Día Mundial de los Refugiados

“El desplazamiento no es sólo un problema de las regiones”: representante de Acnur en Colombia

Martin Gottwald dice que en los acuerdos de paz entre el Gobierno y las Farc no se está teniendo en cuenta que la gran mayoría de los desplazados están en los cascos urbanos del país y que es allí donde se producen los nuevos conflictos.

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Martin Gottwald, representante del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) en Colombia.
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El Día Mundial de los Refugiados se celebra este lunes en medio de una crisis sin precedentes. Así lo indica el informe recién publicado por el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) sobre Tendencias Globales en materia de desplazamiento forzado, en el que Colombia comparte el podio con los países que presentan los casos más preocupantes. Martin Gottwald, representante (a.i) de Acnur en Colombia, dice que, de cara a la firma e implementación de los acuerdos de paz entre el Gobierno y las Farc, el Estado debe analizar su enfoque territorial y fortalecer su compromiso tanto con las víctimas que quieren regresar a sus tierras, como con las que desean integrarse a las ciudades.

-¿Qué nos dice este informe sobre la situación del desplazamiento en el mundo?

Actualmente, la cifra es de 65.3 millones de personas desplazadas. Eso es un horror. En 2015, cuando publicamos el informe con las cifras de 2014 (59.5 millones), dijimos que desde la Segunda Guerra Mundial no habíamos tenido un año con tanto desplazamiento. Lo que muestra el informe publicado este lunes es que en 2015 la situación empeoró. De los 65.3 millones de desplazados, unos 21.3 millones son refugiados, que salieron de su país en busca de protección internacional. Y 40.8 millones de personas quedaron como desplazados internos. Es decir que hay dos veces más desplazados internos que refugiados. Y hay 3,2 millones de personas en los países industrializados esperando decisiones sobre asilo.

-¿Dónde se ubica Colombia en este contexto?

Empecemos con los refugiados colombianos, es decir, los que salieron hacia otros países debido a persecución individualizada o situaciones de violencia generalizada. Tenemos 360 mil refugiados colombianos. Pero hay que leer esta cifra con cuidado porque, en países como Venezuela, tienen solamente 6 mil refugiados colombianos con estatus formal, pero sabemos muy bien que hay muchos más. Es muy posible que las cifras sean más elevadas.

-¿Y los desplazados internos?

Según las cifras del propio Gobierno colombiano, tenemos actualmente unos siete millones. Eso pone a Colombia en el primer lugar del mundo de los países con desplazados internos, incluso por delante de Siria, que tiene alrededro de 6.6 millones. Sin embargo, esto también hay que verlo con cuidado, porque la cifra de los siete millones es acumulada. Es el número de desplazados desde 1985, mientras que la cifra de los desplazados sirios es de los últimos cinco años. También hay que tomar en cuenta que de los siete millones de desplazados internos, hay unos que se fueron del país, otros murieron, otros consiguieron solución duradera. Es posible que la cifra sea más baja. Y hay que decir que se puede tener una cifra acumulada por el trabajo que ha hecho el Gobierno, porque tiene un sistema sofisticado que permite el registro de víctimas de desplazamiento forzado. En muchos países del mundo no tienen sistemas tan elaborados como en Colombia.

-Usted habla de soluciones duraderas como un tema central para la construcción de paz en Colombia. ¿A Qué se refiere?

Imaginemos una famillia en Buenaventura. La mujer recibe amenazas de grupos armados, así que se va con sus hijos a Cali a un barrio marginal, donde opera el mismo grupo que operaba en Buenaventura, entonces se va para el municipio de Soacha, al lado de Bogotá. Allá ocupa un lote ilegalmente, no tiene recursos, monta una casa provisional, tiene que hacer algo para conseguir dinero. Esta en Soacha y no está integrada, no tiene lote ni vivienda propia. Sus hijos no tienen acceso a la educación. Y está operando otro grupo armado en el barrio, que está cobrando extorsión. La familia está en la misma situación dramática humanitaria que en Buenaventura. Y eso podría durar varios años. La solución duradera es restablecer todos los derechos de la familia. Primero, la seguridad, para que no haya más grupos armados en esos barrios. Segundo, que tengan una vivienda adecuada. Eso empieza con la legalización del lote que está ocupando. Luego, los servicios públicos, que se establecen cuando el asentamiento pasa a la formalidad. Y luego, oportunidades para generar recursos de manera lícita. Cuando la madre restablece todos sus derechos humanos, ye no es desplazda interna, porque se ha integrado localmente en Soacha, ha conseguido una solución duradera.

-El ejemplo de Soacha es clave, porque aquí tendemos a pensar que el posconflicto es sólo en las regiones, pero hay un gran número de personas en las ciudades que no desean volver a las regiones…

La gran mayoría de desplazados están en los barrios marginales de las 27 ciudades más importantes de Colombia. Y muy pocos quieren regresar a las áreas rurales. Es paradójico, porque esos barrios marginales tienen problemas de seguridad, de circulación, vivienda, etc. Pero cuando uno habla con los desplazados internos, dicen que prefieren el barrio marginal del casco urbano comparado con la “comodidad” de la cual salieron corriendo a raíz del conflicto armado. Hay que tener en cuenta que en varias regiones rurales del país la violencia ha empeorado. En Chocó, por ejemplo, a lo largo de varios ríos están las Farc, el Eln, las Autodefensas Gaitanistas, y hay bombardeos aéreos. Si uno sale corriendo de allá, no creo que tenga el plan de regresar a las áreas rurales. Entonces, ¿cómo analizar el enfoque territorial que tiene el Gobierno?. Es muy importante que se desarrollen las áreas rurales, que se restablezca la presencia estatal y la autoridad. El conflicto se ha prolongado precisamente por la ausencia del Estado. Tiene mucho sentido restablecer eso, pero no en detrimento del enfoque en las ciudades, porque allá se están desarrollando los nuevos conflictos del país. Un poco al igual que Centroamérica, los barrios marginales se han convertido en lugares estratégicos de grupos ilegales para sus economías ilícitas, reclutamiento forzado de jóvenes, armamento, etc. Hay que complementar el enfoque rural con planes integrales en los cascos urbanos.

-¿Esto se tiene en cuenta en la mesa de negociación de La Habana?

Lamentablemente, no creo. Son los intereses políticos de las partes en negociación los que determinan los acuerdos. Temo que los desplazados internos ya no son tan prioritarios como en el pasado. La palabra víctima, en este sentido, podría ser incluso contraproductiva, porque si el 85% de las víctimas son desplazados internos, pero se utiliza el término víctima, entonces se olvida que la gente salió de su comunidad forzadamente y está esperando regresar o reintegrarse localmente. Hay que recordar eso. Cada vez más el Gobierno se abre a las víctimas en el exterior, los refugiados, porque se da cuenta de que son muchas personas que van a votar sobre el futuro. Si el Gobierno no reestablece el vínculo con ellos, los votos no van a ser los deseados. El Gobierno se está despertando, pero necesita despertar más, tanto con refugiados como con desplazados internos.

-¿De cara al posconflicto, qué derechos se les deben garantizar a los refugiados colombianos?

Un periodista colombiano recibe amenazas de muerte, tiene que salir del país, al cruzar la frontera se convierte en una persona de interes internacional. Tiene dererecho de pedir asilo, de no ser devuelto a su país y a sus derechos humanos. Si luego su país de origen, Colombia, quiere restablecer contacto, entramos en dificultades. Lo va a hacer a través de su aparato diplomático, pero no tiene siuficientes cónsules en todas partes. Además, muchas veces no siempre existe la confianza en el Estado, entre otras razones porque hay refugiados que salieron por persecución estatal o por parte de grupos que ellos vinculan con el Estado. La confianza es algo para reconstruir y eso es difícil. Por eso se crearon las organizaciones internacionales como Acnur, que tiene el mandato de proteger a estos refugiados de manera no política, por eso muchas veces se convierte en el puente entre el Estado y la persona, por eso se establecen mecanismos tripartitos para garantizar que se cumpla el derecho no sólo al retorno de los refugiados, sino a la integración local en el país de asilo o el resanetamiento en un tercer país.  

-En los acuerdos de La Habana se habla sobre todo del derecho al retorno…

El acuerdo de víctimas de La Habana habla únicamente sobre el retorno, hay que complementar esa retórica con las otras soluciones para los refugiados. Sería bueno seguir el ejemplo de Centroamérica, donde en los años 80 y 90 se organizó una conferencia en la cual se hablaba de resolver conflictos de manera integral, con intervenciones de desarrollo, comercio, protección de derechos humanos. Fue un diálogo regional entre los Gobiernos, no sólo del país de origen.

-¿Y qué pasa con los refugiados que llegan a Colombia?

De ellos se habla poco y eso es una inconsistencia que hay que corregir. Colombia ya no sólo es un país expulsor de población desplazada, sino receptor de población desplazada de la región y de otros continentes. Hay que mejorar el sistema de asilo que tiene Colombia. Si Colombia quiere mostrar a la comunidad internacional su compromiso con la protección de derechos humanos, tiene que mejorar sus procesos de recepción de solicitantes de asilo y el acceso a los procesos de reconocimiento de la condición de refugiados. Tomemos el ejemplo de Venezuela: cada vez entran a Colombia más desplazados de ese país en búsqueda de protección y están esperando una decisión. Eso no necesariamente es consistente con todos los buenos ejemplos que Colombia ha demostrado en cuanto a la protección de derechos humanos. El día mundial de refugiados es una oportunidad para demuestre que está dispuesto a recibir refugiados de otros países, incluso en situaciones de emergencia como es el caso de Venezuela. 

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