El desminado es un proceso en el que tenemos que tener paciencia: Raúl Ortiz

El coronel Ortiz fue elegido para hacerse cargo de limpiar los 688 municipios del país donde se han reportado accidentes.

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El coronel Raúl Ortiz desactivó su primera mina en Arauca.
El coronel Raúl Ortiz desactivó su primera mina en Arauca.
Gustavo Torrijos

La semana pasada el Gobierno oficializó al coronel Raúl Ortiz Pulido como el comandante de la nueva Brigada Permanente de Desminado Humanitario, la cual enfrentará esa difícil tarea una vez se firmen los acuerdos de paz con la guerrilla de las Farc.
El coronel habló con El Espectador sobre este nuevo grupo, uno de los consentidos del presidente Santos. Entre otros asuntos, el comandante comentó sobre las dificultades del plan piloto para desminar la vereda El Orejón, en Briceño (Antioquia), las proyecciones de la brigada a su cargo y su posición respecto a trabajar de la mano con exguerrilleros de las Farc.

¿Qué pasó con el plan piloto de desminado en El Orejón? ¿Por qué se han presentado nuevos incidentes?

El desminado es un proceso en el que tenemos que tener mucha paciencia. En la medida en que le damos confianza a la gente, ellos van denunciando más. La gente empieza dar información que amplía el espectro, lo que obviamente requiere ampliar las áreas de trabajo.

¿Qué están haciendo para responder a esta nueva información?

Estamos haciendo unos estudios no técnicos con equipos especializados para actualizar ese sistema de información. De tal manera que es muy probable que se sigan presentando más eventos (accidentes) y que tengamos que trabajar de una forma más coordinada con la Dirección para la Acción Integral contra Minas Antipersonal (Daicma).

Entonces, ¿para cuándo estaría libre de minas El Orejón?

Es algo muy complicado, porque los estudios no técnicos van delimitando las áreas, y cada área se puede atacar de una forma diferente. Hay algunas en las que tenemos que hacer mediciones de los patrones de percepción de seguridad, o, por ejemplo, que no haya presencia de bandas criminales ni de otros grupos al margen de la ley que generen la resiembra de estos artefactos. Dar un tiempo en este momento es riesgoso, porque las condiciones mismas del estudio no están determinadas.

¿Qué lugares siguen después de El Orejón?

Junto con la Daicma, ya estamos haciendo un estudio de todas las áreas estratégicas y donde hay sospecha de la presencia de minas antipersonal. Es un estudio que tiene en cuenta lo social, lo económico e incluso lo cultural, porque hay muchos sitios que están en áreas de reservas indígenas o, por ejemplo, hay otras que son parques naturales. Con esos estudios determinaremos la prioridad, que en este momento hemos establecido en 24 lugares.

Pero, ¿cuál sería la fecha para que esté listo ese consolidado definitivo?

Los 1.500 soldados que tenemos en este momento terminarán su formación en septiembre. Sus equipos de dotación llegarán en octubre, entonces yo creería que para octubre o noviembre podríamos determinar a ciencia cierta cuáles son los municipios en los que trabajará esta brigada.

Se refiere a los casos de campos minados en resguardos indígenas. ¿Han conversado con grupos indígenas para coordinar el desminado?

Allí se han hecho estudios para la recolección de la información, se ha promovido la prevención del riesgo y hemos conversado con las comunidades para determinar los eventos y priorizar. Es un proceso integrado que ya comenzó con el Daicma.

¿Ha habido alguna reticencia a la posible entrada del Ejército a estas comunidades?

Todo esto nace de las solicitudes de la gente. Las comunidades indígenas han denunciado la presencia de minas en sus territorios y, lógicamente, las condiciones son especiales y hay que entrar de forma coordinada con ellos para que se señalicen los eventos y se vayan atacando.

¿Por qué no integrar guerrilleros a esta brigada, tal como sucedió en el plan piloto de El Orejón?

Eso lo maneja directamente el Gobierno Nacional. Nosotros no tenemos ningún problema, porque nuestra prioridad es salvar vidas. Para nosotros es un beneficio que donde haya sospecha de minas, cualquier persona haga la denuncia sin importar si es un civil o un guerrillero. No tenemos ningún problema con seguir interactuando con guerrilleros. Pero, lógicamente, esos protocolos los establece directamente el Gobierno Nacional y nosotros los respetamos.

¿Qué países se han involucrado con el desminado humanitario en Colombia?

Hemos tenido la cercanía de España, Brasil, Inglaterra, Japón, Francia e Italia, que han traído su tecnología. También de Croacia y Camboya, que son países que por su propia historia de conflicto tienen mucho para aportarnos. Estados Unidos siempre ha dado su apoyo en la parte de doctrina y transferencia de tecnología. Y, claro, también nos da recursos. Con todos hay una comunicación permanente. Colombia se ha convertido en un líder regional en esto, desafortunadamente con el costo de la afectación para nuestros soldados y campesinos.

¿La brigada también se involucrará en el posdesminado?

Totalmente. Haremos parte de la acción entre agencias estatales que buscarán la reactivación de la economía en esos lugares marginados, que son una prioridad para el Ejército.

En un escenario de posconflicto, ¿es posible que los nuevos actores armados resiembren el país de minas?

Lo han venido haciendo. Ahora exactamente no podría asegurarlo, pues eso les compete directamente a los comandantes operacionales en cada una de las áreas, pero muy seguramente hay gente con esa mentalidad y por eso nosotros les haremos el seguimiento y la investigación necesarios.

¿Los grupos armados organizados o bacrim están sembrando minas?

Muy probablemente, porque mientras haya cultivos ilícitos y ese tipo de economías ilegales, van a recurrir a esta estrategia para que la Fuerza Pública no llegue a estos sitios recónditos. Y uno de los riesgos que calculamos es que protejan estos cultivos ilícitos con minas y artefactos explosivos. Las minas siempre serán una amenaza latente.