamento se iba a levantar rondaban por varios medios de comunicación. La noche del jueves 17 de noviembre las personas que integran el Campamento se reunieron en la Asamblea, su espacio de decisión. Allí, luego de 4 horas de debate, se adelantó una votación que tuvo un resultado contundente: el 80% de los participantes votaron a favor de seguir acampando hasta que el gobierno y la guerrilla firmen un acuerdo definitivo.

La decisión, sin embargo, no fue unánime. Ocho de las 100 personas que componen el campamento decidieron levantar sus carpas. Katherine Miranda, la mujer que fundó la iniciativa, afirma “nosotros creemos que cumplimos nuestro objetivo. Tenemos que empezar a hacer pedagogía”. Además, agrega que varias personas aseguraron durante la Asamblea que no se levantarían porque estaban a la espera de que el Estado los apoyara con proyectos productivos y de vivienda. Colombia2020 habló con tres personas que desmienten esta versión. Iván Vargas, uno de los voceros del Campamento, asegura: “Me sorprende que haya personas que estén haciendo ese tipo de afirmaciones”.   

Los motivos que esgrimen quienes decidieron continuar acampando son otros. Isaac Valencia, una víctima del conflicto que hace parte del campamento, afirma que “estamos en un momento crucial en el cual el cese al fuego se está quebrantando”.  

A lo que se refiere Valencia es a la muerte de una guerrillera y un guerrillero a manos del Ejército en el  departamento de Bolívar, más exactamente en el municipio de Santa Rosa. Las dos personas que murieron pertenecían al  Frente 37 de las Farc. Sobre este hecho hay versiones encontradas, el negociador de la insurgencia Luis Antonio Lozada dijo que la versión del Ejército carece de validez, por lo que pidió que el  Mecanismo de Monitoreo y Verificación (integrado por la Organización  Naciones Unidas, delegados del Gobierno Nacional y de las Farc) aclare los hechos que rodearon la muerte de estas dos personas.  

La tensión siguió subiendo a medida que la mañana avanzaba. La entrada de periodistas al lugar se restringió, lo que generó choques con el personal de la empresa Open Group BTL que tenían un cerco alrededor de la Plaza de Bolívar porque en el lugar se desarrollará, este viernes y sábado, la décimo novena versión de Salsa al Parque. Varios periodistas reportaron haber sido agredidos. Luego de surtir las barreras, los comunicadores de varios medios entraron. Sobre los altercados, personas de la empresa de seguridad le aseguraron a Colombia2020 que esperarán a ver lo que dicen los medios de comunicación para pronunciarse oficialmente.   

Hacia medio día funcionarios de la Secretaría de Gobierno empezaron a retirar las vallas que rodeaban el Campamento. La oposición fue pacífica. Mientras un joven alto del piel trigueña tocaba la guitarra empezaron a cantar “hurra, hurra, hurra, la guerra es muy maluca. Oro, oro, oro la paz es un tesoro”. Las personas del campamento iban avanzando en círculo cantando al lado de quienes estaban subiendo las vallas a un camión.

A la 1 de la tarde, cuando el campamento se quedó sin vallas, la preocupación empezó a ser otra. Entre el Campamento se empezó a regar el rumor de que el Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad) estaba cerca de la zona y que solamente estaban esperando la orden para entrar a la Plaza de Bolívar a desalojarlos.

Mientras la ansiedad se apoderaba del lugar las personas que se quedaron acampando conocieron que se había publicado un comunicado de la Alcaldía en el cual se afirmaba que habían llegado al acuerdo de retirarse. La administración distrital citó un comunicado de prensa que dieron a conocer a la opinión pública nueve personas que decidieron retirarse del campamento el viernes 18 de noviembre.

Sin embargo, la posición mayoritaria de quienes completan 45 días acampando es otra. “Lo que nosotros le dijimos a la administración es que no nos íbamos a retirar, pero que aceptábamos reducir el área del campamento un 20%. Lo reducimos un 20% más de lo pactado”, afirma Martha Delgado, vocera del Campamento.

Hacia las 3 de la tarde el temor por una probable llegada del Esmad se redujo porque las personas que iban a Salsa al Parque empezaron a entrar, lo que interpretaron como una garantía de que un desalojo no tendría cabida. No obstante, el miedo no se ha ido del todo. Varias personas del Campamento temen que los desalojen en horas de la noche cuando los asistentes al evento de salsa se hayan ido de la Plaza de Bolívar.

Lo que tienen claro es que ante un escenario de desalojo no responderán con violencia. Isaac Valencia dice que tienen un plan en caso de desalojo  y, aunque se niega a revelarlo todo, dice: “si un compañero del Esmad viene a sacarnos a la fuerza nosotros lo vamos a recibir con una flor y con un abrazo”.   

A pesar de haberse negado a desalojar quienes siguen en el Campamento afirman que no es algo permanente. Dicen que lo que piden es que se les dé la certeza de que el acuerdo es definitivo, que se definan rutas para su implementación y que el cese al fuego se mantenga. Mientras eso se da hay 100 personas que siguen acampando justo entre el edificio del Congreso de la República, la Alcaldía Mayor de Bogotá, el Palacio de Justicia y la Catedral Primada de Bogotá exigiendo que la guerra sea sepultada.  Asevera el profesor Gustavo Moncayo: “Yo estoy dispuesto a colocar una sombrilla para quedarme aquí”.