El ejemplo del desminado humanitario de Azerbaiyán

Este país localizado en Asia Occidental lleva 17 años retirando de su territorio los artefactos explosivos que quedaron después de su guerra con Armenia. Ahora cuenta con una agencia que coordina los esfuerzos de educación en el riesgo y limpieza de municiones de áreas civiles y puede enseñarle mucho a Colombia.

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Azerbaiyán lleva más de 15 años desminado su territorio.
APC-Colombia.

 

¿Puede imaginar un desminado hecho con drones que sea más eficiente y menos riesgoso para las personas? Esa es una de las ideas que Azerbaiyán, un país de Asia Occidental, quiere implementar y una de las iniciativas exitosas que la Agencia Presidencial de Cooperación Internacional de Colombia (APC-Colombia) busca replicar en el país.

La experiencia de Azerbaiyán en materia de desmiando humanitario puede ayudar a Colombia a alcanzar su ambiciosa meta de librarse de toda sospecha de minas antes de 2021. Desde 1998, después de cuatro años de guerra con el vecino país de Armenia, Azerbaiyán ha estado desarrollando una estrategia de desminado y con ella ha tenido importantes experiencias. Por eso APC-Colombia quiere adelantar diferentes proyectos conjuntos con ese país para reforzar la capacitación de los técnicos en desminado humanitario e intercabiar material de educación en el riesgo para la sociedad civil afectada.

La Agencia Nacional de Azerbaiyán de Actividades Relativas a Minas (ANAMA, por sus siglas en inglés) puede ayudar a crear una agencia de desminado en Colombia ya que en este momento quien coordina los esfuerzos de educación en el riesgo y destrucción de material explosivo es la Dirección para la Acción Integral contra Minas Antipersonal (Daicma). Una agencia así ayudaría a mejorar las capacidades, conocimiento y tecnología de las cuatro organizaciones civiles que están a acreditadas (tres extranjeras y una nacional), así como la Armada y la Brigada de desminado del Ejército. Todos estos juntos suman más de 4.000 hombres y mujeres expertos en retirar y destruir explosivos.

El convenio también ayudaría a mejorar la tecnología que se usa en los campos afectados –implementando, por ejemplo, el uso de drones- para transformar el desminado tradicional en uno más moderno y seguro. 

Foto: APC

Las lecciones aprendidas de la guerra

En 1990, con el derrumbamiento de la Unión Soviética, Azerbaiyán recibió un duro golpe político porque los soviéticos eran la fuerza que impedía que sus conflictos interétnicos con Armenia escalaran. Después de la disulución, Rusia decidió respaldar a Armenia y los combates arreciaron. En 1992, inició una guerra entre Azerbaiyán y Armenia por la región autónoma de Nagorno Karajab. Duró dos años y aunque en 1994 las partes firmaron un alto al fuego, el conflicto aún sigue sin resolverse.

Cuando firmaron el acuerdo de alto al fuego muchas familias empezaron a retornar a sus territorios solo para encontrarse con miles de minas y municiones sin explotar, sobre todo en los territorios limítrofes con Armenia. “Cuando Azerbaiyán formaba parte de la Unión Soviética, el territorio de nuestro pueblo, Saloghlu, era un polígono militar con un enorme almacén de armas. Cuando se derrumbó la Unión Soviética, hicieron estallar el almacén intencionadamente para que el lado azerbaiyano no lo pudiera usar. El material explosivo se esparció por todo el pueblo. Mucha gente murió por explosiones de minas mientras pastoreaban su ganado. Además, algunas personas que necesitaban dinero recogían el metal y el aluminio de los proyectiles para venderlo y eso causó muchos accidentes”, explica Khaleddin Kerimov, habitante de Saloghlu, un pueblo azerbaiyano que queda en la zona limítrofe con Armenia.

Para solucionar el problema, en 1998 se creó la Agencia Nacional de Azerbaiyán de Actividades Relativas a Minas (ANAMA) pero el Gobierno no tenía los recursos ni la experiencia para empezar a desminar y cada mes había en promedio cinco víctimas. Se alió con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud) para crear el Programa Nacional de Acción Contra Minas. Expertos internacionales entrenaron al personal de la agencia según un modelo especial de la ONU.

Se realizó un estudio que arrojó unas dolorosas cifras: 970 zonas presuntamente peligrosas, 514.000 personas afectadas, 736 millones de metros cuadrados de terreno contaminado y más de 2.800 víctimas directas de minas terrestres, la mayoría hombres que cayeron en una mina mientras prestaban su servicio militar. Aunque la cantidad de víctimas es muy inferior a la de colombia (que ya suman más de 11.000), hay que tener en cuenta que Azerbaiyán tiene 9 millones de habitantes. Es decir, en proporción, esas 2.800 víctimas significaron una tragedia tan fuerte como la que vive Colombia hoy.

Con el tiempo, ANAMA consiguió el apoyo de más de 625 trabajadores entrenados según un modelo de la ONU, 37 perros y 6 máquinas que adelantan la labor del desminado humanitario. La Agencia coordina los proyectos de desminado desde su sede en Bakú, la capital del país. Además tiene tres centros de operaciones en diferentes ciudades y un Centro Regional de Capacitación. Contrató dos ONG nacionales para realizar las actividades de desminado. Aunque el programa se fundó con recursos de cooperación internacional, con el tiempo el Gobierno de Azerbaiyán asumió el 90% de la financiación de la iniciativa.

Foto: APC

En el 2000 también se alió con Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) para concientizar a los estudiantes en los colegios sobre el riesgo de material explosivo. Los líderes locales hacían seminarios y debates con los miembros de su comunidad para concientizarlos y al mismo tiempo levantar información sobre el grado de contaminación del terreno. Todas estas acciones llevaron a que el número de víctimas disminuyera, pasando de cinco víctimas mensuales en 2005 a una cada dos meses en 2011. Los menores de edad víctimas de este flagelo pasaron de ser 20 a cero al año.

“En el año 2000 ANAMA llegó al pueblo y empezó a trabajar con la gente y a avisarnos que no tocáramos objetos sospechosos. Comenzaron a trabajar con rapidez en los territorios. Como resultado de su trabajo pudimos vivir en paz y pastorear nuestro ganado. En los últimos años nadie ha resultado herido por artefactos explosivos en nuestro pueblo ni en los vecinos”, añade Khaleddin Kerimov.

Hoy ANAMA tiene una de las mayores capacidades de desminado del mundo y ha ayudado a países como Afganistán, Coracia, Georgia, Jordania y Turquía a crear y ejecutar sus planes de acción contra minas. A futuro, planea impulsar la aprobación de la Legislación de Acción Contraminas. Aunque el contenido del proyecto todavía no es público, sí se espera que continúe con las líneas de implementación del Programa de Acción Nacional Contra las Minas de Azerbaiyán. 

Colombia inicia una carrera contrarreloj para desminar el país antes de 2021, como lo estableció la convención de Ottawa. Para cumplir la ambiciosa meta tendrá que recibir todo el apoyo disponible ya que es el segundo país más minado del mundo y el primero en número de víctimas (con más de 11.000 afectados). Ayudas técnicas y financieras como las de ANAMA podrían proveer una parte importante del apoyo que el país necesita.