El encuentro por la reconciliación de Pedro Santos y Tanja Nijmejier

Esta semana se sentaron a conversar este joven que nació en una familia de la élite social y política del país; esta guerrillera holandesa de las Farc; otros dos compañeros de fila y algunos representantes LGBTI. Hablaron de paz, violencia y diversidad. 

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Tanja Nijmejier, holandesa excombatiente de las Farc; Julián Suárez, exguerrillero fariano de origen campesino; Luisa, exguerrillera de las Farc y Pedro Santos, hijo de Francisco Santos.

Más que un encuentro improbable, fue un encuentro que hace apenas unos meses hubiera sido imposible. El lunes pasado, en un restaurante de Chapinero Alto, compartieron sofá dos exguerrilleras y un exguerrillero de las Farc, una representante del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), un representante de víctimas LGBTI y un joven que nació en una familia de la élite bogotana y que se hizo popular por un trino que destapó de manera abrupta sus preferencias sexuales, diferentes a las de la gran mayoría. A la escena se sumaron amigos y amigas de los panelistas, que quisieron acompañarles en esta experiencia, y un nutrido grupo de gays, lesbianas, “straights”, trans y heterosexuales: nuestra humanidad en toda su gloriosa y fecunda diversidad, según afirma la socióloga Beatriz Bejarano, testigo de este encuentro.

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Los temas a tratar: la comunidad LGTBI, el posacuerdo y la reconciliación. Pero no tardó en colarse un asunto transversal, doloroso y sombrío: la violencia sexual. Después de escuchar las palabras de todas las personas que intervinieron en este inusual encuentro, saltó a la vista claramente el hilo conductor que les unía: el deseo recóndito de que Colombia pueda vivir realmente en paz.

La reunión fue convocada por Rodeemos el Diálogo, grupo ciudadano que fomenta la “cultura de diálogo”, el arte de escucharnos, retroalimentarnos y reconocernos en la diferencia.  

Para Nancy Prada, (coordinadora del informe del Centro Nacional de Memoria Histórica "Aniquilar la diferencia: lesbianas, gays, bisexuales y transgeneristas en el marco del conflicto armado colombiano" del CNMH), es claro que la heterosexualidad obligada es uno de los intereses de la guerra, lo confirman las 1.800 víctimas de la comunidad LGTBI que, según se ha descubierto hasta el momento,  produjo el conflicto armado. Lo más crudo de su relato es el atropello que sufre la comunidad LGTBI: violencia simbólica, violencia sexual, batidas policiales, entre otras.

Una de las exguerrilleras presentes es Tanja Nijmejier, la misma mujer de origen europeo que captó la atención de los medios en los diálogos con las Farc de La Habana. Cuenta que lleva 15 años en las Farc y que ahora está en La Elvira (Cauca), participando en la reincorporación. Como parte de la subcomisión de género en las negociaciones, piensa que la violencia sexual es mucho más profunda de lo que se ve en la superficie y confesó que la reunión que más aprecia de las realizadas en La Habana fue la que sostuvo con la comunidad LGTBI, por la verdad expresada allí.

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Para Anyinson Julián Pantoja (defensor de los derechos LGBTI y representante de la Mesa Distrital de Participación Efectiva de Víctimas, entre 2013-2015) fue indignante el fenómeno de la llamada “ideología de género”, que finalmente logró arrastrar muchos votos por el No en el Plebiscito por la ignorancia de muchos líderes que enviaron estos mensajes a la opinión pública que, a su vez, permite la manipulación.

Pedro Santos, por su parte, frente a la politización de su vida privada, confiesa que nunca había hablado con un guerrillero, también que ahora califica como una tontería el trino que vulneró sus derechos obligándolo a salir del clóset, frente a todo lo que estaba pasando en ese momento. Asimismo, manifiesta su estupor frente a la opinión de los copartidarios de Francisco Santos, su padre, que decían que por ser gay no tenía derecho ni siquiera a formar una familia.

Julián Suárez, exguerrillero fariano de origen campesino, confesó abiertamente que la naturaleza de las Farc no es ajena a la sociedad colombiana y que por eso esta organización ha sido en ocasiones machista. Y Luisa Nariño, también exguerrillera, aunque no había tenido oportunidad de sentarse al lado de un miembro de la clase “dominante”, afirma que hoy siente que Pedro Santos es para ella, simplemente, un joven.

Posteriormente hubo un rico diálogo entre panelistas y asistentes, dolorosas experiencias de abuso en la guerra, marcadas violaciones a la libertad debido a experiencias “heteropatriarcales”.

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Y aquella noche quedó flotando en el ambiente una extraña e intensa sensación: fue conmovedor presenciar la sinceridad y el respeto entre estas personas que han participado en el conflicto de diversas maneras y que jamás habían compartido un sofá. También surgieron nuevas preguntas frente a la necesidad de integrar esta población a la nueva Colombia. O quizás, esta reunión ya sea un rasgo de la nueva Colombia.